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Óscar I de Vallecas

Óscar I de Vallecas

Trejo anunció su retirada del Rayo en Instagram. El eterno capitán abandona el club de su vida tras jugar 332 partidos, anotar 45 goles y regalar 26 asistencias. Chocota deja un legado indeleble en clave franjirroja.

He pensado infinidad de veces en lo que escribiría el día que Óscar Trejo anunciase su retirada del Rayo. Y ahora que ha ocurrido, me he quedado en blanco. Creo que algo dentro de mí siempre pensó que, aunque fuese materialmente imposible, Chocota iba a estar siempre sobre el césped de Vallecas. Sabía que el día llegaría, claro, es inevitable, pero, no sé, ¿y si, por algún azar de la vida, él hubiese sido el primer jugador eterno?

Cuando llegó a Vallecas, hace dieciséis años, solo era un chaval argentino de 22 años con media melena que apuntaba maneras en eso del fútbol. Cuando el árbitro pite el final de su último partido como franjirrojo se irá un tipo de 38 años, con mujer y cuatro hijos y que, por méritos propios, se ha convertido en leyenda del club de sus amores. Uno de los eternos. Se va un tipo que no se irá nunca.

Ilustración de Fernando Corella

Suena a tópico, pero Óscar es distinto. Y lo demuestra más allá de su campo de acción; cruzar solo tres palabras con él ya te hace ver que es un futbolista diferente. Un hombre que se preocupa de su gente, que antepone a los suyos por encima de sus intereses y que, en sentido de club y pertenencia, ha hecho lo mismo en diversas ocasiones.

Sobre el campo, simplemente, ha sido uno de los mejores. Se van a echar mucho de menos sus controles, sus giros con el balón y la protección que le regalaba con el cuerpo, sus pases interiores para romper las líneas y asistir a sus atacantes, su valentía, coraje y nobleza con el brazalete rayista o sin él, pero siempre siendo el capitán del barco. Choco ha sido el mejor heredero del otro gran 8 que ha tenido el Rayo Vallecano en su historia: Míchel. No creo que nadie dude de que a él también le podríamos añadir el mismo sobrenombre que al nieto de La María: Óscar I de Vallecas.

Con Trejo hemos sufrido las mayores derrotas y hemos celebrado las victorias más épicas. El capitán del Santa Inés ha sufrido dos descensos y a la peor directiva en la historia franjirroja, pero también ha disfrutado de convertirse en el jugador rayista extranjero con más partidos disputados y culminar su carrera con un sinfín de éxitos deportivos memorables: tres ascensos con su claro protagonismo, aquellas semifinales de Copa en las que nos hicieron soñar (y llorar), un campeonato de Segunda División y la posibilidad de jugar la Conference con su banda y portar el brazalete.

Muchas son las imágenes que deja en la retina vallecana: esa forma de gritar su gol contra el Xerez para certificar su primer ascenso a Primera, el 0-2 en Girona que también nos llevó a la máxima categoría contra todo pronóstico, sus lágrimas en el Benito Villamarín tras caer eliminados de la manera más cruel a las puertas de una final de Copa o su rabia tras marcar el penalti repetido que suponía una victoria contra el Real Madrid en Vallecas… Siempre con esa mirada vidriosa que evoca los sueños improbables.

No hay duda de que gracias a Trejo, Vallecas y Santiago del Estero ya siempre van a permanecer unidos. Ni de que el 8 del Rayo debería de aparecer acostado para conmemorar la infinitud de uno de sus mejores valedores. Mi armario siempre guardará su camiseta, la primera en la que me atreví a serigrafiar el nombre de un jugador en toda mi vida; sabía que nunca me iba a arrepentir. También tengo su brazalete rojo, guardado como oro en paño. Y millones de memorias a las que regresar una y otra vez. Mi retentiva, la nuestra, siempre albergará sus fintas y su sonrisa sobre el verde. Su fútbol. Ahora mismo se me están llenando los ojos de jugadas de Trejo (el gol ante el Cádiz en el que le hace un sombrero al defensor y golpea de volea, una jugada ante el Huesca en la que deja solo a Raúl de Tomás, un gol a la Real Sociedad en el que sienta a un defensor antes de reventar el balón, caños, giros imposibles, tackles rebosantes de pundonor, luchas con los rivales por el balón, pases filtrados que, segundos antes, parecían imposibles…), pero no quiero ser pesado y reiterativo.

Será imposible olvidarlo y rellenar el vacío que deja en el vestuario y sobre el campo. 332 partidos, 45 goles y 26 asistencias después, Chocota ha decidido abandonar el Rayo, pero solo desde el plano físico. En el espiritual es, directamente, imposible. Porque, como él mismo sentenció en su despedida en Instagram, el Rayo Vallecano no se deja atrás… se lleva en el alma. Y lo mismo ocurre con tipos como Óscar Trejo: se llevan en el alma. La franja roja siempre llevará un poquito de su carácter, de su entrega, de su fútbol. Gracias por todos estos años, Chocota, gracias por hacer del Rayo un sitio mejor, fuera y dentro del campo, gracias por mirar siempre adelante, pero no olvidarte de los costados y de tu gente. Vallecas siempre será tu casa, el Rayo siempre será tuyo y parafraseando a los Duro Galván: “el Rayo fuiste tú”. Y siempre lo serás, amigo.

Jesús Villaverde Sánchez / Matagigantes