Todos contentos y ninguno feliz

09/04/2017
Todos contentos y ninguno feliz

El Rayo empata en casa frente a un Tenerife rocoso.Los de Míchel consiguieron sobreponerse al gol de Amath e imponer su juego. El punto terminó sabiendo a poco.

Ni sí, ni no, sino todo lo contrario. Empate que sabe a poco o a mucho, según se mire, en Vallekas. El Rayo regresaba a su feudo tras la contundente victoria en Girona y volvía a tener enfrente a uno de los equipos más regulares de la campaña, el Tenerife de José Martí, que quería aprovechar el tropiezo del Cádiz para afianzar su tercera posición. Los locales, por su parte, buscaban seguir acumulando kilómetros en su huida hacia delante del incendio. Y aunque ninguno llegó a conseguir lo que buscaba, se podría decir que los dos lo hicieron.

Míchel diseñó una alineación que perfectamente podría haber ideado el mismo Jackson Pollock. Los jugadores franjirrojos parecían colocados en el lienzo mediante la técnica del salpicado. Las bajas de Amaya y Ebert dieron con Fran Beltrán, fuera de posición, en el costado izquierdo, Jordi Gómez y Trashorras en el doble pivote y Santi Comesaña en la posición de mediapunta. Un Rayo inédito, algo abstracto y complicadísimo de delinear.Y en esas, el Tenerife, que haciendo honores a su isla había entrado al partido como un volcán en erupción, aprovechó el desconcierto cuando la grada aún se estaba acicalando. Amath, que ya había avisado justo antes, pilló semidesnuda a la defensa vallecana y batió por bajo a Gazzaniga con un disparo cruzado. Los fantasmas llamaban a la puerta.

Pudo ampliar el Tenerife su ventaja en los siguientes compases del encuentro, con un Rayo totalmente desconcertado en el que nadie parecía ajustarse a su posición. Nadie excepto Fran Beltrán. Viéndole jugar por banda daba la sensación de que, de proponérselo, podría llegar a ser el primer futbolista en Marte: se adapta a todo. Juega al fútbol, le da igual dónde. Es más, probablemente, si jugase de portero seguiría acabando el partido con más kilómetros a la espalda que cualquier jugador de campo. Qué bárbaro. Sin embargo, su equipo no carburaba en el tramo inicial. El conjunto isleño conseguía presionar la salida de balón y no aumentó la cuenta porque la aplicación de la ley no lo permitió. Primero, con un gol anulado al mismo Amath, tras rematar en claro fuera de juego una buena combinación, y después, con la no indicación de un posible penalti de Ze Castro a Aaron.

Tardó en despertar el equipo de Vallecas, en concreto 23 minutos, pero en la primera ocasión clara Embarba recogió un mal despeje de Suso y batió con un gran remate cruzado al ex rayista Dani Hernández. El encuentro volvía a comenzar con las tablas en el marcador y esta vez sí era el Rayo el que, espoleado por la igualada, trataba de conducir el peligro hacia la portería del meta venezolano. Así terminaba la primera mitad, en la que el dominio se había repartido en dos mitades y en la que los dos primeros disparos con peligro a portería de sendos conjuntos habían subido al electrónico.

La segunda mitad comenzaba con las mismas trazas que su predecesora. Los visitantes avisaban por vía de Amath, cuyo despliegue físico fue un verdadero espectáculo, mientras que el Rayo se sacudía el miedo a base de cocinar posesiones más largas y buscar la portería de su rival mediante la combinación. No obstante, el Tenerife, y sobre todo su ariete senegalés, irrumpía en las inmediaciones de Gazzaniga como el Jack Torrance de El resplandor: amenazando y asustando al oponente en cada acometida. Así, la escuadra canaria pudo volver a ponerse por delante en el marcador con un disparo que atajó Gazzaniga sin demasiados problemas y con una posterior vaselina del atacante africano que consiguió repeler Galán sobre la línea cuando la grada chicharrera se preparaba ya para celebrar la ventaja.

A partir de entonces, el Rayo fue dueño y señor del centro del campo y, con ello, del partido. La avalancha venía por todos los costados, aunque era Embarba el que conseguía llevar algo más de intriga en sus arrancadas por la derecha. Mientras, el conjunto dirigido por Martí comenzaba a desplegar el denominado “otro fútbol”. Resultaría difícil contar las interrupciones provocadas por algún jugador visitante que se tiró al suelo. Todo con el beneplácito de un colegiado que dio la impresión de terminar algo superado por el contexto.Pese a ello, un remate de Javi Guerra fue escupido por la defensa tinerfeña justo antes de que un rebote sobre el cuerpo del delantero malagueño se marchase rozando el poste de la portería de Dani Hernández. Lo intentaba el Rayo con insistencia y, sin embargo, resopló cuando Amath (sí, el mismo, otra vez) se coló entre los centrales y remató por encima del larguero de Gazzaniga desde el área pequeña. Diez minutos restaban de duelo y los de Míchel decidieron sacudirse el susto volcando el campo hacia la meta rival. Fue entonces cuando llegaron las oportunidades más claras, las que hicieron que un punto frente a un rival tan potente como el canario pareciese poca renta. Javi Guerra no degustó un dulce servido por Embarba que hubiese sido el postre idóneo para el notable arreón rayista. Tampoco pudo mecerse en la red de Dani Hernández un disparo potente y lejano del extremo franjirrojo, que salió rozando el palo derecho. Inmediatamente después, el vinotinto se vistió de cancerbero de balonmano para despejar con el pie un centro envenenado de Rat cuando el balón enfilaba la línea de gol.

Fue la última tentativa de quebrar el marcador. El intercambio de golpes murió con justo reparto de premios según lo acontecido en el césped. Pudo ser más para los dos equipos, aunque no lo terminó siendo para ninguno. Todos terminaron contentos, pero ninguno plenamente feliz. El punto sirve a los canarios para continuar su escalada y fortalecerse en su tercera posición, mientras que a los rayistas les permite seguir fuera de los puestos de descenso y sumar su cuarto partido sin perder, en la que ya es la mejor racha de puntuación de todo el curso. No hay duda: el Rayo de Míchel ya se parece a lo que se esperaba de la franja en su regreso a Segunda. Queda mucho camino, sí, pero se atisba un método para recorrerlo.

Texto: Jesús Villaverde Sánchez