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Tan solo una idea

Tan solo una idea

El Rayo consiguió una contundente victoria ante el AEK Athens (3-0) para encarrilar su pase a las semifinales de Conference League. Partidazo de los de Íñigo Pérez en Vallecas.

Texto por Jesús Villaverde Sánchez / Infografías por Marius Fedasz

En una de las secuencias de Origen (Christopher Nolan, 2010), Dom Cobb habla sobre la capacidad de una idea de erigirse en el parásito más resistente. “Una idea. Una sola idea de la mente humana puede levantar ciudades. Una idea puede transformar el mundo y reescribir las reglas”, asegura mientras explica el proyecto al resto del equipo. Yo me imagino a Íñigo Pérez en el vestuario del Rayo como al protagonista del thriller psicológico de Nolan. De la misma forma que Dominick Cobb, Íñigo Pérez parece haber inoculado en sus jugadores el virus de una idea: levantar la Conference League y entregarle a Vallecas el mayor de sus legados. Y el virus parece no dejar de propagarse.

Llegaba a Vallecas el AEK Athens, flamante líder de la Superliga griega tras haber asaltado el Pireo y derrotado al Olympiacos el pasado fin de semana. Y la verdad es que imponía algo más que el resto de rivales que habían pisado el césped del barrio. Pero ahí estaba el Rayo, listo para desanudar, nuevamente, otros doce trabajos de Hércules. El conjunto franjirrojo salió tan decidido a imponer su estilo que aún no había dado tiempo a retirar el precioso tifo de la grada cuando marcó el primer gol. La apertura de Unai López fue una exquisitez que no podía desperdiciar Álvaro García. El de Utrera podría ser, de una vez, el arquitecto, el constructor, el jefe de obra, el albañil y el señor trajeado que te vende la hipoteca en este Rayo. Lo es todo y, como no podía ser de otra forma, también iba a hacer su aparición de los partidos grandes. Su pan nuestro de cada día. Asistió, raso al centro del área, donde apareció un jugador que llevaba tiempo mereciendo su primera diana con la elástica del Rayo. La consiguió Ilias Akhomach con un disparo colocado que batió a Strakosha. La locura se apoderaba de Vallecas. El Rayo acababa de matar al León de Nemea, de piel invulnerable.

El duelo no podía comenzar de mejor manera para los locales. El plan de Íñigo empezaba a dar sus réditos muy pronto. Sin embargo, en los minutos siguientes, el AEK se estiró y se desperezó, lo que llevó peligro a la portería de Augusto Batalla. Un error de Ratiu obligó a Lejeune a una buena salvada ante Jovic, que probablemente va a soñar unas cuantas noches con el central francés del Rayo. Justo cuando el reloj cumplía el primer cuarto de hora, Aboubakary Koita iba a dejar un sello de su calidad con un fantástico eslalon que, finalmente, iba a desbaratar un intenso Luiz Felipe. El brasileño es, de largo, la mejor pareja de baile para Florian. Parecía que los de amarillo y negro se querían acercar más al área franjirroja, pero fue el Rayo el que golpeó la mesa. Florian Legende marcó un soberbio golazo de tacón, desviando un disparo de Ilias, de espaldas, contra el poste, en un tanto muy estético. Sin embargo, el vasquito Unai López, que pasaba por ahí casi sin quererlo, se cruzó en la trayectoria del taconazo y su posición antirreglamentaria invalidó el tanto del defensor rayista. Lo que sucedió al gol anulado fue una pequeña sucesión de errores vallecanos que perdieron el control del partido y estuvieron más cerca que nunca de encajar el empate. Primero, un remate de cabeza tras el saque lateral de una falta obligó a San Augusto a una de sus intervenciones. El palo se alió con la franja roja, a la que Pathé Ciss también insufló aire con un bloqueo del disparo que iba a ser gol en el rechace. Minutos después de este amago, un desentendimiento entre Luiz Felipe y Pep Chavarría dejó a Koita solo con el arquero argentino. Pero San Augusto tiene bolsillo para varios milagros al día. La lentitud del atacante y la presteza del guardavallas se unieron para que la ocasión se desbaratase, aunque tiene pinta de que con la lesión grave del portero rayista. Esperemos que sea menos de lo que parece. San Augusto, ¡haz otro milagrito! Las intervenciones rayistas para salvar el empate podrían ser el equivalente al segundo y el tercer trabajo hercúleo: los franjirrojos habían matado a la hidra de Lerna y capturado a la cierva de Cerinea. El cuarto no iba a tardar en llegar. Nuevamente, Aboubakary Koita iba a estar en el ajo. Su remate tras una buena llegada del conjunto griego iba a ser desviado por un Pep Chavarría que se lanzó con todo para bloquear el balón. Una acción espectacular; el jabalí de Erimanto había sido capturado y llevado, vivo, ante Euristeo. Antes de la acción defensiva de Pep Chavarría, Álvaro García se había sacado de la chistera un zurdazo fabuloso que casi se cuela pegado al poste de Strakosha. Y cuando todo apuntaba a que lo mejor que le podía pasar al Rayo era el pitido que indicase el descanso, otra vez apareció Ilias al borde del área. El extremo marroquí es la pura reencarnación de Onésimo. Lo más parecido al Chincheta que ha pasado por Vallecas desde su marcha. El disparo de Akhomach fue repelido por el arquero del AEK, que, sin embargo, no pudo evitar que el vasquito Unai López le batiese por bajo en el rebote. No contento con lo que había logrado en la primera mitad, antes del descanso el Rayo desvió un par de ríos para limpiar los inmensos establos de Augías.

