El Rayo B cae goleado en su duelo ante el CD Leganés B
El CD Leganés B se llevó el duelo de filiales disputado en la Instalación Deportiva Butarque, en un partido que fue bastante más igualado que lo que el marcador final señala.
Con cerca de 40 grados y un sol de los que picaba de verdad, había que tener valor, gustarte mucho el fútbol o estar un poco loco para estar ayer en Leganés a las cinco de la tarde para ver un partido del grupo séptimo de Tercera RFEF. En mi caso, puede que sea una mezcla de esos tres ingredientes anteriormente citados. Matagigantes ha estado presente bajo verdaderos diluvios y lo ha estado en días en los que podrías freír un huevo frito en el capó del coche. Si no nos arredran los censuradores de Rayo Vallecano de Madrid, no lo van a hacer las condiciones climatológicas. Lo sencillo sería quedarse en casa y abandonar al equipo a su suerte, pero de eso ya se encarga su propio club y, por el momento, seguiremos al pie del cañón. Visto lo visto, si siempre lo han necesitado, lo de esta temporada se antoja más necesario que nunca. Sin ánimo de jugar a ser adivino, el año que le espera a este equipo va a ser de aúpa en todos los aspectos.
Volviendo a lo acontecido ayer en Butarque, el filial rayista salía con un once inicial con Beto Plaza (lateral derecho) jugando de lateral izquierdo y Siba (defensa central) haciéndolo de lateral derecho. Lo de Beto es algo que ya ocurrió en las dos jornadas anteriores. En esta ocasión, Jorge Vallejo no contaba con Marco de las Sías, convocado por Beñat San José con el primer equipo y gozando de cero minutos en Pamplona. Algún día habrá que abrir ese melón de debilitar al filial para no dar un solo minuto a los chicos que van con el primer equipo. De hecho, a ese melón añadiría el de la dinámica de primer equipo a lo largo de la semana. ¿Hasta qué punto puede ser bueno para las cabezas? Pero, lo dicho, esos serán melones más propios de abrir en mi columna de Los lunes al sol, que en la crónica de lo sucedido entre filiales. Con las bajas de Hugo Castaño e Iván Alonso, en las bandas jugaron Becerra y Mauro, dejando el ataque para el mago Ayman y Rami actuando de nueve. En principio, un once de garantías.
El CD Leganés tardó solo 8 minutos en hacer daño al Rayo B en una jugada a balón parado. Ninguna novedad, puesto que ya frente al Cala Pozuelo le penalizó al equipo este tipo de jugadas. Corner botado desde el costado derecho del ataque pepinero, que va perfectamente al corazón del área donde se elevó perfectamente Carlos Muñoz cabeceando lejos del alcance de Adrián Molina. Por primera vez en la temporada, el filial comenzaba el partido abajo y era toda una incógnita cuál sería la reacción del equipo. Lejos de venirse abajo, los de Vallejo quisieron tener el balón y la posesión fue rayista, pero sin claridad a la hora de llegar a tres cuartos de campo y llevar peligro a una portería pepinera en la que Nico Lozano fue un mero espectador hasta el minuto 20. Sería entonces cuando Becerra con un disparo raso y lejano probaba al portero local, que metía bien la mano abajo para desviar a corner. El propia Becerra iba a asociarse con Rami diez minutos más tarde y fruto de esta jugada llegaría el corner que dio el empate al Rayo B. Ayman, habitual sacador desde la esquina, ponía un balón corto que remataba de cabeza Siba adelantándose a su marca, cogiendo el balón dirección a portería y casi bajo palos surgiría la figura espigada de Revu para remachar lo que iba a ser el empate a la media hora de juego.

El gol del Rayo B hizo espabilar a un Leganés B que desde el 1-0 se había dedicado a dormitar y contener las subidas por banda derecha de Mauro o las arrancadas de Ayman desde la media punta. El filial pepinero recuperó el mando del juego en el ultimo tercio de la primera mitad, pero todo apuntaba a llegar al descanso con tablas en el marcador. Situación que a ambos equipos no parecía incomodar. Pero todo se puede ir al garete en apenas un par de minutos, fruto de un cortocircuito en la cabeza de Sergio Lozano. El central rayista estaba firmando un partido bastante discreto, costándole contrarrestar las embestidas de la delantera pepinera. En el minuto 44 vio la cartulina amarilla por agarrar y derribar a un contrario, momento en el que todos aguardábamos un alargue de tres minutos por los dos goles y la pausa de hidratación. A priori, en esta prolongación no tendría que haber sucedido nada en absoluto y ese era el guión esperado. Pasado ya el minuto 45, en un ataque local en el que el balón se iba a ir por linea de fondo a favor del Rayo Vallecano, llegó la jugada que marcó el devenir del partido. Lozano iba al suelo y derribaba a un jugador del Leganés B, en una falta tan clara como absurda e innecesaria. El colegiado no lo dudó y mostró al central rayista la segunda tarjeta amarilla, sacándole del partido físicamente (mentalmente llevaba ya unos minutos fuera del mismo). Además, en el transcurso de la jugada había quedado lesionado Ayman, que tuvo que ser atendido. De un plumazo, el filial franjirrojo se veía obligado a defender la última jugada de la primera parte con nueve futbolistas.
