El Rayo empata con el Girona (1-1) y deja escapar dos puntos de Vallecas tras ponerse por delante en el 85. Partido pobre, sin tensión competitiva y gris en líneas generales.
Por definición, la “distensión” sería la “acción y efecto de distender”. El DRAE admite como sinónimos la relajación, el alivio, la laxitud y unas cuantas palabras más que, perfectamente, podrían retratar el partido disputado entre Rayo y Girona en Vallecas. Algo raro dadas las circunstancias de ambos equipos: un Rayo finalista europeo, sin lograr aún la salvación matemática y con serias opciones de competición europea y un Girona que vive peligrosamente mirando al abismo.
Sin embargo, sobre el césped de Vallecas también era lunes y ambos equipos salieron distendidos, perezosos, apáticos y sin ningún tipo de tensión competitiva. Íñigo Pérez introdujo los cambios de Camello por Alemão y de Fran Pérez por ‘Pacha’ Espino. Y no ocurría nada. No es una hipérbole. Llegó el ecuador del partido y no había habido una sola acción destacable sobre el verde.
La primera ocasión clara del duelo la puso sobre la mesa el Girona. Tsygankov aprovechó un espacio en la defensa para colarse, regatear a Batalla y disparar a gol. Pero, cuando el lanzamiento salió de sus botas, apareció Óscar Valentín que, lanzándose al piso, le negó el 0-1. El Rayo no apareció por el área de Gazzaniga hasta los compases finales de la primera parte. Entonces se elevó la figura de Camello con un cabezazo franco que se marchó desviado por poco y con una finalización muy blandita tras una buena carrera con balón, que Gazzaniga desvió abajo sin demasiada intriga.
Así finalizaba una de las primeras partes más inocuas, insulsas y aburridas de la temporada. Todo parecía destinado a las tablas. El ambiente era muy frío en Vallecas. Tras el interludio pudo el Girona aprovechar un grosero error de Pathé Ciss, pero Tsygankov erró una volea cuando estaba solo para batir a Batalla, que ni tuvo que intervenir, solo mirar el balón marcharse muy lejos de su arco. El partido era tan flojo que el árbitro tuvo tiempo de abrazarse a la inventiva. Los colegiados, que llegan a Vallecas locos por ser protagonistas. Se inventó esta vez una mano de Óscar Valentín que solo existió en su imaginación, aunque, por suerte, el VAR le corrigió a los segundos, dejando en ridículo, nuevamente, el paupérrimo nivel de los trencillas en el fútbol español.
El partido era una tregua. El Girona había irrumpido al segundo acto con algo más de nervio y tensión, pero tampoco demasiado. Las únicas intentonas de ambas escuadras llegaban con lanzamientos muy lejanos que, normalmente, apenas tenían relato. Un remate de Roca para la palomita de Batalla, un tiro lejano de Alemão que se fue muy alto o un libre directo de Lejeune repelido por Gazzaniga fue lo único que sacó al duelo de la monotonía. Hasta que, en otro lanzamiento lejano de Unai López, que aprovechaba una buena asistencia de Carlos Martín, el Capitán Brasil decidió hacer la del pillo del colegio. Metió Alemão la punterita para desviar el balón lejos del alcance de Gazzaniga y poner al Rayo en la séptima plaza a falta de tres jornadas. Pudo ampliar la ventaja el conjunto franjirrojo, pero Gumbau envió a las nubes un magnífico servicio de ‘Pacha’ Espino desde la banda. La tranquilidad y la posibilidad de un nuevo sueño europeo vía Liga estaban ahí. Pero, entonces, un monstruo vino a vernos. Nobel Mendy. Otra vez. Cinco minutos le bastaron al central para dinamitar otra victoria franjirroja. Todo el estadio había visto que el balón que dejó pasar venía de un compañero. Pero, en lugar de despejarlo a la banda, decidió dejarlo salir concediendo un córner. Evidentemente, en el centro del área iba a emerger Christian Stuani para rematar de cabeza y poner en el electrónico unas tablas que, en realidad, eran más que justas y fueron durante todo el tiempo la única aspiración de un partido pobrísimo en todos sus aspectos. En honor a todas nuestras abuelas y madres: ni chicha ni limoná.
















