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Perro flaco

Perro flaco

Pese a verse mejoras, el Rayo B no toca fondo y sufre una goleada a manos del Tenerife B (1-4) en un partido que acabó con 10. El gol rayista lo hizo Juanchi de penalti.

El refranero popular tiene una rica variedad de frases hechas perfectas para describir cualquier circunstancia vital, ya sea individual y colectiva, y hay una que retrata claramente el momento actual del filial franjirrojo. Si a perro flaco todo son pulgas, al Rayo B efectivamente lo son, pues sigue con su mala racha encajando una goleada ante un eficaz Tenerife B en un partido que terminó jugando con 10.

Las nubes daban frescor a la mañana inaugural de marzo en el Virgen de la Torre. Se llenaba la grada para presenciar un duelo de filiales en circunstancias contrarias y con mucho en juego para ambos. Llegaba el Rayo B de Jorge Vallejo de sufrir 6 derrotas consecutivas que le habían metido en zona de descenso directo y con la urgencia del que necesita revertir una racha nefasta. Enfrente estaría el CD Tenerife B de Leandro Cabrera «Maziño», que venía de caer en casa ante el líder Rayo Majadahonda y buscaba un triunfo que le devolviera a la zona de playoff de ascenso.

El inicio parecía otra cosa para los vallecanos. El Rayo B se lanzó con ímpetu y ganas a buscar una precoz ventaja que le permitiera revertir su mal momento tanto de juego como de resultados. Estuvo cerca de lograrlo dos veces antes del minuto 5. La primera en un robo de Becerra en zona de tres cuartos y con una autopista ante sí para plantarse en la frontal y probar el disparo que se perdió cerca del poste. En la segunda, en un córner cerrado, Revuelto empujó a la red un balón que se le había escapado al meta visitante Alonso, pero la acción se invalidó por una presunta falta al portero.

El no convertir las que tienes hace que el rival se mantenga vivo y vaya a por más. Cuando se igualan los niveles de juego, la diferencia está en la eficiencia. Si en un error defensivo tuvo el Rayo B su primera oportunidad, el filial chicharrero haría lo propio en el minuto 16, solo que esta vez si cayó el premio. Un error en la salida propició la recuperación visitante en el pico del área, y lejos de precipitarse, movieron el balón hasta encontrar al hombre libre en el punto de penalti. Éste era, quien si no, Juan Ybarra, gran artífice del ascenso del filial rayista que regresaba por primera vez a Vallecas con otra camiseta. Con su acostumbrada calma, Ybarra controló, levantó la cabeza, y la puso totalmente lejos del alcance de su excompañero Adrián Molina. Levantando las manos en un gesto a medio camino entre la disculpa y la petición de calma rubricaba una ley del ex que ni cotizaba que se iba a cumplir.

El verse por detrás en el marcador después de haber arrancado con dominio y ocasiones hizo mella en la moral rayista, pues de pronto no eran capaces de hilvanar tres pases seguidos ni de poner el más mínimo cerco sobre el área canaria. Lejos de dominar futbolísticamente pero viéndose dueños del marcador y del partido psicológico, los tinerfeños simplemente esperaron a tener una oportunidad para abrir aun más la brecha. Y la encontraron en el minuto 23. Falta escorada en el costado izquierdo puesta al segundo palo donde estaba Kevin más solo que en la una, pero sin mucho ángulo para el tiro. Apenas necesitó controlar para posicionarse y, antes de que la defensa supiera que estaba ahí, sacar un espectacular derechazo con rosca que se clavó en la escuadra, totalmente imposible para Adrián. No parecía haber otra opción que resignarse al destino del perro flaco, pues en un partido que parecía que el Rayo B iba a mostrar otra cara, se veía 0-2 abajo cuando apenas había pasado la cuarta parte del mismo.

