Ojalá, Rayo, ojalá

21/03/2015
Ojalá, Rayo, ojalá

Jesús Villaverde vuelve a acertar plenamente en sus reflexiones sobre las últimas medidas dictatoriales de la LFP.

Ojalá este artículo no tuviese que ser escrito. Pero, desgraciadamente, en la situación que vive el fútbol (en general) y nuestro equipo (en particular), lo creo necesario. Bukaneros ha anunciado que, ante el trato vejatorio dictado por las autoridades del fútbol y ejecutado con el beneplácito y los medios del club, se declara en huelga indefinida de animación. La medida se veía venir desde lejos. Además, como grupo, piden la solidaridad del resto de aficionados para que apoyen su decisión y durante el Rayo-Almería (el fin de semana del 18 de abril) se dejen las localidades del estadio vacías. Tras varios intentos de solucionar el conflicto, y ante la desidia del Rayo como institución desde la que no se defiende a su masa social, la única solución viable es decir BASTA. Lógico, normal, entendible y perfectamente legítimo. La dignidad permanece muy por encima del fútbol.

Desde aquí, en este humilde espacio opinativo, solo puedo acertar a apoyar incondicionalmente su lucha y su decisión, las cuales hago también mías, en cierto modo. Se ha dicho muchas veces, pero por desgracia es obvio que una más no vendrá mal. Estamos hartos de que se nos acose. ¿Por qué nadie tiene que controlar con qué bufanda, camiseta o color de vestuario entro en el estadio? ¿Es que nadie se da cuenta de que prohibir un bombo o una pancarta de animación es un atropello más propio del autoritarismo que de un supuesto país democrático (situando, claro, la democracia española entre múltiples y pronunciadas comillas)?

Ojalá Tebas no estuviese al frente de la Liga, destruyendo poco a poco los ambientes futboleros en favor de la predominancia de los que son afines a su ideología. Ojalá todos los medios de comunicación se dedicasen a buscar la verdad y a pisar el barro en lugar de embarrar desde sus poltronas a través del recurso fácil. Ojalá. Recuerdo una canción que solía escuchar hace ya unos cuantos años en la que los raperos Zenit, Arianna Pueblo y Frank T cantaban aquello que “solían soñar”. Yo suelo soñar con poder animar al Rayo sin tener que soportar las miradas por encima del hombro de nadie, las amenazas de otros tantos, ni el constante miedo a recibir una multa por mostrar mi pertenencia a la afición de un equipo (no olvidemos esto nunca, pues no es la pertenencia a una banda terrorista, criminal, ni nada parecido, aunque a veces lo parezca y algunos se empeñen en hacer el ridículo a costa de esa supuesta denominación). También me vienen a la memoria, al hilo del tema, los versos de la canción que Silvio Rodríguez le “regaló” al dictador Pinochet con el título que da nombre a esta columna. “Ojalá que la luna pueda salir sin ti, ojalá que la tierra no te bese los pasos”. ¿Qué tal la variación “ojalá que la Liga pueda seguir sin ti, ojalá nuestro Rayo no te bese los pasos”? Soñar es gratis, dicen, y más cuando hablamos de cosas tan trascendentes como la libertad.

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Ojalá en la jornada 32 todos los estadios luciesen vacíos. Ojalá ese fuera el primer paso de unas aficiones unidas, más allá de colores, en defensa de su derecho a animar y su dignidad como personas. Sería una buena forma de hacer que las directivas de los clubes se empezasen a dar cuenta del problema real y lo atajasen. Mucho me temo que no será así; la gente de este país no es precisamente un adalid de la solidaridad. Sin embargo, y llamadme romántico si así lo consideráis, uno siempre guarda esa esperanza desesperanzada en la gente que le rodea. Se quieren cargar el fútbol de siempre para terminar de instaurar su sucedáneo moderno. Y lo están consiguiendo, en nuestro caso, en parte, gracias a la pasividad y la docilidad de nuestra directiva. Bien, pues llegados a este punto, es el momento de no pasar más por el aro. Que cada cual haga lo que considere oportuno, por supuesto, pero yo ya me he cansado de pagar y que me quiten las ganas de disfrutar del espectáculo. Presa, tienes la pelota en tu tejado, y ya eres lo suficientemente mayorcito para saber qué hacer con ella. Ojalá no hubiésemos tenido que llegar a este punto. Ojalá, Rayo, ojalá.

 Jesús Villaverde

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