Yo soñaba que jugabas en Europa y ese sueño se cumplió
Hace una semana…nuestros cuerpos y voces construían un muro en el fondo norte y sus corners del Zentralstadion de Leipzig. Un muro franjirrojo que era el compendio de todos aquellos que hemos formado en cada campo en los que hemos estado presentes. La suma de quienes fueron, de los que somos y los que serán. Un muro que representaba la bendita locura que un día cualquiera nos cruzó en forma de Franja nuestro corazón.
Un muro que tenía réplica en el puzzle que se construía a esa misma hora en el barrio. Miles de personas hacían de Vallekas una fiesta en el Estadio, en sus calles, en sus bares y en sus casas. Lugares de cualquier lugar del mundo pues Vallekas está en cada rincón del universo donde está quién siente la Franja y el barrio como su hogar. No podían estar en Leipzig, pero no iban a dejar solo a su Rayo y a quienes formábamos el muro.
Personas que nunca olvidaremos que hicimos cada minuto de ese 27 de mayo, de los días previos y de los posteriores. Sabíamos que más allá del resultado era nuestra primera Final y quedaría grabada en nuestra memoria y en nuestra piel. Emociones y recuerdos que recorrerán nuestro cuerpo y nuestra mente mientras existamos, en lo individual y en lo colectivo.
En el terreno de juego y en las gradas se iba a disputar un partido desigual en lo económico y en lo numérico. Nos multiplicaban en presupuesto y en número de voces, pero no nos superaban en orgullo. Ni a los jugadores ni a la afición. Alzamos fuerte la voz hasta que sólo se escuchó aquello y nuestras bufandas volaron al viento.

Era nuestro momento para demostrarlo y lo hicimos durante cada segundo de esa Final que empezamos hace un año clasificando para disputar la Conference League. Ese camino y esa conjura de equipo y afición que hizo realidad un sueño y lo convirtió en recuerdo perenne. Ese desplazamiento masivo de la afición rayista a una final, que Iñigo Pérez dijo una tarde de diciembre, que sería el mejor regalo que podrían ofrecernos como equipo.
Ese círculo que se cerró esa noche en la que no conocimos mayor victoria que con la Franja en la derrota. Una noche en la que demostramos que las finales se pueden perder mientras el orgullo se mantiene intacto. Acoger al equipo, dolorido por la derrota, entre nuestras voces en un abrazo colectivo fue nuestra forma de demostrar al mundo los valores de la Franja y de Vallekas.

Un año que será el año de nuestras vidas hasta que llegue ese momento en que la bendita locura de la Agrupación vuelva a conjurarse. Un año que no olvidaremos porque trabajaremos cada día para que sea el siguiente como lo llevamos haciendo nuestros 102 años de historia.
Si un día dejamos de creer, habrá un amor que nos lleve al barrio donde todo comenzó un día cualquiera.
Luis Miguel Redondo





