Poco o nada que celebrar

29/05/2017
Poco o nada que celebrar

El Rayo Vallecano sellaba su permanencia ayer otro año más en Segunda División en una pésima temporada de los nuestros.

Corrían las 17.50 horas aproximádamente del domingo cuando Embarba, en su vigésimoquinto intento de la tarde, convertía el gol del empate para el Rayo Vallecano. Un gol que a priori daba la permanencia al equipo otro año más en Segunda División y que fue celebrado por una gran parte del rayismo tuitero por todo lo alto. Los mismos, que minutos después se congratulaban de haber cumplido el objetivo de salvarnos.

Aunque algunos piensen lo contrario, la masa social rayista es mucho más amplia que un buen número de tarados con cuenta tuitera (entre los que me incluyo) y a buen seguro un número amplio de ésta también celebraban ese gol al más puro estilo Tamudazo y hoy comprarán el As y el Marca para leer el parrafo y medio dedicado al Rayo Vallecano, mientras se frotan los pezones pensando en que su Rayo, nuestro Rayo estará un año más en Segunda. No voy a dedicar mucho más tiempo a analizar este comportamiento y prometo hacerlo en otro artículo que posiblemente titule «El rayito y la paguita».

Si todo lo anterior fuese poco, minutos más tarde la brillante cuenta oficial de twitter del Rayo Vallecano nos anunciaba a bombo y platillo que estábamos salvados matemáticamente y daba la enhorabuena a los rayistas por tal ¿hazaña?

El «Rayito» es de Segunda

Llamadme raro por no unirme a esta explosión de alegría tuitera o no tuitera, pero sinceramente no veo ningún motivo de celebración. Tan solo me cabe dar la enhorabuena a Míchel y a su cuerpo técnico por haber tenido la valentía de afrontar esta aventura que era coger a un equipo hundido, por haber tenido el coraje de salvar de la quema a una plantilla de Regionall cuando pintaban bastos y la nobleza que solo un corazón franjirrojo podía poner en estas 16 jornadas al servicio de su franja.

Intento buscar una razón por la cual celebrar esta salvación y me vienen a la cabeza ramalazos de una temporada en la que por primera vez en 93 años de historia un entrenador y un jugador llegan a las manos, unos jugadores deciden cuándo y cómo vestir la franja o no, un director deportivo al que su presidente le elige qué entrenador debe dirigir al equipo y cuyos méritos a lo largo de la temporada son nulos, jugadores en el ocaso de sus carreras renovados a largo plazo (supongo que por aquello de si hay una segunda juventud o quizás para reforzar al Rayo de veteranos), canteranos que ven como su futuro en el club de sus amores está oscuro, por no decir negro, empleados mileuristas despedidos sin el más mínimo escrúpulo, una sección femenina cuyo rendimiento es inversamente proporcional al interés hacia la misma, etc.

Podría seguir hasta completar una lista de 1924 razones por las que no celebrar una pírrica salvación en Segunda, teniendo uno de los tres presupuestos más altos de la categoría, en el que el objetivo de la temporada era devolver al equipo al lugar del que nos fuimos, Anoetazo mediante, por culpa de muchos de los jugadores que este año han decidido cuando debían o querían correr en función del entrenador de turno anteponiendo sus egos a la institución que les paga cada mes.

Entre esas 1.924 razones para no celebrar nada está la más importante y es que a día de hoy el amo de este cortijo, antes llamado Agrupación Deportiva Rayo Vallecano, es Raúl Martín Presa y para desgracia de los que amamos la franja (incluso para los que no tienen twitter) nos lleva en un camino sin retorno, cuesta abajo y sin frenos.

Hoy no podía ser todo tan negativo y pesimista, había que buscar algo que realmente merezca la pena celebrar y siendo hoy 29 de mayo y cumpliendo nuestra Agrupación 93 años, celebremos este aniversario como se merece, porque ante semejante jaula de grillos en la que se ha convertido nuestro club, llegar con vida a cada 29 de mayo y cumplir un año más es un verdadero milagro.

Alberto Leva