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Dulce castigo

Dulce castigo

El Rayo cae ante el Samsunspor (0-1), pero clasifica a los cuartos de final de Conference tras la victoria en Turquía. Los de Vallecas cosechan la primera derrota de la historia franjirroja en competiciones europeas a pesar de haber gozado de multitud de ocasiones.

Nunca gusta una derrota, pero hay ocasiones en las que sienta menos mal que en otras. El Rayo aprovechó la ventaja cosechada en Samsun para avanzar a los cuartos de final de Conference. No fue un partido brillante, en absoluto, pero a veces también hay que masticar piedras para aprender a saborear la miel. Y el Rayo supo sufrir e incluso pudo alzarse con el triunfo de haber materializado alguna de las muchas ocasiones claras de las que gozó durante los noventa minutos.

Comenzaron los franjirrojos con ganas de poner tierra de por medio en la eliminatoria y no tardo Álvaro García en avisar con un tiro que se marchó alto. El Samsunspor, lejos de amilanarse, se defendió y en la siguiente tentativa Holse disparó desde la frontal a las manos de Batalla. Posteriormente, el arquero argentino se puso en la piel del Loco para recortar sobre Marius y hacer sentir un microinfarto a la hinchada vallecana. En la salida de esa boutade, el balón le cayó en los pies a De Frutos, que recortó, la reventó de zurda y obligó a Kocuk a una estirada fabulosa.

Se alternaban los acercamientos: Marius recibió un balón suelto en el centro del área y lo envió por encima del larguero mientras que, en la otra orilla, tras un contragolpe bien ejecutado por Pathé Ciss, el internacional Jorge de Frutos volvía a disponer de otra ocasión inmejorable en la que, nuevamente, el portero sacaba una mano excepcional.

El ritmo era altísimo y ambos equipos parecieron firmar una tregua momentánea y jugar algo más en la medular. Pathé Ciss se asociaba bien con las bandas y controlaba bien la línea de ataque rival junto a un Lejeune imperial que maniató a Marius en (casi) todo momento. Por su parte, el Samsunspor basaba todo en la habilidad de Cherif Ndiaye y Antoine Makomboy y el buen centrocampismo de su mediocentro Celil Yuksel. Hacia el descanso, el Rayo volcó el campo hacia el área otomana con varios balones colgados y disparos lejanos en las segundas jugadas. Sin embargo, el pitido final llegó tras un peligroso disparo de Marius desde la media luna que salió por la derecha de la portería rayista.

Tras el interludio se desató el Rayo. Los de Íñigo parecían decididos a terminar la eliminatoria y pudieron hacerlo en varias ocasiones. La tuvo Isi, clarísima, tras un gran pase a la espalda de Álvaro García. Volvió a tenerla el Krillin de Cieza con un potentísimo disparo ante el que el arquero turco sacó una mano espectacular. También gozó de una oportunidad inmejorable, aunque la estrelló contra el lateral de la red, Jorge De Frutos. Y en esas llegó el primer cambio de Íñigo Pérez, cuyo mensaje desde el banquillo fue el de protegerse: sustituyó a Alemão por Balliu para meter pulmones y repliegue. Y tanto había ido el cántaro a la fuente, que al final… gol del Samsunspor. Lo inesperado. Tras el carrusel de ocasiones rayistas, una buena pared entre Marius y Ndiaye culminó con el extremo senegalés delante de Batalla para batirle por bajo, fácil, con calma, y meter el miedo en el cuerpo a Vallecas. 

Despertó la grada, que supo darle a los suyos el aliento que les faltaba en las piernas. Pudo empatar Álvaro García con un remate de cabeza que sucedió a otra tentativa en la que no cristalizó el testarazo cuando estaba solo para empujar el balón. Otro cabezazo, esta vez en el área franjirroja, hizo temblar a la parroquia rayista. Marius se alzó por encima de Lejeune, en una de las pocas ocasiones en las que lo gobernó, pero su testarazo se marchó desviado. Al Rayo le empezaban a fallar las fuerzas cuando el Samsunspor se veía más cerca de igualar la eliminatoria. La sensación era de miedo e ilusión, todo en el mismo músculo. Puso Íñigo Pérez a Camello, Pedro Díaz y Óscar Valentín para darle frescura al equipo. Y los minutos siguieron transcurriendo sin muchas más ocasiones de ningún equipo, pero con el dominio visitante y la sensación de que si marcaba algún equipo serían los turcos. No obstante, Camello aguantó varios balones para darle oxígeno al equipo y, en su cabeza, atesoró las dos últimas ocasiones del duelo, sobre todo un remate en carrera que el guardameta turco desvió con una soberbia estirada a ras de suelo.

Finalizó el partido, respiró Vallecas, se acabaron los octavos de final y el Rayo cosechó su primera derrota europea en casa (no había perdido ni en la UEFA de 2000/01 ni en esta Conference), pero consiguió avanzar a los cuartos de final de la competición. Allí espera el AEK Atenas, el rival más duro hasta el momento, frente al que el equipo del barrio buscará la machada. El partido de vuelta ante el Samsunspor deja las mismas dudas y certezas que dejó el empate contra el Levante en la última jornada liguera: el Rayo tiene una plantilla demasiado corta y un equipo titular de muchas garantías, aunque últimamente da la impresión de que empiezan a flojear las fuerzas. Pero los sueños no entienden de cansancio y el corazón es el músculo más fuerte del cuerpo humano. Veinticinco años después, Vallecas vivirá unos cuartos de final europeos. Y, parafraseando ese dulce castigo al que cantaban Los Suaves, recuperado por Bukaneros en el tifo de la previa, el rayismo vive al borde de un sueño. ¡Y que nadie nos despierte!