Victoria importantísima y de gran solvencia del Rayo en Getafe (0-2). Íñigo Pérez rotó y los menos habituales brillaron para llevar la permanencia virtual a Vallecas y poner el foco en Estrasburgo. Partidazo descomunal de un Sergio Camello en estado de gracia.
Cuando era joven (o más joven, mejor dicho) y jugaba fútbol sala federado en Madrid había un partido que siempre marcábamos en el calendario: la visita a Simancas. Cuando íbamos a jugar en aquel barrio del distrito de San Blas-Canillejas sabíamos que nos esperaba la guerra. Literalmente. Empezaba el partido y nos insultaban, nos amedrentaban, nos pegaban, se encaraban constantemente con los árbitros y tenían un entrenador que, además de incitar y alentar todas esas actitudes, se convertía en un tipo malencarado y violento en cuanto el árbitro pitaba el inicio del encuentro. Tuve el placer de disfrutar de aquellos partidos defendiendo a dos equipos diferentes, durante varias temporadas, y, con ambos, la radiografía de los partidos fue exactamente la misma. El Simancas no era muy bueno, pero era dificilísimo de ganar, sobre todo en su casa. Pero ¡ay! cuando ganábamos… ¡qué bien sentaba la victoria!
La verdad es que, a pesar de lo complicado que era, y de la batalla en la que se convertía, me gustaba bastante ir a jugar aquellos partidos en territorio hostil. Cuando veo al Rayo visitar Getafe me acuerdo de aquellos partidos en Simancas. En realidad, me acuerdo cada vez que veo al equipo azulón, pero lo sufro más, evidentemente, cuando son los míos los que visitan el Coliseum. Sin embargo, tengo la sensación de que al Rayo le sucede lo mismo que a mí: se crece en territorio hostil y la visita a Getafe se convierte en un día para disfrutar.
Venía leyendo, en varios tweets de seguidores azulones, las ganas que tenían de, literalmente, «descender al Rayo y lesionar a varios jugadores» para la vuelta de las semifinales de Conference League. Supongo que las entreguerras sacan la peor versión de cada ser humano. Cada cual con lo suyo. Quizás esa ansia y esa violencia soterrada fue lo que llevó a Luis Vázquez a agredir a Balliu impunemente y con la connivencia del colegiado, que debió mostrarle la tarjeta roja, pero se hizo el sueco.
El Rayo, que supo que Estrasburgo merece mucha más atención que Getafe, pese a que triunfar en el Coliseum significaba atar la permanencia, reservó a sus grandes piezas para el jueves. Íñigo Pérez había alineado un once de garantías, pero con muchas modificaciones. La más destacable, quizás, fue la inclusión de una doble punta de lanza en la que Camello partía como mediapunta y Alemão lo hacía como ariete. El movimiento fue indetectable para la defensa azulona, a merced de ambos durante toda la primera parte. El Rayo y el Getafe se medían en un duelo con mucha fricción en el que Davinchi agredió a De Frutos, al que hizo un corte en la cara, para después irse, como poseído, a recriminarle Dios sabe qué sin que el árbitro, nuevamente, hiciese nada de lo que debería. Pudo abrir el tanteo el conjunto franjirrojo, pero al ‘Pacha’ Espino se le vieron las costuras en ataque y que no es delantero: se enredó el uruguayo con el balón cuando conducía hacia el arco rival.
Pasada la media hora, Arambarri, que había dicho en la ida que el Rayo era el peor Rayo en muchos años, le dio una asistencia de oro a Camello con un nefasto control en la medular. El delantero rayista se quedó solo en carrera contra un David Soria que estaba adelantado esperando el pase de su compañero. Todo parecía indicar que Camello emprendería una carrera contra el propio Arambarri y, en el camino, pensaría qué hacer para batir a David Soria. Pero no. El 10 rayista, que desde que se ha puesto esa coletilla parece poseído por el fútbol de Roberto Baggio, decidió que sobrepensar es siempre la peor opción y optó por una preciosa rosca lejana y ajustada al palo. Nada pudo hacer Soria frente al genio del delantero chulapo. Il Divino Cammello tomaba Getafe. Anotó il Codino el segundo tanto, aunque, consciente de que Alemão había tocado el balón con la mano, ni celebró la hazaña de batir a Soria por segunda vez.
Tras el descanso, Bordalás introdujo un triple cambio y el Getafe mostró otra cara, encerrando un poco más al Rayo en su campo durante los primeros minutos. Y en esas andaba el partido cuando Batalla salió a por uvas e impactó con sus dos puños sobre el rostro de Luis Vázquez. El arquero le devolvió con creces la intencionada patada sin balón que le había propinado el delantero a Balliu en el primer acto. Poesía, justicia poética, llámenlo como lo quieran, pero, aunque suene mal, podría estar viendo y degustando ese puñetazo durante horas. Todos tenemos ese lado malo y vengativo en nuestro interior. Arambarri, que andaba loco por llevarse el MVP de la franja, cogió el balón, como es costumbre, pero San Augusto se le hizo enorme en la portería. Lo detuvo y lo festejó ante la mirada perdida del uruguayo. Mucho estamos tardando los rayistas en distribuir estampitas con la imagen de este santo.
Tras el penalti, Íñigo Pérez llenó los vacíos que notaba en su equipo y enmendó el cansancio de un plantel que empezaba a acusar el cansancio. Y qué bien le sentaron los cambios al conjunto vallecano. Randy Nteka llevaba apenas unos minutos sobre el césped cuando recogió un pase del dandy Gerard Gumbau -gran partido ayer- y aprovechó la falta de contundencia de Duarte para dejarlo sentado, en una fotografía de póster, y disparar duro y batir a David Soria con algo de fortuna, ya que su lanzamiento tocó en Abqar, un defensa cuyas limitaciones futbolísticas le hacen estar siempre más pendiente de la gresca que del juego.
El Rayo de Íñigo Pérez había vuelto a domar al arisco Getafe de Pepe Bordalás. Y lo hizo con una doble victoria: en el fútbol y en el “otro” fútbol. Los franjirrojos hicieron gala de su vallecanía para enseñarle al Getafe que siempre hay alguien más malote que tú y que todos sabemos jugar ese otro fútbol, papá, lo que provocó las amargas quejas de un Bordalás que es adalid de esa forma de jugar. Parece que cuando se lo hacen a uno ya no gusta tanto. El Rayo mató el partido y amarró tres puntos más en su carrera de fondo. Victoria trabajada e importantísima para sellar la permanencia en un escenario siempre hostil, no por el ambiente en sí, que fue bastante light, por ser benévolos, sino por la siempre dura puesta en escena de la escuadra local. La franja se sitúa con seis puntos de ventaja sobre el descenso, en el peor de los casos, y a solo dos de los puestos europeos gracias a un nuevo triunfo (y van…) en su particular Simancas.






