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Fin de trayecto: Leipzig

25/05/2026
Fin de trayecto: Leipzig

Estamos a menos de 2 días de cumplir el sueño que cualquier rayista tuvo alguna vez

Lunes. 3 y media de la madrugada. La kunda de Matagigantes inicia el viaje. Recojo a Alberto y a Miguelito, tras subir la Albufera y pasar por el Estadio. Ahora sí que, por esta temporada, no va más.

Leo y escucho sobre los nervios que embargan al rayismo. Mis nervios debieron quedarse en las gradas de Atenas cuando tras el 3-0, el speaker inicio el «este Rayo nunca se rinde» (gracias, Diego, por tantas y por tanto en esta década).

Ese cántico recargó las baterías de una afición que no había cejado de romperse la voz y enchufó a un equipo que se había desconectado con el 1-0 del minuto 13.

Minutos después llego el gol de Isi que certificó que el sueño continuaba y que nos llevó a confirmar los billetes de avión prereservados hacia Estrasburgo. Después de tocar el Olimpo, la semifinal fue una balsa de aceite que sólo rompió la hora larga de espera que nos encasquetaron para acceder al estadio. Ahí los nervios, que los hubo, no fueron por el resultado sino de rabia.

Ni siquiera me generó nervios el no tener entradas aseguradas hasta después de llegar a Alsacia. A la hora de comer, nuestros «ángeles de la guarda» habían cumplido la palabra dada. Nunca se duda de quienes siempre están en las buenas y en las malas.

Comenzaba la carrera para conseguir el viaje a nuestra Ítaca y que la relación precio/comodidad fuera la mejor posible. El alojamiento no era problema. Una noche de finales de octubre lo reservé con el colchón de la cancelación gratuita, pero con el convencimiento de que pasearíamos por Leipzig camino de su estadio.

Escribo estás líneas desde un avión con el amanecer en el horizonte. No hay nervios. No puede haberlos cuando viajas con la seguridad de que hay un equipo que se va a dejar todo en el campo y de una afición que hará lo mismo en la grada o en el lugar donde toque ver la Final.

Lo demás, fútbol. El cara o cruz de la primera Final que juega la Franja en vísperas de cumplir 102 años desde que la familia Priego sembró la semilla de la que brotó esta bendita locura.

Ya hemos hecho Historia. Sólo queda, sin voz pero cantando con el corazón, ver a Trejo levantar el Paragüero luciendo el brazalete de Capitán del Santa Inés… e ir preparando los bolsillos y los cuadrantes laborales para seguir paseando Vallekas y la Franja por Europa la próxima temporada.

Si saliera cruz, sólo queda dar gracias a quienes en el vestuario y en el césped han honrado la Franja con Valentía, Coraje y Nobleza. Sólo darnos las gracias como afición, porque a pesar de quien nos desprecia, por no haber dejado solo al Puto Rayo en esta travesía.

¡La vida pirata es la vida mejor!

(Aviso a navegantes: los vetos no van a impedir que la disfrutemos.)

Texto: Luis Miguel Redondo