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Vallecanas del adiós

Vallecanas del adiós

El Rayo cerró su campaña en Vallecas con victoria ante el Villarreal (2-0) en el adiós de Trejo. Los franjirrojos pelearán, en la última fecha, por una nueva clasificación europea.

Ya lo cantaba Manuel Garrido López en sus Sevillanas del adiós: “algo se muere en el alma cuando un amigo se va”. Y algo se nos murió a todos en el corazón cuando nuestro Trejo salió sustituido, por última vez en su carrera, en el Estadio de Vallecas. Muchos decían que el partido contra el Villarreal era el menos indicado para hablar de fútbol y que tocaba hablar solo de Trejo. Un notable error de apreciación teniendo en cuenta que el propio Trejo ES, en sí mismo, FÚTBOL.

Íñigo Pérez, un psicólogo con piel de entrenador de fútbol, le regaló al Chocota su última titularidad en Vallecas. Una despedida a la altura de un mito eterno para la franja roja que la hinchada rayista culminó con el precioso e impresionante mosaico con el que empezó a despedir al 8 en su minuto. La imagen quedará en la retina de todos los rayistas y, seguro, en la de Trejo y su hermosa familia. La banda del Chocota, pues así podríamos sobrenombrar a este grupo de amigos que juega a la pelota, salió decidida a regalarle al capitán su última victoria en el barrio. Y a punto estuvo Camello de aprovechar una indecisión de la zaga amarilla, a las primeras de cambio, para comenzar a encarrilarla. Cerca estuvo de conectar el remate el ariete delante de Arnau Tenas. Respondió el submarino amarillo con una doble acometida: un disparo lejano de Sergi Cardona que se estrelló en el núcleo del travesaño que defendía Batalla y un centro chut del lateral que se marchó desviado por no demasiado margen. El Rayo, lejos de amilanarse, se desperezó y buscó abrir el marcador con una transición rápida que Jorge De Frutos no consiguió más que enviar a las manos de Tenas.

Sin embargo, en una de las mejores combinaciones en la primera media hora, el Rayo filtró el juego por dentro y consiguió resquebrajar la pared del conjunto groguet. Esa maldita pared, que cantaba Bambino. Los laterales del Rayo combinaron, con Andrei Ratiu por dentro, y el rumano filtró un pase entre líneas para el delantero del riff. Esa maldita pared, yo la voy a romper cualquier día, seguían los versos de Bambino… y eso pareció pensar el propio Camello, que recortó y fusiló por alto, con suficiencia, al meta del Villarreal. El delantero chulapo está en un estado de forma en la que parece hacer bueno aquello de “balones al 10”. Golazo y primer abrazo con el eterno capitán, espectador de lujo del tanto de su compañero. Pudo el campeón olímpico redoblar su apuesta, pero su disparo, al borde del descanso, lo repelió con las piernas su compañero en aquella Selección Olímpica campeona y hoy rival.

El descanso sirvió para mirar la pantalla, escuchar la radio y empezar a hacer cálculos clasificatorios. Todo se estaba dando a pedir de boca de cara a la última jornada. Si todo continuaba así, el Rayo podría pelear por una plaza europea en el final de campaña, igual que ocurrió en la anterior. Sin embargo, tras la reanudación, el fútbol nos tenía reservado el gran momento de la noche. Todo comenzó con un fantástico robo de Óscar Valentín. El jefecito de Ajofrín nunca duerme. El capitán en funciones le cedió el esférico al CAPITÁN, oh, capitán, mi capitán. Chocota miró a los lados, dejó pasar unas milésimas de segundo como solo él sabe y asistió a Alemão, que se desmarcaba a su izquierda. El Capitán Brasil no tembló ante Tenas y picó el balón por encima del arquero del conjunto castellonense para ampliar la ventaja y contribuir a que Óscar Trejo se despidiese con una asistencia, la acción futbolística que más y mejor le ha definido durante su carrera. El brasileño le regaló al argentino una preciosa fotografía cuando, en la celebración, se arrodilló para “sacarle brillo” a una bota derecha que podría enmarcarse en ese museo del rayismo que todos albergamos en nuestra memoria.

