Los ladrones van a la oficina… pero el pueblo los rechaza con honor
El Rayo rescata un punto ante el Barcelona (1-1) en un partido marcado por un nuevo error clamoroso del colegiado en contra, como siempre, del equipo vallecano. Partidazo de los de Íñigo Pérez, que anularon al vigente campeón de Liga y lo dominaron.
Que ese estamento que llaman La Liga está podrido es algo que cualquiera con ojos habrá podido ver hace ya mucho tiempo. Que el fútbol español está preparado para los equipos grandes, también. No importan cuántos cadáveres deportivos queden a su paso. Pero ayer, en Vallecas, quedó claro que, curiosamente, siempre se aprovechan de esa podredumbre las mismas alimañas carroñeras.
La visita del Barça siempre es difícil por una variedad de razones: son mejores, manejan presupuestos infinitamente mayores, son clubs con infraestructuras inalcanzables y… todo lo demás, que cada cual rellene el hueco con la razón que considere más oportuna.
El Rayo Vallecano comenzó algo dubitativo y nervioso sobre el césped del templo franjirrojo. Un tiro de Lamine Yamal muy centrado dio paso a un desentendimiento entre Unai López y Pathé Ciss propició un susto en los pies de Raphinha, que envió desviado el balón picándolo contra el suelo. Las dos ocasiones espolearon a los locales y una buena pared entre Álvaro García y Pep Chavarría estuvo a punto de cuajar en la primera ocasión clara para los de Íñigo Pérez. El que sí la gozó fue Andrei Ratiu. Tras una gran jugada entre Chavarría y Álvaro, que pasaron por encima de Koundé durante todo el duelo, el lateral rumano, solo en la posición de 9, estrelló el balón contra el pecho de Joan García.
La única ocasión del Barcelona llegó en una contra en la que Raphinha ofreció un gran pase de la muerte al que no llegó Ferrán. En la siguiente jugada, De Frutos calcó la jugada y no pudo concretar un pase a Isi por milímetros. El Rayo era absolutamente dominador y manejaba el balón, el tempo del partido y a todo el Barcelona a su antojo. Ese genio del fútbol mundial que maneja al Rayo desde la banda y que se llama Íñigo Pérez estaba enseñando la manera en la que jugar contra este Barcelona: presionar la circulación de balón sobre Pedri y colocarle a Lamine Yamal a un hombre encima que sepa usar el cuerpo. No hay más. En la zona de ataque, lanzar constantemente balones a la espalda de la defensa blaugrana, paupérrima en Vallecas con la presencia de Eric García y Christensen, que, no obstante, sacó una volea de Isi con una acción defensiva fantástica. El Rayo estaba bailando al Barça a su antojo sobre el verde e Íñigo Pérez hacia lo propio con Hansi Flick desde el apartado técnico. No rastro del Barcelona dominador y creativo al que estamos acostumbrados.
Y entonces se inauguró un nuevo circo de esa basura poco seria (Frenkie De Jong dixit) a la que llaman La Liga.
Lamine Yamal se adentró en el área franjirroja, recortó y, cuando Pep Chavarría le había ganado la posición, notó el ligerísimo contacto residual y se dejó caer descaradamente, demostrando una vez más que es un deportista lamentable.Se retorcía en el suelo, incluso, como si hubiese sufrido una lesión. El árbitro decretó penalti, como solo podía pasar en el área si era a favor del Barcelona. No tuvo duda y se mostró, además, bastante chulesco y poco dialogante. Tanto que llegó a amonestar a varios jugadores rayistas antes del lanzamiento para, después, en el descanso, reconocer el error a los mismos jugadores a los que había acribillado a amarillas, como comentó Isi en los micrófonos de DAZN. Busquets Ferrer se llama, por cierto; tendremos que apuntar los rayistas su nombre para darle el recibimiento amistoso que se merece cuando vuelva a Vallecas.
Lo lógico es que el VAR hubiese entrado, porque el penalti es un ATRACO A MANO ARMADA. Pero, casualmente, el VAR no funcionaba en Vallecas, lo que muestra a las claras que este duelo no tendría que haberse jugado, puesto que, desde el momento en el que ocurre eso, la competición está claramente adulterada. Todo lo que ocurrió a partir de aquí ni siquiera deberíamos contarlo. Pero el acto heroico del Rayo merece una crónica. Lamine Yamal anotó el penalti engañando a Batalla mientras Íñigo Pérez no daba crédito al tremendo atropello que se acababa de perpetrar en su casa. De fuera vendrán y en tu hogar te robarán.
