Derrota del Rayo Vallecano por 2-1 en su debut liguero en Sevilla
El Rayo Vallecano ha caído en su estreno liguero frente al Sevilla FC. Después de cuatro años sumando en su debut en liga como visitante(tres victorias en los últimos tres años: Almería, Real Sociedad y Girona), el Rayo rompe esta racha precisamente en el mismo Estadio en el que cayó por ultima vez en la primera jornada (3-0 en la 22-23 con Iraola en el banquillo).
El Rayo Vallecano lleva comprando lotería futbolística tantos años y, además, siendo agraciado con reintegros, premios mayores o pedreas como el año pasado en Girona, que, alguna vez, se tiene que acabar ese azar que te han ido regalado los dioses del Olimpo. No parecía que este fin de racha fuese a ser en Heliópolis ante un Sevilla que otrora reinaba en la Europa League y ahora subsiste con lo que puede ante la incapacidad manifiesta de los que se aferran al sillón presidencial y sus sempiternas luchas de egos familiares. Sí nosotros en Vallecas estamos protagonizando Esta casa es una ruina, en Sevilla ya han vivido la reposición de Falcon Crest, Dinastía y Los Colby. Vidas paralelas entre clubes con aficiones hermanadas que dejaron clara su oposición al máximo accionista de uno y otro equipo. Además, la hinchada sevillista tuvo tiempo de recordar al propietario del Rayo Vallecano de Madrid que, la historia europea le pertenecía al equipo y a sus aficionados, pidiendo la inhabilitación para el propio Martín Presa. Ayer le debieron pitar los oídos, puesto que, no mucho antes, en Mendizorroza también le dedicaban cánticos y pancartas.

Volviendo a lo futbolístico, había ganas de ver la propuesta de Beñat y su primer once en competición oficial. La alineación dejó varias lecturas: Balliu a banda cambiada parece estar por delante de Jozhua, sin Kumbulla, falto de ritmo, hace falta un central como el comer, porque el míster franjirrojo apostó por Ciss como pareja de Lejeune, dejando a Pelayo y a Jozhua en el banco. De la terna Camello, Alemão y Nteka, fue este último el elegido para salir de inicio, pero no le dio muchas razones al técnico vasco para repetir frente al Alavés.
A las 21.30 horas debería rodar el balón en el verde del Ramón Sánchez Pizjuán, pero en este futbol moderno de cámaras por doquier, fueras de juego semiautomáticos, salas VOR, monitor a pie de campo, pinganillos, etc. ahora también se han empeñado en olvidarse que el balón está para ser pateado por los futbolistas y le han querido meter chips y tecnología para evitar errores arbitrales. En Sevilla el balón se rebeló y dijo que se negaba a entrar en este circo de fútbol artificial y el inicio del choque se retrasó hasta 10 minutos, tiempo que tardaron en decidir que se jugaba con un esférico sin cables metidos por dentro, una locura que lleva haciéndose algo más de 150 años. De Burgos Bengoetxea se lo comunicaba así a los capitanes y preguntado por la tecnología para evitar errores, una sonrisa pícara en plan sujétame el cubata, daba pistas de lo que vendría después.
Sí el año pasado fue Gazzaniga el inesperado amigo de los de Íñigo, está vez fueron Sangante y Vlachodimos los que se liaron y dejaron un balón suelto para que el más listo de la clase, Álvaro García (siempre Alvarito), solo tuviera que acompañar al balón hasta traspasar la linea de gol. Solo habían transcurrido 3 minutos y medio de juego y los de Beñat sé veían con ventaja en el marcador. Esta ventaja pudo aumentarse acto seguido si Nteka, que no es delantero aunque juegue ahí, hubiese acertado a dirigir un gran centro de Álvaro por banda entre los tres palos. Sin embargo, su remate de primeras se fue directamente a la grada del Pizjuán. Un 0-2 en 5 minutos en un estadio con un ambiente hostil podría resultar demasiado bonito para los nuestros. Pero esta vez la pedrea pasó de largo.
Pasaban los minutos y el partido parecía controlado por los rayistas, con un Sevilla que no inquietaba el marco de Batalla. A la media hora de juego llegaría la primera jugada polémica del partido. Andrei Ratiu ponía un centro medido desde su perfil diestro a la cabeza de Isi, que llegaba en el pasillo del nueve para marcar casi a placer el 0-2. Enseguida De Burgos Bengoetxea iba a invalidar el gol por algún motivo que no se entendía sin ver la jugada repetida de nuevo. Y es que el trencilla interpretó un agarrón de Isi a su defensor a la hora de desmarcarse y rematar posteriormente completamente solo. Primera decisión controvertida del colegiado, que solo tardaría 5 minutos en volver a ser protagonista al decretar penalti en una jugada en la que Augusto Batalla salía y se interponía entre el balón e Isaac, pareciendo más falta del delantero al portero, que al revés. Solo el propio De Burgos vio el supuesto penalti, puesto que desde la sala VOR le instaron a ir al monitor a ver la jugada y a deshacer su error, algo que el colegiado hizo minutos después. El propio Isaac, ya en el descuento de la primera mitad, cabeceó por encima del larguero un corner en lo que se puede considerar lo más peligroso que hizo su equipo en la primera mitad.