Continuó el Rayo con hambre y estuvo cerca de ampliar la ventaja ante un Villarreal ya entregado. Camello lo intentó con un lanzamiento lejano que se marchó por encima del larguero mientras que Alemão también lo buscó, pero esta vez se encontró con Arnau. Y en esos lances andaba la batalla cuando se pactó la tregua más bella que podría escribirse. Trejo se marchaba, por última vez, de su Vallecas, de su casa, de su césped, con esa franja que ha hecho suya durante tantos y tantos años. Veinte años no es nada, según Gardel, pero han dejado lugar a tantas y tantas memorias… El Villarreal, señor, se unió al Rayo Vallecano para despedir al 8 con un pasillo que lo encaminó hacia el abrazo con el arquitecto Íñigo Pérez. Lloraba el Choco y llorábamos todos, externa o internamente, porque sabíamos que despedíamos a uno de los nuestros. Un amigo. Un tipo que, más allá de todo lo que ha regalado con su fútbol, se ha hecho grande en todas las reivindicaciones de su gente y ha defendido el rayismo por encima de todo y de todos, incluido un presidente que lo ha ninguneado en más de una y de dos ocasiones y que hoy quiso sumarse, tarde, a una despedida que ya no le correspondía.

La salida de Trejo dinamitó la poca intriga que le quedaba al resultado. El Villarreal había entregado la toalla y el Rayo no buscaba hacer más sangre. No obstante, el vasquito Unai López se sacó de la chistera una trivela para poner en las escuelas de fútbol y un Jorge De Frutos que no atraviesa su mejor momento estuvo cerca de reencontrarse con el gol. Su volea fue rechazada por un Arnau Tenas que se convirtió en el jugador de su equipo que más veces entró en contacto con el balón. Vallecas tenía guardada otra ovación para Santi Comesaña. La hinchada vallecana le recordó al gallego que una vez uno di noi, siempre uno de los nuestros. Devolvió el aplauso el genio de Coruxo minutos antes de que su sustituto, Thomas Partey, firmase el primer disparo a puerta amarillo. Emergió Batalla para dignificar la profesión del guardavallas, siempre conectado al partido. En la respuesta franjirroja, Jorge De Frutos sirvió el 3-0 en bandeja a Fran Pérez con un pase de la muerte que solo precisaba empujar levemente el balón. Pero el extremo valenciano lo empujó con excesiva fuerza y el balón se marchó a las nubes cuando Vallecas se preparaba para cantar el tercero. Nuevamente De Frutos, que se enchufó en el tramo final, estuvo cerca de concretar otra gran jugada individual, pero no pudo cerrar su pase atrás para encontrar un rematador.

Se enchufó también el conjunto de Marcelino en los minutos de descuento gracias a un superclase como Ayoze Pérez. El canario remató un córner que chileneó en el rechace Thomas Partey y, después, dejó una jugada personal preciosa que Mumin salvó con una acción defensiva espectacular. Como también lo fue la mano que le sacó San Augusto Batalla a Santi Cardona en el último remate a portería del partido. El santo de Hurlingham demostró, otra vez, porque es uno de los mejores guardametas de La Liga con otro paradón de valor gol. El pan suyo de cada día.

Finalizó el partido con una victoria incontestable del Rayo, que peleará en la última jornada por una nueva clasificación europea. Si el Getafe no gana a un Osasuna que peleará por la permanencia, le bastaría un empate a la franja. Si el Getafe empata, necesitará ganar a un Alavés que esta noche alcanzó la permanencia matemática al vencer en Oviedo. Las calculadoras ya arden de cara al sábado. Y Vallecas continúa viviendo ese sueño del que nunca quisiera despertar. Ese sueño bello y precioso que todos esperamos que culmine con un Trejo victorioso y exultante. Porque hoy tocaron a rebato las vallecanas del adiós. Pero en tu caso, Chocota, eterno emblema, Capitán del Santa Inés: Vallecas siempre entonará un cariñoso “hasta pronto”.