El Rayo arañó un punto ante un ramplón Levante (1-1) tras tirar una primera mitad en la que Íñigo Pérez volvió a confiar, sin resultados, en la segunda unidad. Mendy dejó al equipo en inferioridad numérica tras otro de sus incomprensibles arranques.
Es fácil imaginarse a Íñigo Pérez preparando los partidos en los que se plantea rotar al once franjirrojo de la misma manera en la que un niño juega y deja volar la fantasía. De la misma forma que el pequeño se convence a sí mismo de que ese amigo imaginario con el que habla es real, el entrenador del Rayo parece decirse una y otra vez que la unidad B del conjunto vallecano es solvente y puede sacar las castañas del fuego. Evidentemente, ni el amigo imaginario es real, ni el banquillo del Rayo ofrece ninguna garantía.
Tras la victoria franjirroja en Samsun, en el único partido que los de Vallecas han competido en ambas partes en esta campaña, tocaba hacer cambios en el once. Y como en el Rayo nunca hay medida, las modificaciones fueron (casi) todas. Y así ocurrió, la primera parte fue directa a la basura y lo mejor que podemos extraer es que el Levante solo se marchó con un 0-1 al intermedio.
Los granotas jugaron a placer ante un rival que se mostraba en las antípodas de lo competitivo en cada duelo. El centro del campo era gobernado completamente por los azulgranas. Desde los minutos iniciales, el conjunto valenciano avisó con disparos de Manu Sánchez, un remate desviado de Romero y una ocasión clara que Espí tiró fuera cuando estaba delante de Batalla. El Levante era netamente superior y, al borde del descanso, el propio Espí lo materializó ante la pasividad rayista. Pudo ampliar su ventaja cuando el propio Batalla desbarató una doble ocasión bajo palos.
Íñigo Pérez seguía charlando con su amigo imaginario hasta que le sacaron del ensimismamiento. Puso en el verde a Ilias Akhomach y Álvaro García en el lugar de Gumbau y el inocuo Fran Pérez. Desaparecido, nuevamente, el ex valencianista, como de costumbre. Pero cuando tienes a Mendy en el campo, siempre estás en la cuerda floja. El central senegalés volvió a demostrar que no tiene nivel futbolístico ni cabeza para jugar en la primera categoría del fútbol español. Una incomprensible pérdida, cuando el pase era muy fácil, le llevó a cortar la contra de Romero con la mano y fue enviado a la caseta. Volvía a dejar Mendy al equipo con diez y a demostrar que no tiene nivel para jugar en Primera División y dista mucho de ser un central de garantías para este Rayo.
Sin embargo, la roja pareció alentar a los locales, que en la siguiente jugada estuvieron a punto de empatar. No llegó Alemão bajo palos al pase de Álvaro. La entrada de Alvaro García e Ilias dio alas a los franjirrojos y volvió a quitarle la razón al planteamiento inicial. Pero la mecha prendió rápido y la sensación fue de cierto agotamiento hasta en los jugadores que habían salido como refresco. Por no hablar de un Pedro Díaz en un estado de forma horrible o jugadores como Pacha Espino, que empiezan a acusar los minutos en los músculos. En la zona central del segundo tiempo, el Levante entraba por su flanco derecho con absoluta libertad y con la sensación de que si no era una sería otra la ocasión que terminaría dentro. La primera, clarísima, la desvió, casi sin querer, Iván Balliu cuando el balón tomaba dirección a portería. Pudo haberla terminado mucho antes Romero, pero estuvo timorato y mostró sus muchas carencias. La segunda ocasión clarísima la envió Espí arriba desde la frontal del área. Y en la tercera, Batalla volvió a dejar su intervención primordial de cada partido: su padre nuestro particular. El Santo Augusto desvió a córner un potente remate levantinista. Todo el peligro del Levante llegaba en las contras que volcaba a la banda derecha, pero el Rayo se consiguió reponer a esos minutos y con Isi y Ratiu en el campo el miedo cambió de bando. Y de banda. Ahora eran el extremo marroquí y el lateral rumano, que doblaba la posición de Ilias, los que amenazaban constantemente la portería de Ryan, que se dedicó todo el segundo acto a perder tiempo. Eso sí, a diferencia de lo que ocurrió hace unas semanas en el Santiago Bernabéu, con un descuento de catorce minutos, el colegiado (malísimo, como la totalidad del estamento arbitral de este país) solo añadió cuatro minutos en Vallecas. Diferencias.
Tuvo el empate en sus botas un Jorge de Frutos que estrelló un regalo de Álvaro García desde la banda zurda contra el pecho de Ryan. Pero lo consiguió, finalmente, Pathé Ciss, que había salido con ímpetu y gobernaba la medular franjirroja. Le bastaron los cuatro de añadido al campeón de África para recoger un envío rayista desde la banda izquierda, controlar y bajar el balón y fusilar a Ryan para castigar el conformismo de un Levante que, con un jugador más durante todo el segundo tiempo, se había parapetado atrás sin apenas querer jugar al fútbol, más allá de un par de contragolpes, y buscando las interrupciones constantes del ritmo franjirrojo. La más clara, temeraria y muestra de ser un nefasto compañero fue la de Manu Sánchez, que fue con una tijera y las dos piernas a por Ilias Akhomach, dejándolo en el verde doliéndose mucho. Esperemos que no haya que lamentar una lesión tras esta entrada fea e innecesaria; habría bastado al jugador granota un agarrón para obtener el mismo efecto y cortar el contraataque que conducía el internacional marroquí sin poner en peligro la integridad de un compañero.
Finalmente, los titularísimos del Rayo volvieron a sacar a Íñigo Pérez del ensimismamiento con la unidad B y rescataron un punto que hace respirar al Rayo y evita que se hubiese metido, nuevamente, en serios problemas por el descenso. La aparición de Álvaro García, Ilias Akhomach, Ratiu, Ciss e Isi, aunque estuvo algo gris, fue como la llegada de la madre a la habitación del niño para decirle que hay que recoger, cenar e irse a la cama, que la conversación con el amigo imaginario llegó a su fin, que la realidad se impone. En Vallecas, ayer se volvió a imponer también y quedaron patente varias cosas: que la plantilla del Rayo es muy corta y floja, que una planificación deportiva nefasta puede tirar por tierra la temporada más ilusionante en la historia rayista, que una gran parte del plantel franjirrojo, hoy en día, no da la talla ni el nivel de la categoría y que los jugadores llegan con las fuerzas justas al duelo de vuelta de octavos de Conference que se librará contra el Samsunspor este jueves. Esperemos que no tengamos que lamentarlo y ojalá no tengamos que saludar nunca más a nuestro incómodo amigo imaginario.






