La dictadura de Raúl

04/07/2016
La dictadura de Raúl

Querido Raúl, después de cinco años mi ilusión está al mismo nivel que tu gestión, por los suelos.

Enhorabuena, Raúl. Lo has conseguido. Has logrado alcanzar lo que parece que ha sido tu obsesión desde el primer día. Has matado la ilusión del rayismo. Es cierto, tal vez no debería hablar por boca de nadie; en ese caso diré que has conseguido aniquilar la mía. Desde que tú llegaste, el Rayo se ha ido muriendo poco a poco. Enferma y abandonada, lo cual es más grave, la Franja, acompañada de su gente, su gente de verdad, ha buscado luchar y salir adelante, pero el yugo de tu dictadura del silencio ha sido más fuerte. Quizás dentro de unos años, cuando todo quede atrás, recordemos el verano de 2016 como los últimos días del rayismo. Y a ti como un vulgar asesino de ilusiones.

Lo has conseguido, sí, puedes estar contento. Tú. Y si hay alguien por encima de ti, también. Felicitaciones. Si algún día te levantas con ganas de sacar a la venta los abonos, me abonaré. Por supuesto. No he fallado nunca al Rayo y no lo pienso hacer ahora. Pero no es menos cierta una cosa: gracias a ti y a todo lo que te rodea, lo haré completamente desilusionado, sin ganas, con la sensación de asistir a un entierro, a una crónica de una muerte anunciada y no a una nueva temporada ilusionante. He de reconocer que, si no fuera por la familia, la consanguínea y la adquirida, probablemente todo hubiese terminado antes. Las dictaduras terminan por comer la moral del pueblo.

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Cuando apareciste por Vallekas y se empezó a ver de qué palo venías, pensé que no podría ser tan malo como parecía, que igual con un tiempo prudencial todo pasaba y empezaba a mejorar. Tuviste suerte: los resultados del equipo te acompañaron y te permitieron seguir matando al Rayo desde dentro. Pero hoy ya no, hoy no te siguen acompañando y todos esperamos que sea el fin de tus días. Pero, la verdad, y no es por desanimar a quien pueda leer esta carta, nada parece más lejos que tu marcha.

 

También pensaba que me acostumbraría. Se convertiría en normal verte representando a mi equipo, a mi vida, en el fondo a mí, y sentir vergüenza. La repetición convertiría en normal cada uno de los despropósitos de tu gestión, cada ridícula comparecencia, cada afrenta al rayismo de la calle. Pero no. Aunque la afición del Rayo tiene un aguante difícil de cuantificar, es imposible acostumbrarse a eso. Nadie que ame la Franja puede ver como normal el desmantelamiento de la estructura del club que, gracias a ti, está aconteciendo. Ni la risible política de comunicación en la que el único mensaje en días es un tweet para anunciar las hipotecas del banco patrocinador.

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No es que no se vea como algo normal, de hecho, sino que además suena a burla. No hay rayista que pueda estar en sintonía con tu falta de sensibilidad. O que comprenda tu vergonzante recorte de presupuesto al equipo más laureado de nuestra historia (sí, por si no lo sabes, Raúl, es el femenino, del que nos sentimos orgullosísimos). Enervan mucho tu pasividad y tu desprecio constante al hincha. Así es imposible. Por mucho que alguien lo intente, es difícil no recordar con cierto sonrojo tus absurdas declaraciones tras el final de temporada cuando todavía pesa en nuestras conciencias la vergüenza de haber sido testigos del horror de Anoeta.

Y sobre todo, cuando cada posible movimiento nos hace sospechar y duele aún más.Si sumamos todo, la realidad es que, en el año en el que, gracias a tus impresionantes cualidades para la expansión, hay dos franjas rojas, el rayismo está más bajo mínimos que nunca. Moribundo. Gracias, Raúl. Tus carencias se convierten en nuestra penitencia.

Siempre he pensado que el fútbol es, en el fondo, el reflejo del país en el que se juega. Por eso los brasileños juegan tan alegres, los alemanes tan organizados y los argentinos con tanta garra. Por eso el fútbol en España está tan corrupto y podrido. Enhorabuena también por eso, porque, aunque no lo creas, estás siendo partícipe junto a tus amiguitos Javier y compañía. Para despedirme, te diré una cosa: puede sonar duro, sí, pero quien esto firma cree que en el futuro, además de como el peor presidente de la historia de nuestro equipo, te recordaremos como un asesino, como el hombre que mató nuestra ilusión “interminable”. El jefe de la dictadura del absurdo. La oscura y triste figura que se encargó de aniquilar lo más importante que tiene el Rayo Vallecano: el rayismo. Gracias, otra vez, Raúl. Nunca, jamás lo olvidaremos.

Jesús Villaverde Sánchez