El estado de conmoción podría haber sido mayor si 5 minutos después el linier no hubiera levantado la bandera a los  segundos de empujar el Tenerife un balón a la red en el rechace de una espectacular parada de Adrián. Este momento fue como un «click» para el Rayo B, que viendo que la primera parte agonizaba y quedaba aun toda la segunda, debía buscar el llamado «gol psicológico» que le metiera en partido. Parecía lo ya típico de mucho acercamiento y pocas nueces, pero ya en el añadido, recibió Juanchi de espaldas a portería, dentro del área y entre un mar de piernas de defensores, una de ellas le desequilibró y provocó que el árbitro pitara penalti. El propio Juanchi se encargaría de transformarlo. El disparo del capitán fue fuerte, raso y centrado. Alonso leyó su intención, pero el balón pasó justo bajo su axila, rozando la tela de la camiseta antes de tocar la red. Fue la última acción antes del descanso. Irse a vestuarios tras poner el 1-2 hacía pensar que en la segunda parte el perro flaco del Rayo B podría al fin sacudirse las pulgas.

El comienzo del segundo tiempo fue una reminiscencia de lo que fue el inicio del primero: los vallecanos buscaban tener el control y tratar de llegar con peligro al área, mientras el Tenerife B se defendía con seriedad, sin llegar nunca a echarse atrás, y arriesgando lo justo y necesario en ataque. Así pasó que, lejos del empate, lo que llegó en el minuto 56 fue el 1-3. La acción rápida por el costado izquierdo, ante la cual hubo huecos y algo de pasividad defensiva, hizo llegar el balón a Ybarra para que hiciera una clásica jugada suya. Control y aguante de balón en la frontal para concentrar en él a toda la defensa y acabar asistiendo al delantero que entraba solo. El año pasado sería a Étienne, este año fue a Omar, que definió con tiro bombeado al palo largo de un Adrián que nada pudo hacer salvo verla entrar. En una mañana de nubes y claros volvían a cernirse negros nubarrones sobre el Rayo B.

Pese a que la desventaja era grande y el tiempo corría en contra, los de Vallejo no querían tirar la toalla, y buscaron nuevamente meterse en el partido. Sergio Alonso, que entró en el descanso por Yahya, tuvo 40 metros de carrera al área para plantarse solo frente a Alonso, pero entre el braceo con el defensor y el último control algo largo, el portero llegó antes de que pudiera definir. Después, en un balón suelto tras un prometedor ataque, Baladía sacó un tiro cruzado que superó a Alonso pero un defensor despejó con la bota sobre la misma línea de gol. En pleno ímpetu local, en el minuto 73, llegaría el tiro en el pie. Tras perder el balón, Baladía persiguió al rival que se lo arrebató y paró su carrera en seco con una fuerte entrada. No tuvo dudas el árbitro de mostrarle al extremo franjirrojo la roja directa. Ya por tiempo era muy difícil sacar algo de este partido, pero el quedarse con 10 lo hacía prácticamente imposible.

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Por si quedaba alguna duda, aun quedaba una pulga más para este perro flaco. En el 82, una recuperación tinerfeña pilló al Rayo B en inferioridad y desorden. Pau recibió en la frontal y algo escorado a la derecha, levantó la cabeza y la puso con fuerza en la red junto al palo largo de Adrián. Se firmaba así el 1-4 con el que se llegaría al final del encuentro, marcador tal vez algo abultado para los méritos vistos sobre el campo, pero que sin duda premia la seriedad y la eficiencia con la que se desempeñó el filial chicharrero.

En lo que respecta al Rayo B, todo eran pulgas para un perro flaco y cada vez más enjuto. Goleada encajada en «casa», partido que se acaba con 10 jugadores y séptima derrota consecutiva. Huelga decir que es la peor racha de los de Vallejo en su de momento breve periplo por Segunda Federación. Así las cosas, el filial rayista es ahora el mejor de la zona de descenso directo, ocupando la 14ª posición con 26 puntos, a 2 del Fuenlabrada, que ahora está en puesto de play-out de permanencia, y a 5 cinco de la salvación segura que marca el Elche Ilicitano. En estas circunstancias, no hay partido más vital y urgente que el siguiente, pero más lo es cuando te toca visitar a un rival directo que también está en descenso, justo debajo de ti y al que sacas 2 puntos. Y si encima es un derbi, para qué más. El próximo domingo el Rayo B se juega la vida en su visita al CDC Moscardó en el distrito de Usera.

Texto de Jorge Morales García. Imagen de Carlos Villar.