A Luis García Plaza no le debió gustar lo ofrecido por su equipo en el primer acto y decidió dar entrada a Peque y a Robbie Ure en el descanso, decisión que iba a cambiar el signo del partido, al ser los futbolistas que, ayudados por Ricardo de Burgos Bengoetxea, iban a decantar la balanza del lado hispalense.
Álvaro García fue protagonista en el gol del Rayo y lo sería también en el empate del conjunto andaluz. Tras un disparo duro de Guridi al que Batalla solo pudo repeler, Álvaro iba a derribar a Miguel Sierra en su intento de despeje. El de Utrera no vio llegar al canterano sevillista y en lugar de al balón, impactó con su pie sobre el jugador, cometiendo un claro penalti que señaló el árbitro sin titubear. Guridi iba a ser el encargado de materializarlo desde los 11 metros, poniendo las tablas en el marcador. El Sevilla obtuvo el premio a la mayor ambición ofensiva en esta segunda mitad, en la que el Rayo Vallecano no compareció y ni los cambios en ataque o centro del campo cambiaron una desdibujada cara del equipo tras una buena primera parte. El partido se convirtió en juego trabado con numerosas interrupciones y un carrusel de tarjetas amarillas para uno y otro equipo. El único que inquietó la portería sevillista fue Lejeune en uno de sus conocidos zambombazo al saque de una falta. El disparo tuvo una buena respuesta de Vlachodimos que metió una buena mano para mandar a saque de esquina.
El partido enfilaba el minuto 90 y parecía que poco más iba a suceder en el mismo, pero nos esperaban aún 10 minutos de traca final. Al borde del minuto 90, Jorge De Frutos robaba un balón y salía disparado por su banda derecha, encontrándose con un Kike Salas que hizo bueno eso de que o pasa el jugador o pasa el balón, pero no los dos. Tremendo estacazo al jugador segoviano que tuvo que ser atendido, mientras que su rival veía la tarjeta roja directa. Cartulina muy protestada por Luis García Plaza que pedía una mano de De Frutos en el inicio de la jugada al robar el esférico. Con 7 de añadido y el Sevilla con 10, si algún equipo podría buscar el segundo tanto parecía ser el Rayo Vallecano. Pero esta vez los dioses del Olimpo, como los políticos de la CAM, daban la espalda a Martín Presa y no iba a ser el día en el que la moneda cayera cara. Todo lo contrario, en una jugada con un balón aparentemente cómodo y sin ningún peligro, un Pedro Díaz blandito y sin tensión perdía incomprensiblemente el esférico y el Sevilla con solo Peque Y Robbie Ure como atacantes iban a llegar al área rayista, y allí el jugador escocés en su intento de regates sobre Lejeune se iba a ir al suelo. Lo que podría o debería haber sido tarjeta amarilla por la lipotimia del futbolista sevillista, para De Burgos Bengoetxea fue un penalti claro. Ni el cabreo del central rayista ni los árbitros del VAR hicieron que cambiara su decisión y Peque marcaba el 2-1 definitivo en el tiempo de descuento.

Lo que pintaba maravillosamente en torno a las 21.45 horas, acabó siendo una pesadilla en la medianoche sevillana. Derrota de un Rayo Vallecano que tiene mucho que mejorar, mucho que incorporar y, sobre todo, acertar en estas incorporaciones. Con 40 millones de las ventas de Mendy y Chavarría puedes ir al mercado en Rolls Royce y no en un 1430 como lleva yendo el Rayo Vallecano casi cada temporada. Con cedidos, jugadores que acaban contrato y recomendaciones varias no ha ido del todo mal en los últimos años, pero la suerte no es eterna y llegará un día en el que él comodín de la potra desaparezca, como desapareció la concesión del Estadio de Vallecas.
Lo próximo será recibir al Alavés de Mariano Ronaldo el jueves que viene, ya sea en Vallecas, Leganés o El Plantío. Paciencia, rayistas, porque la temporada I post Pérez Soto pinta que será larga y dura.





