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Gaviotas en Sunderland

Gaviotas en Sunderland

El Rayo se impuso al Sunderland AFC (0-3) en el Stadium of Light. Los franjirrojos vencieron cómodamente a un equipo local que jugó sin sus grandes incorporaciones.

Texto: Jesús Villaverde / Foto: Rayo Vallecano

“And it’s Sunderland, Sunderland AFC, we’re by far the greatest team the world has ever seen…”. Así reza uno de los cánticos más famosos de la afición de los Black Cats, un cántico que, seguramente, sonase más fuerte que nunca en Wembley el pasado 24 de mayo tras lograr el ascenso a la Premier, en el descuento de la final frente al Sheffield United, tras ocho años de travesía en el desierto.

Sin embargo, muy lejos estuvo el Sunderland de ser ese equipo del cántico frente al Rayo Vallecano. No, no fueron el mejor equipo de fútbol que el mundo haya visto. Al otro lado del campo, el equipo de Íñigo Pérez se presentó en la ciudad marítima del noreste inglés con la idea de plantarse bien y ser dominador del esférico ante un equipo en el que no jugaron ninguno de los fichajes de relumbrón que los Black Cats han realizado para su retorno a la Premier. Ni un minuto para los Reinildo, Xhaka, Sadiki, Talbi, Adingra o el recién aterrizado Marc Guiu, entre otros.

Comenzó a gobernar el partido el Rayo Vallecano muy pronto, con combinaciones interesantes desde la medular, gobernada en la primera mitad por el buen tándem formado por Trejo y Pedro Díaz, que se entendían y repartían bien el juego hacia los costados. Desde allí aparecían nombres como Balliu, Pep Chavarría o Jorge de Frutos para aprovisionar balones a un Nteka que, además de su rol físico tradicional, comienza a erigirse como un puntal asociativo gracias a la idea de Íñigo.

A los dieciocho minutos, una de esas combinaciones cayó en las botas del delantero franco-angoleño, que lo empujó mansamente a las manos de un Patterson que iba a tener bastante trabajo en una tarde soleada en Sunderland. Esta acción franjirroja fue el preludio del 0-1. Pedro Díaz, muy activo tanto en tareas asociativas como en la presión, robó un balón en la frontal del área y lo introdujo hacia la zona de castigo para que el propio Nteka viese desmarcado a De Frutos y le regalase un gol para empujar. Se adelantaba el Rayo en el Stadium of Light.

Los minutos posteriores al tanto vallecano fueron de afianzamiento. Los franjirrojos, estrenando ayer la tercera equipación, eran dueños del juego, del balón y del tempo del partido. Su puesta en escena era bastante depurada ante un equipo que salía tímidamente al ataque cuando conseguía robar. En uno de esos acercamientos, buscó la portería de Batalla por partida doble, aunque los delanteros rojiblancos se estrellaron contra Lejeune y Unai López en su ocasión más peligrosa de la primera mitad.

Y llegó el momento de las tarjetas amarillas. La primera se la llevó Pep Chavarría, por protestar una acción del colegiado y desplazar el balón como muestra de desacuerdo, pero antes tuvo que verla el extremo ex gironí Patrick Roberts por una fea entrada a destiempo sobre el lateral zurdo del Rayo. El primer acto cerraba el telón con un centro raso y manso de Balliu a las manos de un Patterson bien colocado en todas sus acciones.

Regresaron las elásticas tras la pausa, aunque los portadores ya eran otros. El Rayo cambió por completo su alineación. Además de los jugadores, volvieron las gaviotas. El Stadium of Light se llenó de aves en la segunda mitad, en una imagen curiosa y pintoresca. Nada más comenzar la segunda mitad, el Rayo sentenció el duelo con un buen gol de Pacha Espino tras una pérdida local en la zona de salida. El lateral uruguayo cruzó un fuerte disparo que tocó el palo y ante el que nada pudo hacer Patterson.

Solo tres minutos después del 0-2, un recién ingresado Álvaro García se plantó solo delante del arquero del Sunderland, pero un magnífico pie de este evitó el 0-3.

El partido se había vuelto algo más loco, con dominios alternos y algo más de empuje de un Sunderland que buscaba anotar algún gol ante su afición. Íñigo Pérez dio entrada a una de las sensaciones de esta pretemporada: Becerra recogió el testigo de un solvente Pedro Díaz. Apenas en la jugada siguiente, el Rayo anotaba el tercer y definitivo gol de la tarde. Gerard Gumbau efectuó un magnífico centro al segundo palo, Álvaro García quiso bajarla para Isi, que, pese a que un defensa obstruyó la combinación rozando el esférico, fusiló a un impotente Patterson que, nuevamente, recogía el balón de su red. Quería más el pequeño buda de Cieza; en la jugada siguiente, tras un funambulismo de Álvaro García sobre la línea de fondo, estuvo a punto de anotar el 0-4, pero lo evitó un defensa cuando el meta ya estaba batido por completo.

A partir del tercer tanto franjirrojo, llegó el momento de Batalla, que sin ser absolutamente determinante se ganó la mención como actor de reparto. Justo antes, el canterano Marco de las Sías volvió a defender la camiseta del primer equipo ocupando el lugar de Luiz Felipe en el centro de la zaga. Tres ocasiones de los Black Cats hicieron aparecer a Augusto Batalla, que hasta el momento había entrado más en juego con los pies que con las manos. El guardavallas bonaerense se empeñó en mantener su portería a cero y salvó un disparo raso, primero, un intento de regate tras una delicada pérdida de Pathé Ciss en la medular y, por último, otra ocasión en la que el delantero se quedaba ya solo para marcar para adornar el marcador en los minutos más caóticos, con más errores no forzados y menos intensidad de los noventa. Curiosamente, durante esos lances de caos, las gaviotas sobrevolaban con más ganas el cielo raso de Sunderland.

Así concluía la visita del Rayo Vallecano a uno de los clubes con más carisma del fútbol británico. Un amistoso que, con total seguridad, jamás aparecerá en una docuserie de Netflix contra una escuadra que, tras un periplo de ocho años que lo condujo hasta el tercer círculo infernal del fútbol inglés, la EFL League One, volverá a estar en el foco en la temporada de su regreso a la máxima competición británica. Mientras, el Rayo también vivirá la temporada de su retorno a competiciones europeas. Pero eso ya es otra historia.