El Rayo consigue un triunfo importantísimo ante el Jagiellonia (1-2) en el Estadio Municipal de Białystok. Los franjirrojos obtienen su primera victoria europea lejos de Vallecas y se aseguran, como mínimo, una eliminatoria continental.
Sucede que ha muerto el Robe y con su partida se ha ido un refugio y un pedazo de nuestras adolescencias. Sucede, también, que el Rayo, otro de nuestros refugios, pareció dispuesto a homenajear al artista y a su afición, que no solo vive del aire y necesita su alegría.
¿Y quién mejor para un homenaje a Extremoduro que Sergio Camello? El delantero que celebraba sus goles con un riff de guitarra, el futbolista alternativo, que lee, que tiene inquietudes y que, como Roberto Iniesta, habla sin tapujos sobre las cosas que otros no. Recogió el punta un centro de Álvaro García para empujarlo a gol con suavidad. Se le ponía de cara el duelo a los franjirrojos ante su rival más fuerte. Pudieron, incluso, aumentar la ventaja con dos remates al palo y un cabezazo de un Camello unchained que se erigía, sin duda, como el dandy de los primeros compases.
El Rayo anulaba al Jagiellonia y se mostraba impío en el dominio del balón y el tempo del partido. Una jugada de Isi, tras robo de Pathé Ciss, no culminó en peligrosa por un error milimétrico en el pase del de Cieza, un lanzamiento lejano de Andrei Ratiu se marchó ligeramente desviado y la incertidumbre se apoderó de todos cuando el árbitro revisó un posible codazo a Lejeune que terminó en nada porque no lo era.
Y cuando el descanso se veía, a lo lejos, en el horizonte, un error de Pep Chavarría, que no despejó cuando la acción era clara y cometió falta en las cercanías del área de Batalla, derivó en la típica jugada aislada que acaba en gol. San Augusto despejó con dificultad la pelota bombeada a sus dominios, pero en el rechace, Jesús Imaz consiguió sobrepasar con habilidad y un toque sutil la muralla vallecana. Como en el partido contra el Valencia, el Rayo volvía a ver como su rival empataba en la primera jugada de peligro. Y todavía tuvo que agradecer que el Jagiellonia no se marchase por encima en el tanteo al descanso, gracias a otra falta evitable, esta vez de Pathé Ciss, en cuyo rechace rozó Vital el gol polaco.
La segunda mitad comenzó con un Jagiellonia que empujaba y trataba de avasallar a los de Íñigo Pérez. Jesús Imaz estuvo a punto de aprovechar una pérdida de balón de Chavarría, pero su remate se alejó desviado por encima del larguero. Pululu también quiso probar suerte, pero no ganó la lotería y desvió demasiado un disparo lejano. Y justo cuando el partido y las fuerzas parecían equilibrarse, el ‘Pacha’ Espino encontró los besos que nos debe y se inventó un soberbio golazo para guardar en una cajita. Desde luego que si hay algo que no se le puede negar al uruguayo es osadía: le sobra el valor que le falta a mis noches. Si tiro o centro, solo él lo sabe, pero lo cierto es que el esférico se coló por la única grieta que se vislumbraba en la pared. Un gol que seguro que, para siempre, vivirá mirando una estrella en estado de espera. Una diana para espantar los fantasmas de jornadas pasadas. Se paró el aguacero, ahora somos flotando dos gotas, que diría el poeta.
Con el segundo tanto, el Rayo pareció quitarse presión y empezó a controlar algo más el juego. Íñigo Pérez había ganado algo de profundidad y dominio con los cambios y su equipo se mostraba más fresco. Tanto fue así que el Jagiellonia pudo ver como Fran Pérez perdonaba el 3-1 en la salida de un córner y apenas hizo peligrar los intereses franjirrojos, pese a mostrarse más ofensivo en el último cuarto de hora. Solo Rallis, en la última jugada del duelo, puso picante a la victoria rayista en Polonia con un remate que salvó Chavarría poniendo el cuerpo por bandera. El Rayo conseguía achicar bien los espacios y no sufrir en exceso en un campo muy complicado. Los franjirrojos vuelven a escalar posiciones y se aseguran, al menos, una eliminatoria europea más. Vallecas decidirá en qué ronda se juega, pero no hay duda de que en esa escalera que es el día a día rayista, los de Íñigo Pérez se la pasan entera mirando el siguiente escalón. Un equipo que, a pesar de las dificultades, siempre sabe sacar la cara y partírsela para continuar; una franja roja que va consiguiendo que su voz sea tan fuerte que, a veces, retumbe en las montañas.

















