Un superhéroe que nunca dejó de madrugar

Un superhéroe que nunca dejó de madrugar

Pablo Infante quedará siempre en el recuerdo de los futboleros como el líder de la gesta del CD Mirandés. Un superhéroe sin capa que tocó el cielo con el equipo de su vida.

Hubo una temporada en la que un desconocido quedó por delante de Messi, Cristiano Ronaldo y todos los futbolistas de élite que se nos ocurran. Era un tipo desgarbado, calvo, con un aire a los futbolistas del pasado y cierto parecido en las maneras a Iván de la Peña. No llevaba el 9 ni el 10 a la espalda y no jugaba ni en el Manzanares, Valencia o Sevilla; lo hacía con el número 14 y representaba a Miranda de Ebro.

Muchas veces cuando un futbolero piensa en equipos modestos se le vienen a la cabeza esas inolvidables gestas de Copa. Una de ellas la protagonizó el Mirandés, equipo que visita Vallekas en la apertura liguera de este fin de semana, comandado entonces por su líder absoluto. Pablo Infante se desnudó como un futbolista de mucha clase, un desconocido con una visión de juego envidiable que movía a su antojo la sala de máquinas de un equipo rojillo histórico. Sus siete dianas le convirtieron en el máximo anotador del torneo.

Durante varias semanas, los telediarios deportivos se llenaron de reportajes sobre ese jugador burgalés que, por las mañanas, compaginaba su desempeño deportivo con la actividad bancaria. Porque el fútbol, muchas veces, no pone un plato de comida en la mesa, aunque muchos piensen lo contrario. Pablo Infante se ponía el traje por las mañanas y salía a la calle con su identidad real para, por las tardes, disfrazarse y descubrir su alter ego heroico. Como una especie de Batman castellano-leonés.

Cromo de Pablo Infante en el que aparece Rober Correa en su etapa rayista.

Todos recuerdan ese Mirandés de la temporada 2011/12. Y todos recordamos a Infante. Su participación en aquella Copa del Rey fue antológica, eliminando a tres clubes de Primera División para plantarse en semifinales y disputar un puesto en el partido definitivo nada menos que en la Catedral de San Mamés. En el camino habían dejado a Villarreal, Racing de Santander –equipo contra el que competirá este año en Segunda– y Espanyol, contra el que incluso se permitió una remontada de libro.

Pablo Infante culminaría su año dulce con un ascenso a la categoría de plata frente al Atlético Baleares –este año se repitió escenario y desenlace para los de Miranda– y podría jugar cuatro años en Segunda, dos con el Mirandés y dos con la Ponferradina, ya como profesional. Para ello tuvo que pedir una excedencia laboral en la sucursal bancaria; un ejemplo de que a Pablo nunca se le olvidó de dónde venía y que, cualquier día, podría tener que volver a madrugar.

A día de hoy, Pablo Infante vive alejado del fútbol y del deporte. En el año 2016 se retiró del fútbol y se lanzó a opositar. El estudio se le dio tan bien como los recortes y la distribución de juego, ya que fue el primero de la promoción y consiguió la plaza en la que hoy se desempeña como funcionario en el Ayuntamiento de Burgos. Seguro que cada fin de semana está pendiente de sus dos equipos, este año de vuelta en Segunda, con esa nostalgia del que ya colgó las botas, pero nunca termina de quitárselas del todo. Hubo un tiempo en el que en Miranda de Ebro los héroes no llevaron capa, sino la cabeza rapada y la rojilla con el número 14 a la espalda. Y no se llamaban Bruce ni Clark, sino algo tan tangible como Pablo.