Compartir

La goleada del exilio y la vergüenza

La goleada del exilio y la vergüenza

El Rayo golea al Atleti en Butarque (3-0) y sale del descenso. Los rayistas doblegan al rival, al contexto y a la inutilidad de su presidente para demostrar carácter y orgullo.

Hay ocasiones en las que hasta una victoria duele. Y la situación del Rayo, a la que le ha llevado el ínclito Raúl Martín Presa, es una de ellas. Si no fuese por su ineptitud, mi hermano, mi padre y yo hubiésemos podido disfrutar esta victoria en la grada de Vallecas. Pero no fue así y tuvimos que hacerlo desde el sofá. No así los casi 5335 aficionados que decidieron retirar su entrada y acudir a Butarque a legitimar el mensaje recurrente del mandamás del club sobre trasladar el mismo a las afueras del barrio vallecano. Respetable, claro, faltaría más, pero prefiero guardar mis opiniones. Solo espero, sinceramente, que el triunfo rayista mereciese la pena.

Sobre el césped todo tuvo color franjirrojo. Desde el inicio se vio a un Rayo, herido tras caer a puestos de descenso, que buscaba morder y punzar los nervios rojiblancos. Es cierto que el Atlético de Madrid llegó a Leganés plagado de modificaciones tras vaciarse en el Metropolitano en la semifinal de Copa en la que goleó al Barcelona. No menos cierto es que cualquier futbolista de la segunda unidad colchonera vale más que la práctica totalidad de la plantilla vallecana.

Pese a ello, el Rayo salió a Butarque con solidez atrás y firmeza en las transiciones. El marroquí Ilias Akhomach y Andrei Ratiu eran un puñal para la banda izquierda del Atlético y todo el peligro llegaba por ese flanco. En el centro del campo, el jefecito Óscar Valentín sostenía la medular acompañado de un muy buen Gumbau. No obstante, la primera ocasión clara la tuvieron los pupilos del ‘Cholo’ Simeone. Nico González remató, de manera acrobática, un balón pasado de Nahuel Molina y, en su intento de despejar, Mendy estuvo a punto de marcarle gol a Batalla en su propio arco. Lo evitó el travesaño, que se enfundó la elástica franjirroja. Respondió el conjunto de Íñigo Pérez, casi en la siguiente jugada, con un disparo de Gumbau tras rebotar en la barrera una falta directa de Isi Palazón. El Rayo poseía el balón, triangulaba con más mimo que su rival y presionaba con acierto la salida de balón rojiblanca para robar en campo contrario.

Los franjirrojos, orgullosos, se volcaban más sobre el área rival que los atléticos. La defensa del Atlético no conseguía contener la banda derecha franjirroja y el tándem formado por Ilias y Ratiu era ingobernable para los de Simeone. Indómito fue, precisamente, el lateral rumano cuando, al borde del descanso, sacó el conejo de la chistera. El ilusionista de Transilvania recortó, pisó la pelota, encaró, regateó, volvió a recortar, la pisó y, cuando Ruggeri ya hacía eses como un carnavalero regresando a casa después de la fiesta, puso el balón tenso al centro del área. Allí apareció Fran Pérez, adelantándose a los defensores colchoneros, para empujar el esférico a la portería de Jan Oblak, que no pudo hacer absolutamente nada. Sí hizo, y mucho, en cambio, en el siguiente ataque del Rayo, aunque finalmente su intervención no pudo evitar el segundo tanto del Rayo. Óscar Valentín presionó para robar el enésimo balón en la salida rojiblanca y entregó el balón a Ilias Akhomach, que, clarividente, lo envió a la frontal del área. Su pase de la muerte fue rematado por Isi y, tras una soberbia mano, apareció el capitán del Rayo, que remachó sobre la línea tras iniciar el ataque con su robo. Gran performance del jefecito de Ajofrín para doblar la ventaja justo antes del descanso.

Todo parecía indicar que la reanudación iba a traer consigo una puesta en escena arrolladora de los del ‘Cholo’. Pero, nada más lejos de la realidad, el Rayo volvió a golpear primero. Esta vez fue un libre directo que Lejeune envió, fuerte y raso, a las manos de Oblak. En la medular, el Rayo seguía dominando el espacio y la presión, con un centro del campo fuerte en el que Óscar Valentín y Gumbau robaban y desbarataban las combinaciones para la salida efectiva del Atleti. Simeone no lo veía claro, ni mucho menos, y quiso agitar desde el banquillo. El entrenador argentino puso en liza a Julián Álvarez, Obed Vargas y Le Normand en lugar de Ruggeri, Álex Baena y Mendoza. Justo después de los cambios, aunque no necesariamente como consecuencia de ellos, el conjunto del Manzanares consiguió abrir un hueco en el flanco izquierdo. Se incorporó Nico a la espalda de Ratiu, pero cuando parecía tener opciones de centro decidió disparar y obligó a Batalla a la primera de sus tres grandes intervenciones de la tarde. Si Jesús le garantizó a San Pedro que lo negaría tres veces antes del amanecer, San Augusto le asegura al Rayo, al menos, tres grandes paradas antes de los noventa minutos. Seguía sin ver nada claro el banquillo atlético y Simeone gastó sus cambios a falta de media hora: entraron Marcos Llorente y Ademola Lookman para dar frescura al equipo y descanso a Johnny Cardozo y Lenglet. Pero ni por esas.

Íñigo Pérez buscó contrarrestar los movimientos del entrenador rival con la entrada de Pedro Díaz, para controlar algo más el centro del campo, Álvaro García, para ofrecer velocidad en las contras, y Jozhua, quizás para doblar el lateral y contener las posibles acometidas de Lookman. De las botas de Álvaro García nació el tercero y definitivo tanto de la tarde. Un córner en corto, un despiste en la marca del propio Lookman, que dejó solo al utrerano, y un centro fantástico al área, donde apareció la testa de Mendy que, con un escorzo extraño, elevándose sobre un impotente Marcos Llorente, remató a la red. La goleada era un fiel reflejo de lo que se veía en el verde. El Rayo estaba siendo absolutamente superior al Atlético y así lo atestiguaba el marcador de Butarque. Aún quedaba tiempo para un par de intentonas atléticas. Primero Óscar Valentín bloqueó con el cuerpo el disparo de Almada, dentro del área, y posteriormente, a la salida del córner, San Augusto Batalla completó su actuación con una soberbia parada a bocajarro ante un taconazo de Giménez frente al que apenas tuvo tiempo de reacción. Soberbio el arquero argentino. Íñigo Pérez, que había buscado recoger los balones largos y fijar a los centrales con la entrada de Nteka por Ilias Akhomach, ahora buscó sostener aún más la medular en los últimos minutos. Entró el vasquito Unai López para sustituir a un gran Gerard Gumbau. Y lo consiguió, pues, desde la entrada del mediocentro, no quedó tiempo para nada más que saborear la victoria. Un triunfo agridulce por todo lo que rodea al club, pero valiosísimo en términos clasificatorios. Una tarde arrebatada por Raúl Martín Presa a un rayismo doliente que debería haber disfrutado en Vallecas cantando una vida pirata que no se escuchó en Leganés.