Con la bronca se llegó al descanso y el jaleo arbitral provocó que se hablase poco del tremendo baño que el Rayo le había dado al Barcelona en lo referente a lo futbolístico. Flick quiso cambiar el juego por bandas de su equipo con la entrada de Rashford y añadió a Fermín para ayudar a Pedri en la combinación medular. Por su parte, Íñigo puso pronto en liza a Fran Pérez. Tras la reanudación, el Rayo volvió a salir en la misma dinámica y avasalló al rival. Y llegó a anotar tres goles sobre la meta de Joan García, aunque solo uno de ellos tuviese validez. El primero lo marcó De Frutos, tras un robo de Álvaro García ante la horrible salida de balón de Eric García. Ajustó bien el falso 9 rayista, pero en posición antirreglamentaria. Sin embargo, solo dos minutos después, se hizo la justicia poética. La víctima del atraco se deshizo del atracador y consiguió recuperar lo que este le había arrebatado por la fuerza. Un córner magistralmente sacado por Isi Palazón al segundo palo desató la locura. Un grosero error de marcaje de Balde y la terrible pasividad defensiva de Lamine Yamal, que observaba la jugada desde la lejanía, como el compañero que nunca cooperaba en los trabajos grupales y después se quería llevar el mérito, dejaron solo a Fran Pérez. El extremo colocó el interior del pie para darle fuerza a la volea con elegancia y clase y enviar el balón contra el larguero y el piso, sobrepasando la línea y acariciando la red de la portería de Bukaneros. Éxtasis, Vallecas desatada. Y Batalla, en la otra orilla, resumiendo en su jerga una nueva machada del conjunto vallecano: “así tenemos los huevos, así de grandes tenemos las pelotas”. Desde aquí, este cronista espera que a Raúl Santiago Martín Presa no le hayan ofendido estas palabras un tanto soeces del guardavallas franjirrojo y esperamos que entienda que es solo una forma de hablar y no se tome el uso del lenguaje de manera literal.
El partido estaba claramente decantado hacia la portería defendida por Joan García, sin duda el mejor de los suyos. El Barça no tenía armas de ningún tipo ante la propuesta intensa de Íñigo Pérez y Lamine Yamal se pasaba la mayor parte del tiempo encarándose con el público y los rivales, completamente anulado del terreno de juego por un Pep Chavarría que desinfló todos sus aires de grandeza. El extremo internacional con España, con calidad de sobra para convertirse en uno de los mejores jugadores del mundo, se ataca en exceso cuando algo no le sale. Y es ahí cuando sale a relucir el tipo de persona, soberbia, chulesca y engreída, que hay bajo la piel del deportista. Tristemente, y ayer lo volvió a demostrar, el 10 del Barça podría haber elegido ser el heredero de Messi, pero ha decidido ser una versión de marca blanca de Neymar Jr. Sin el apoyo en banda de Yamal, Pedri -qué jugadorazo- no encontraba socios y el juego creativo del Barcelona moría en botas de un imperial Lejeune, que incluso se permitió darle una masterclass de como defender a Lewandowski durante los minutos que el polaco estuvo sobre el terreno de juego. Florian Légende volvió a ser un pilar en el juego defensivo, pero también en el combinativo, lanzando numerosos ataques a la espalda del rival, defendida de forma horrible durante los noventa minutos.
Tras el 1-1 aterrizó en Vallecas la versión del Rayo unchained. La franja roja buscó el gol que decantase la balanza a su favor, la redención total. Su dominio era indiscutible y sus jugadores se desencadenaban en hordas ofensivas hacia el área culé. La tuvo Ratiu, que quiso regatear a Joan García sin éxito cuando estaba ya solo con el meta. Sin embargo, en la única ocasión que logró materializar el conjunto vallecano, por mediación de Camello, había fuera de juego y, esta vez sí, ¡sorpresa!, había VAR. Para unos sí, para otros no; así podríamos haber titulado esta crónica si no nos hubiésemos decantado por algo más explícito. De nuevo lo sentimos, querido Raúl, si ha herido tus delicados y nobles sentimientos.
Lo intentó incansable el Rayo, cuyas dos ocasiones más claras fueron desbaratadas por Joan García, al que encumbran como si fuera Lev Yashin, pero que en realidad solo tuvo que poner el cuerpo. Primero para atajar un fallo clarísimo de Jorge De Frutos, que estrelló el esférico contra el torso del guardameta cuando este ya estaba vencido en el suelo. La que sí tuvo que repeler y lo hizo salvando un punto a su equipo fue un remate durísimo de Fran Pérez en el 89, que en el rechace pudo introducir Camello, pero no conectó bien al balón y la envió, mansa, a las manos del portero catalán. La segunda mitad evidenció la necesidad del Rayo de incorporar un delantero que amarre esas ocasiones tan meridianas y gane estos puntos.
No hubo tiempo para más: el Barça se fue dando gracias al VAR y a sus amigos, los árbitros, y el Rayo salió ovacionado, nuevamente, por una afición fiel y entregada, que sufre en el campo, pero lo hace mucho más por todo lo que le llueve desde fuera, más concretamente desde el palco. Orgullo vallecano en un día en el que quisieron robar a la gente del barrio, pero el pueblo defendió lo suyo con uñas y dientes para recuperarlo.


