Tras la reanudación, el AEK Athens salió mucho más decidido a llevar la presión a bloque alto. Si quería rascar algo de Vallecas, tenía que adelantar las líneas. Y eso buscó Marko Nikolić. Los primeros minutos tras el regreso de vestuarios fueron claramente de los griegos con un Orbelín Pineda que fue el mejor jugador de la escuadra griega en Vallecas. Fueron, quizás, los únicos minutos en los que pareció que el Rayo iba a terminar contra la pared. Fue entonces cuando Íñigo cambió el decorado de la misma manera que la arquitecta de sueños de Origen cambiaba París o el cuartel de la cordillera nevada para el beneficio del equipo. El técnico pamplonés introdujo a Alemão, para buscar fijar a los centrales y bajar balones largos que desahogasen a la zaga rayista, y a Pedro Díaz, para intentar controlar algo más la medular. Y sus pupilos enseguida dieron muestras de desatarse. El propio Alemão tuvo una ocasión clarísima, pero su derechazo se marchó besando el lateral de la red cuando parte del estadio ya gritaba el tercer gol franjirrojo. ¡Uy! Seguía, en cambio, el AEK intentando alcanzar el área franjirroja. Lo intentó con una falta directa de Reivas que se marchó algo desviada. Entonces, Íñigo Pérez sacó su jugada identitaria: se retiró Álvaro García y entró el ‘Pacha’ Espino para doblar el lateral y cargar tanto el ataque como sobre todo la defensa por el flanco izquierdo. El AEK también movía sus piezas para buscar, al menos, algún gol que equilibrase el duelo a 180 minutos.

Pero iba a ser el Rayo el que iba a volver a golpear. Una de las salidas franjirrojas al ataque terminó con un disparo de ‘Pacha’ Espino tras jugada personal. En el intento de tapar el espacio para que el balón no alcanzase la red, el defensor luso Filipe Reivas blocó el balón con la mano. Tras ser requerido por el VAR, el árbitro francés Benoît Bastien decretó la pena máxima. Y allí apareció Don Isaac Palazón, el Krillin de Cieza, con sus flechas de bronce, para espantar, matar a las aves carnívoras del Estínfalo y para dominar al toro salvaje de Creta. Y, ya, de paso, para entregarle a su Rayo una ventaja que se antoja muy cercana a lo definitivo de cara a la eliminatoria. El Rayo se había quitado los fantasmas griegos de la cabeza y consiguió terminar el duelo de ida de los cuartos de final con la sensación de que, si llegaba algún gol más, sería el cuarto vallecano antes que el primero de los atenienses. Lo intentó Alemão con un lanzamiento que se marchó por encima del larguero. También Ratiu y Camello, en un tiralíneas que a punto estuvo de picotear el lateral rumano ante la salida de Strakosha. También lo intentó, en la otra orilla, el AEK, que puso picante con un cabezazo cuya parábola a más de uno atacó al corazón.

El Rayo consiguió una nueva proeza, un nuevo hito en la historia vallecana. Los de Íñigo Pérez acarician con los dedos la posibilidad de su primera semifinal europea. ¿Quién iba a decírnoslo? El partido de vuelta será difícil, el Agia Sofia apretará con más de 30000 gargantas que creerán en la remontada. Pero el Rayo irá a la capital griega a plantar la bandera pirata y la franja roja en el Acrópolis. La mitad del trabajo, o algo más, está hecha. Los doce trabajos de Hércules que se disponía a acometer el conjunto franjirrojo ya son unos pocos menos. Pero el conjunto vallecano, con todo un barrio y una hinchada a su espalda, viajará a Grecia con idea de robar las manzanas del jardín de las Hespérides y de capturar al Can Cerbero. Si es necesario descender al inframundo, que nadie lo dude, lo harán. Ya lo decía Dom Cobb: una vez que una idea se instala en la mente, es casi imposible erradicarla.