Momento para que apareciese Murphy. Este no era el nombre de ningún jugador de Leganés o Rayo, es el que da nombre a esa famosa ley que dice que si algo puede salir mal, saldrá mal. Efectivamente, en el lanzamiento de la falta, tras una jugada de estrategia, Siame conseguía hacer el 2-1 con el que nos iríamos al descanso.
Tocaba recomponer al equipo de cara a la segunda mitad y Vallejo daba entrada a Hamza por Yahya para disputar la segunda mitad. De esta manera, Mauro iba al lateral izquierdo, Beto recuperaba su lateral derecho y Siba pasaba al centro de la defensa, dejando Rami a Hamza el puesto de nueve, para jugar por banda el primero. En principio, esta recomposición obligada dejaba un equipo con más lógica y coherencia que el que inició el choque.
La segunda parte arrancó igual que la primera, con el Leganés B mandando y pudiendo sentenciar a los 10 minutos si Jorge Martínez hubiese acertado a batir a Adrián. Cámara, omnipresente en el centro del campo local filtró un balón en profundidad para que Jorge Martínez tratará de batir a un Adrián Molina bien colocado que sacó sus manoplas para repeler el disparo del jugador pepinero y evitar que el Leganés B se marchará en el marcador. Si clara fue esta ocasión, aún más fue la que tuvo Carlos Sánchez, que recibió un servicio medido para que ganara la espalda a Revu con una facilidad pasmosa, pero con todo a favor y Adrián saliendo a la desesperada, cruzó en exceso su disparo y dio un balón de oxígeno importante al Rayo.
Por parte del Rayo B, salvo un disparo lejano de un Ayman bastante desesperado, poco bagaje en ataque pudimos observar. Los minutos avanzaban y Vallejo quiso poner toda la carne en el asador metiendo a Baldo, Maní y Esco, dejando ya en defensa una línea de tres. Cambio a la desesperada en el minuto 79, que estuvo a punto de dar sus frutos apenas tres minutos después. Marco Román, cuya figura fue creciendo con el paso de los minutos en la segunda parte, iba a poner un gran centro de zurda al corazón del área, rematando de primeras Baldo muy cerca del palo derecho de la portería pepinera. Del posible empate a dos pasamos al 3-1 en un abrir y cerrar de ojos. Ataque bien elaborado del Leganés B, que culminaría a placer desde dentro del área Mulumba que había ingresado al partido unos minutos antes.
El filial rayista asumió riesgos y en esta ocasión la moneda cayó cruz. Y aún así, los nuestros se negaban a bajar los brazos y Beto Plaza cabeceó picado un gran balón servido por Íñigo, que le dió aire a la banda izquierda desde su entrada al partido.

Tal y como sucediera en el 3-1, pasamos de lo que pudo ser el 3-2 al 4-1 definitivo, obra de Álvaro Moreno. Este fue el último croché a la mandíbula del Rayo, pero lejos de tirar la toalla, Hamza de cabeza pudo hacer el 4-2 ya en el descuento, salvando el gol en la misma linea un defensor local. Tal vez, el hecho de no bajar los brazos y la capacidad del equipo para no rendirse sea la lectura más positiva del choque. Además, otra grata sorpresa ha sido el hecho de ver a jugadores trabajando incansablemente en defensa y ataque, haciendo un esfuerzo físico importante.
El resumen es, en líneas generales, el de un equipo con una muy buena base, pero una plantilla corta con ciertas carencias en determinados puestos, que le puede penalizar a lo largo de la temporada. Espero y deseo que, jugadores que ahora mismo están muy alejados de su mejor versión, vayan recuperando sensaciones y sean importantes porque el equipo los necesita.
El próximo domingo, un filial que ocupa puestos de descenso, recibe al Galapagar que está en puestos de playoff de ascenso con 5 puntos (1 victoria y 2 empates) y que vendrá con ganas de revancha del playoff perdido hace dos temporadas frente al filial rayista.
















