El teatro de los sueños rotos

El teatro de los sueños rotos

El estadio de Vallecas cumple cuarenta años en un estado ruinoso, con el equipo descendido y en medio de una grave crisis institucional

Cuarenta años. Cifra redonda. Es el tiempo que tiene ya el Estadio de Vallecas desde su inauguración el cinco de junio de 1976. Mucho ha llovido desde entonces, pero son pocos los que recuerdan al Rayo Vallecano en una situación institucional tan grave y lamentable como la que vive en la actualidad.

Igual de lamentable que el estado del campo vallecano, abandonado a su suerte en medio de una batalla entre el club y la Comunidad de Madrid para ver quién es responsable de su remodelación. Entre tanto, se cae a cachos.

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La ruinosa situación del estadio podría servir como metáfora del terrible momento que vive el club. Y no sólo por el tema económico, -las operaciones se desconocen por la opacidad que ha dominado la gestión de Martín Presa desde que llegara al Rayo en 2011-, sino por algo mucho más profundo: la falta de ética con la que el presidente y sus adláteres han dirigido la nave rayista todo este tiempo.

Martín Presa no ha entendido –o no ha querido entender- que un club de fútbol como el Rayo Vallecano, con una idiosincrasia tan particular, no se puede dirigir de espaldas a la masa social.

Tampoco ha entendido que el rayismo es un sentimiento por encima de todo. Se lo han dicho por activa y por pasiva los socios y peñistas, pero el presidente ha preferido mirar para otro lado –para Oklahoma, por ejemplo- y la desconexión con los seguidores ha sido un hecho desde que ocupó el sillón presidencial. La crisis entre afición y directiva es palpable y notoria a día de hoy, aunque el mandatario no se da por aludido.

No sería la primera vez que alguien como Martín Presa, personaje poco ejemplar visto lo visto, se apropia del legado histórico y social de una institución deportiva para beneficio particular. Y además, todo hay que decirlo, con una insultante falta de respeto hacia la franja y lo que ésta representa, como ya hicieran en su día los Ruiz-Mateos.

El fútbol español está lleno de personajes que han utilizado los clubes para hacer y deshacer a su antojo: Jesús Gil en el Atlético de Madrid, Piterman en el Racing y el Alavés, Lopera en el Betis, Agapito Iglesias en el Zaragoza, o Eugenio Prieto en el Oviedo son sólo algunos ejemplos de dirigentes que han gestionado sus clubes de manera irregular y deshonesta, acabando en quiebra en muchos casos.

La figura de Martín Presa no es nueva y el tufillo es sospechoso. Los mandatarios antes citados han sido empresarios en busca de notoriedad y poder que sólo buscaban convertir sus clubes en refugios opacos de sus capitales. Y el perfil encaja en la figura del presidente rayista. Que nadie se llame a engaño pues, si la nave franjirroja se hunde definitivamente, víctima de las malas artes de un personaje gris y poco edificante y de su falta de ética para llevar a buen puerto un club con la historia y la solera del Rayo Vallecano.

Mientras tanto, el estadio se desmorona, igual que los sueños de miles de rayistas cuando vieron a su equipo descender esta temporada. Sueños rotos y mucha impotencia de ver al Rayo en manos de personas que anteponen sus intereses personales a la franja y su historia.

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Daniel Leguina