Rayo Vallecano y Alavés empatan a un gol en Leganés
Tal vez suene incongruente y paradójico que en un partido de fútbol lo menos importante sea lo deportivo. Pues si, en el Rayo Vallecano llevamos muchos años en los que la parte deportiva se ha convertido en una mera anécdota. Sí, incluso habiendo jugado una final europea. Es tal el clima de crispación social en Vallecas, que ni siquiera una participación en Conference League fue disfrutada al 100% por el hincha franjirrojo. Del mismo modo que tampoco tuvimos un Centenario a la altura de lo que merecia la ocasión. La afición ha sido la que se ha organizado para viajar y apoyarse en la aventura europea y los mismos aficionados han sido los que hicieron que 100 años de Rayo Vallecano tuviera un significado especial para la hinchada rayista.
Por eso, hablar de fútbol en el Rayo Vallecano – Deportivo Alavés es una mezcla de sensaciones de pudor, tristeza, rabia o pereza. El propio Quique Sánchez lo dejaba claro antes del partido, cuando afirmaba que en 22 años iba a ser la primera vez que asistiera a un partido así. Sin apenas presencia de aficionados locales, sin venta de entradas (a priori) para hinchas vitorianos y con una y otra parroquia cabreada y señalando al palco como único culpable, por mucho que se empeñe en despejar balones fuera contra CAM y Liga con comunicados nocturnos o intervenciones televisivas de su director deportivo o vicepresidente. Durante la previa del partido se leía en redes sociales a gente diciendo que no iba a ver siquiera el partido por el hartazgo que le producía la situación, otros deseaban la victoria del Alavés y, en líneas generales, la gran mayoría tenía la misma ilusión por el partido que una invitación a asistir al Debate del Estado de la Nación en el Congreso de los Diputados.
Unos pocos locos llevamos años avisando de lo frondoso y bonito que era el árbol del primer equipo y lo poco que dejaba ver el bosque de Sleepy Hollow en el que se había convertido el Rayo Vallecano. Era cuestión de tiempo que esta pequeña embarcación de locos se convirtiera en una especie de transatlántico de la desilusión. Bienvenidos a bordo, pasajeros del crucero del hastío rayista. No hay cuerpo humano que aguante tanto revolcón como el que llevamos sufriendo los rayistas durante los últimos 15 años. Hasta los más optimistas, con más golpes en el corazón y el alma rayista que nuestro Poli Díaz en julio de 1991 en Norfolk, empiezan a abrir los ojos y a tirar la toalla pensando que algo pueda cambiar a mejor en el Rayo Vallecano. Cualquier tipo de vía de diálogo es inútil con alguien que busca la confrontación continua con los que tendrían que ser sus clientes en este futbol negocio. Si no le das el cariño que merece tu hinchada, como principal activo de este club en sus 102 años de historia, hazlo de forma egoísta como clientela que, cada verano, pasan por caja para dejarte su dinero. Incluso a ciegas como este años, sin saber si les vas a mandar a Butarque, a Burgos o a la Conchinchina. Tal vez, la verdadera revolución comience con negarse a seguir siendo su cliente, pero esto requiere fortaleza y unidad, dos cosas de las que, por desgracia, carece la masa social rayista. Hemos demostrado con el paso de los años que solo somos capaces de unirnos para celebrar ascensos o hacer una previa histórica en Leipzig. Esto es algo de lo que es plenamente consciente el propietario del Rayo Vallecano de Madrid y aprovecha esa debilidad nuestra, para convertirla en su fortaleza. Desde el famoso boicot a los abonos, Presa va con la chorra fuera por Vallecas, como vulgarmente se suele decir.
La situación es tan insostenible, que Sergio Camello no se mordió la lengua en los micrófonos de Dazn y expresó su sentimiento (que será compartido por el resto del vestuario) comentando que “Estamos agotados. La bola de nieve crece y sigue creciendo y nos distancia a las tres partes. Ha venido a Butarque bastante gente para la que tendría que haber venido. Esta plantilla siempre estará al lado de su afición. Somos un grupo humilde y creemos en la justicia. Que se solucione pronto es más importante que traer a jugadores».ucha gente piensa que la verdadera revolución en Vallecas, más allá de cánticos de Presa vete ya, pintadas o pegatinas críticas, llegará el día que la plantilla dé un paso adelante y se posicione claramente. Esto parece complicado, pero las palabras sinceras y maduradas (no piensen que es fruto de un calentón) de Camello pueden ser ese pequeño clavo ardiendo al que necesita la afición rayista agarrarse. A lo largo de estos años se ha ido diciendo que la situación era complicada, pero lo de este verano no tiene parangón alguno y, para bien o para mal, tiene que suceder algo en un sentido y otro.
Ojalá en un corto espacio de tiempo todos coincidamos en decir que, el gol más importante de Sergio Camello con la Franja lo hizo en Leganés, pero una vez finalizado ya el encuentro. Sí, también anotó un tanto en los 90 minutos reglamentarios, igualado posteriormente por Mariano Díaz, ese futbolista que priorizó seguir engordando la cartilla de ahorros a defender la Franja. Pero, como les contaba en el inicio de este texto, lo deportivo tiene un papel secundario y el primer punto logrado por Beñat San José es ciertamente anecdótico para la parroquia franjirroja.




