Pequeños actos de resistencia

05/03/2018
Pequeños actos de resistencia

El Rayo consigue un punto en Zorrilla (1-1) tras jugar durante casi media hora en inferioridad numérica. Los de Míchel mantienen la segunda plaza gracias a los resultados de sus perseguidores.

Pucela nunca fue una plaza fácil. La estadística lo demuestra: el Rayo no vence allí desde el 2001. Quizás consciente de ello, Alberto García, perro viejo en la categoría, ejercía como capitán y arengaba a los suyos, inmediatamente después del minuto de silencio guardado en memoria de Enrique Castro, “Quini”. Se medían en el José Zorilla los dos equipos más goleadores (49 tantos los locales frente a los 48 de la Franja) y también dos de los delanteros más en forma de Segunda (Mata, 23 goles, y Raúl de Tomás, 14 dianas), que curiosamente protagonizaban un duelo de ex en la tarde de ayer.

Comenzó tímido el encuentro, sin ninguno de los dos equipos asediando al rival. Nada de trombas. Primero había que conocerse y medirse las fuerzas. No tardó mucho el Rayo en mostrar sus armas. Una falta que Raúl de Tomás envió por debajo de la barrera salió cerca del palo defendido por Masip. Posteriormente, el guardameta catalán detuvo sin apuros un disparo raso tras una bicicleta en el área del ariete.

El partido tardaba en desperezarse y ninguno de los dos equipos se hacía con el protagonismo. Como siempre, los de Míchel buscaban el ataque con posesiones largas y control sobre el ritmo de juego. Mientras tanto, los vallisoletanos lanzaban balones aéreos a la espalda de la defensa y buscaban un juego mucho más directo con su punta Jaime Mata, que no atinó al remate en la primera que tuvo y disparó muy blandito en la siguiente. Había mucho mediocampismo, pero el partido no terminaba de romper. Los pocos intentos rayistas los desbarataba el conjunto pucelano con juego brusco al corte (un codazo de Borja Herrera, que vio la amarilla, fue la acción más clara).

Los locales buscaron la meta de Alberto en sendos disparos lejanos sin ápice de intriga. Pasada la media hora (36’) llegó la ocasión más clara del partido. Una de las mejores triangulaciones de la escuadra visitante culminó con un balón al centro del área. Consciente de la presencia de Raúl de Tomás, el Chocota Trejo, en principio el destinatario del pase, dejó pasar el balón con un buen gesto técnico, pero el delantero no acertó entre los tres palos tras recortar a Masip. La pelota se fue lamiendo el poste. Del otro palo salió rebotado, en la siguiente jugada (39’), el balón que acabaría en el gol anulado a Raúl de Tomás por fuera de juego. Por poco, pero lo era. Cuatro minutos más tarde (43’), al filo del intermedio, Velázquez recogía un balón suelto en el punto de penalti y disparaba rozando el larguero. Con estas tres ocasiones de peligro finalizaba una primera parte bastante plana y aburrida en cuanto a juego y ocasiones.

Nada tuvo que ver el inicio de la segunda mitad con lo visto hasta el momento. El Real Valladolid, que había estado desaparecido en la primera parte de la contienda, despertó y en su primer acercamiento el árbitro señaló como penalti un piscinazo de Óscar Plano tras una terrible pérdida de Baiano en la salida. Asusta lo “mal” que debe de estar Galán para, viendo el nivel, no aparecer ni siquiera en las convocatorias de Míchel. La jugada condicionó el duelo. No por la pena máxima en sí misma, sino por la absurda y justa tarjeta amarilla que vio Emiliano Velázquez por protestar la acción. Mata no falló desde los once metros, engañando a Alberto García por su escuadra izquierda en una gran ejecución.

No se arrugaron los franjirrojos, que en la jugada posterior al tanto pucelano pusieron a prueba a Masip. El meta respondió con una gran intervención al testarazo de Raúl de Tomás y envió a córner. En ese saque de esquina, Velázquez pudo elevar el empate con otro cabezazo en boca de gol que se marchó alto. Tras el gol del Valladolid, Míchel quiso mover ficha y retiró del verde a un Comesaña que continúa muy desapercibido para dar entrada a Armenteros (51’). Solo llevaba tres minutos el argentino en el césped cuando el árbitro compensó el penalti inexistente con el que se había adelantado el equipo de Sampedro con otro penal que no era. Raúl de Tomás llevó las tablas al marcador de un gélido José Zorrilla y, pese a algunos pitos recibidos durante la primera mitad, se ahorró la celebración ante la que fue su hinchada el curso pasado.

Con el marcador nuevamente equilibrado, el partido volvió a esa zona de tanteo y quizás excesivo respeto al contrincante. Se marcaban los golpes, pero lejos de asestarlos. Lo más cerca que estuvo de moverse el electrónico en esos minutos fueron dos ocasiones. Una en cada portería. Primero el madrileño Óscar Plano, que culminó un gran pase en profundidad con un disparo raso al lateral de la red. Más tarde, Unai López respondió tras otro buen pase al hueco de Armenteros, aunque Masip se hizo grande y consiguió tapar bien su arco. Aquellos dos acercamientos eran el preludio del final de las aspiraciones vallecanas de victoria.

En el minuto 69, el uruguayo Velázquez iba a volver a dejar a su equipo con uno menos (ya lo hizo frente al Oviedo al propinar un manotazo a Linares). La evidente falta con la que cortó el prometedor contragolpe blanquivioleta le valió su segunda tarjeta y en esa doble amarilla se terminaron las opciones visitantes. Visiblemente enfadado con su defensor, Míchel le recriminó, sobre todo, la imperdonable primera amarilla por protestar. El enfado del míster todavía duraba en rueda de prensa.

La acción condicionó lo que quedaba de juego, ya que el Rayo tuvo que guardarse más y no pudo ofrecer su versión más ofensiva. El entrenador vallecano retiró a Trejo para dar entrada a Antonio Amaya y cubrir el hueco que había quedado en la retaguardia franjirroja y, a diez minutos de los 90, insufló oxígeno a la medular con el cambio de Elustondo por un machacado Unai López. No volvió a disparar más el Rayo, que en cambio sí consiguió llevar algo de intriga en alguna salida hasta línea de fondo en la que no acompañaron los pases finales de Armenteros y Embarba. Tampoco hizo valer su superioridad el Real Valladolid, cuya ocasión más clara llegó, con el tiempo casi cumplido, de un rebote de Mata en boca de gol. Más allá, la experiencia de Alberto García, jugando a la perfección ese “otro fútbol”, y la solidez rayista sirvieron para resistir y amarrar un punto difícil que terminaron por dorar el resto de resultados de la jornada (de entre los seis primeros solo ganó el Sporting de Gijón). El Rayo continúa su racha de imbatibilidad (no pierde desde hace ocho partidos) y ya se ha quitado otra salida complicada. La próxima llevará al equipo hasta Almería para terminar la gira y tratar de mantenerse en la zona noble. La Franja sigue acumulando kilómetros en la carrera de fondo. Prima la resistencia. Y quién sabe cómo acabará la temporada, pero Vallekas es un buen enclave para resistir.

Jesús Villaverde Sánchez