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En la orilla

En la orilla

El Rayo finaliza la temporada con una remontada ante el Alavés en Mendizorrotza (1-2). Pese a la victoria, el conjunto vallecano no pudo alcanzar Europa por vía liguera, pero ya pone su periscopio en la final de este miércoles en Leipzig ante el Crystal Palace.

No hay nada peor que no depender de tu trabajo para alcanzar el éxito. En esa tesitura llegaba el Rayo al final de temporada tras una carrera de fondo en la que ha aguantado, de forma admirable, los últimos kilómetros. Quedaba la última recta y el Rayo empezó la primera parte con la inercia del que sabe que tiene el trabajo hecho y que tiene en el horizonte un fin de fiesta idílico. Con muchos cambios, Íñigo Pérez quiso dar descanso a los que más minutos acumulan en las piernas, como Lejeune o Pathé Ciss, y minutos a los que los necesitaban para coger ritmo de cara a lo del miércoles. Y, como siempre que se han hecho cambios masivos en el once, se notó.

Menos de quince minutos necesitó el Alavés para batir a Dani Cárdenas por medio del gran delantero babazorro Toni Martínez. El ariete recogió un rebote y se aprovechó de la nula capacidad de marcaje de Mendy para rematar casi en línea de gol y poner el 1-0 en el electrónica de Mendizorrotza. Un par de minutos antes lo había intentado, en la otra portería, el ex alavesista Carlos Martín, que minutos después saldría sustituido, entre lágrimas, por lesión. El propio Toni Martínez estuvo a punto de doblar la ventaja con un potentísimo lanzamiento desde más allá de tres cuartos que obligó a Dani Cárdenas a una intervención meritoria. No estaba el Rayo y el partido era por completo del Alavés, que controlaba el marcador y el juego con una buena puesta en escena de Guridi y una sobreexcitación excesiva y bastante sucia de un Pablo Ibáñez bastante más limitado en el fútbol que en su ímpetu y agresividad.

Solo intentó el Rayo la igualada hacia el final de la segunda mitad con dos disparos de Gumbau. El primero, de libre directo, cogió una preciosa comba y rozó la escuadra de Sivera. El segundo, más centrado y desde la frontal del área, salió desviado a la izquierda del arquero babazorro. Con las dos acciones del mediocentro, en busca de gol, terminó la primera mitad y se marcharon los dos equipos al túnel de vestuarios.

Tras la reanudación, el Alavés gozó de la ocasión más clara del encuentro para poner el 2-0. Lo impidieron Dani Cárdenas, con dos intervenciones de muchísimo mérito, y el poste, que repelió el disparo a bocajarro de Toni Martínez. Quizás esa fue la chispa que desató el incendio. Íñigo Pérez buscó soluciones en el banquillo para, además, darle algo de ritmo a los jugadores antes de la final del miércoles. Entraron Pathé Ciss y Alemão y, junto al desempeño de un Camello que sigue excelso en cada uno de sus ratos sobre el césped, el Rayo comenzó a ser el equipo al que nos acostumbra últimamente. El primer intento serio fue del Capitán Brasil, pero su tiro lejano no cogió portería. Posteriormente, el otro jugador que había entrado, Pathé Ciss, remató a las manos de Sivera un envío fantástico de Balliu. Y en la siguiente jugada, el propio jugador senegalés se inventó un pase de tiralíneas desde su campo para que ‘Il Divino’ Camello la pinchase con un toque delicioso y se atreviese con una exquisita vaselina para derribar el muro babazorro y poner las tablas en el marcador. Golazo de un tipo que está en estado de gracia. En ese momento del partido ya solo el Rayo estaba sobre el campo de Mendizorrotza. El Alavés parecía con la pila bajo mínimos. Nteka pudo dar la vuelta al marcador, pero su remate se fue, blandito, a las manos de Sivera. Sin embargo, el delantero sí que acertó cuando el reloj ya agonizaba. Nuevamente, una jugada de genio de Sergio Camello, que terminó cediendo el balón para un Nteka en posición franca de gol. No lo desperdició el delantero para volver a darle al Rayo otros tres puntos, como ya hiciese jornadas atrás.

El Rayo terminó la temporada con una meritoria victoria en un partido en el que dio dos caras, una en cada parte. Para morir en la orilla en cuanto a la clasificación europea por vía liguera, sí, ya que el Getafe hizo sus deberes y venció a Osasuna. Sin embargo, más allá de esa pequeña decepción, el Rayo venció para coger vuelo, para refrendar el maravilloso cierre de campaña y para finiquitar la temporada con algo más que dignidad. Con valentía, coraje y nobleza. De hecho, para ser exactos, podemos decir que no. No murió en la orilla el conjunto vallecano, sino que desembarcó para coger aire, cambiar de embarcación y emprender un nuevo viaje hacia otro desembarco. Se aproxima el Día D, el desembarco en Leipzig. Allí sí que terminará una temporada histórica y todos esperamos que la victoria nos de el primer título de nuestra historia y una nueva clasificación europea de la franjirroja.