Un Rayo B desaparecido cae estrepitosamente goleado en casa del CDC Moscardó (4-0) y se hunde aun más en los puestos de descenso.
Hay malas rachas futbolísticas, malos momentos en lo que todo lo que rodea a un equipo parece estar muy negro. Y a veces, lejos de poder esclarecerse, todo apunta a que se va a oscurecer aun más si cabe. En un partido jugado de espaldas al fútbol, el Rayo B sufrió su enésimo revolcón en forma de una sonrojante goleada del CDC Moscardó.
Negros nubarrones que parecían premonitorios acompañaban a la mañana futbolística en el barrio de Usera, donde en el Estadio Román Valero se había de disputar una batalla a muerte por optar a la permanencia en Segunda Federación. A este choque llegaba el Rayo B de Jorge Vallejo en su peor racha de resultados que se recuerda, encadenando 7 derrotas seguidas y mirando desde abajo a la salvación. Recibiendo al filial estaba el CDC Moscardó dirigido por Julio Cidoncha, que llegaba con ganas de alegrar a su afición tras sufrir una dolorosa derrota en Quintanar del Rey que cortó su escalada en su lucha por salir de la zona más profunda de la tabla.
Desde el comienzo del encuentro parecía que solo había un equipo sobre el campo. El hambre que debían tener ambos conjuntos por su situación clasificatoria parecía tenerla solo el cuadro local. Bien pronto el Moscardó arrincono en su área al filial franjirrojo, que vestía la camiseta de la tercera equipación junto a pantalones y medias de la primera, en una combinación tan desconcertante como el partido que realizó el equipo. El continuo acoso y bombardeo sobre el área visitante apenas tardó 10 minutos en tener premio. Un córner puesto desde la izquierda sale rebotado a la frontal, donde esperaba Pablo Aguilera, quien hacía su debut con el cuadro userano después de su paso por Islandia y de 3 meses sin jugar al fútbol, para enganchar un fuerte derechazo raso que no pudo ver nadie hasta que el balón ya estaba en el fondo de la red. La cosa empezó mal para el Rayo B, pero todavía iría a peor.
Lejos de reaccionar tras encajar el 1-0, los jugadores rayistas se cansaron de correr de espaldas para tratar de evitar, sin demasiado éxito, los acercamientos rojiblancos a su área. Ya no solo es que el «Mosca» fuera dominador del partido, que lo era, si no que cabría pensar que los futbolistas del filial vallecano, que tanto nos asombraron en el pasado con su juego animado de toque, eran incapaces de dar 3 pases seguidos, no digamos ya de pisar campo contrario con la pelota controlada. Para colmo, antes de cumplirse la media hora, una lesión muscular obligó a Revuelto a dejar el partido, siendo suplido por Samu Rosario y reestructurándose todo el costado izquierdo del esquema de Jorge Vallejo.
Curiosamente, a raíz del cambio, se vieron los mejores momentos del Rayo B en el partido. De pronto, se volvía a ver al equipo intentando jugar y buscar el área rival, incluso llegando a generar algo de peligro con un disparo de Becerra repelido por el meta Pablo Huélamo, y acto seguido, un córner que cabeceó Beto Plaza ligeramente desviado. Este conato de despertar rayista se vio derrumbado por completo en el descuento de la primera mitad, cuando Marwane ganó las espaldas a la zaga para cabalgar por toda la banda derecha y poner en línea de fondo un pase de la muerte al que llegó algo forzado Pablo Aguilera para impactar al cuero por debajo y que este, tras dar en el larguero, acabase cruzando la línea de gol. Doblete en el regreso al fútbol de Aguilera y alegría máxima en las gradas del Román Valero, en puro contraste con un Rayo B que se iba al descanso 2-0 y con una imagen entre mediocre y pobre.
Si parecía que el hundimiento rayista podría ser mayor, los useranos demostraron que así era y sin mucha demora. Apenas 6 minutos después de la reanudación, el bigoleador Pablo Aguilera ahora asistiría a Ablaye, con mucho campo ante si y solo Lozano interponiéndose entre él y el área. Intentó aguantar el central, pero nada pudo hacer ante el buen movimiento del ariete con el que se posicionó para definir raso al palo largo, imposible para Juanpe. Un 3-0 con casi todo el segundo tiempo por delante campaba en el nuevo marcador led del estadio rojiblanco, ante lo cual el Rayo B no solo es que ya corriera más de espaldas que de frente, sino que era todo un alma en pena sobre el pasto artificial. Si se tratase de un combate de boxeo, se debería haber parado por KO técnico y se temería por la salud del púgil que tanto estaba recibiendo sin poder, o querer, hacer por defenderse. Pero esto es fútbol, el partido se ha de acabar y quedaba tiempo para más.
Varias intervenciones de Juanpe y un disparo repelido por el palo postergaron la llegada del 4-0, que tan anunciada como esperable, acabo teniendo lugar en el minuto 66, en un córner puesto desde la derecha de forma muy cerrada buscando el segundo palo, y encontrando ahí, sin nadie que rechace ni nadie que le cubra, a un Asier que simplemente puso el interior de la bota para que la bola volviera a besar la red. La pasividad del Rayo B ya rallaba en la indolencia en un tanto que no hacía sino reflejar lo que había sido este partido en particular y el momento del equipo en general, en el que decir que va de espaldas, cuesta abajo y sin frenos, parece ser quedarse dramáticamente cortos.
Lo que quedó del partido se dedicó a que la afición del «Mosca» ovacionase a los jugadores del partido cuando se iban sustituidos y ya en el tramo final, solo cuando los locales decidieron bajar el pistón, ver tímidos acercamientos rayistas al área y algún intento de disparo. Probaron suerte Becerra, Hugo Castaño e Iván Alonso, pero cuando no se iba alto, el disparo no entraño mayores problemas para un Huélamo que si sudó fue por llevar camiseta térmica y guantes, no por lo que hicieron trabajar al portero local. Solo quedaba esperar al final del partido, y cuando llegó, el contraste del marcador estaba reflejado en los rostros de los protagonistas. Alegría y confianza renovada en los de casa, cabeza gacha, gesto serio y silencio absoluto en el Rayo B, que aun habiendo hecho algo en el partido que les hubiera dado ánimos de hablar, no lo habrían hecho debido a la prohibición del propietario del club de que ni jugadores ni técnicos tengan trato con la prensa en general, y con esta página en particular.
Una nueva derrota, una nueva goleada encajada y la sensación de que en vez de pelear por salir del túnel, el Filial de la Franja camina de espaldas hacia el fondo de la tabla. Son ya 8 derrotas consecutivas para el equipo de Jorge Vallejo, que ve como el propio Moscardó le adelante en la clasificación y como cae a la 15ª posición, 2ª de la zona de descenso, con 26 puntos, empatados pero con golaveraje ganado con el Quintanar del Rey, a 1 punto del propio «Mosca», a 2 del Fuenlabrada que ocupa la posición de play-out de permanencia, y a 5 de Elche Ilicitano, que marca el listón de la salvación segura. Un momento nada halagüeño y que no parece dar sensación de poder revertirse, pero hasta que las matemáticas no digan lo contrario, el Rayo B sigue siendo de Segunda Federación. Y como el fútbol da revancha, este domingo hay nueva oportunidad de redención, pues toca enfrentarse en La Torre a un aspirante al play-off de ascenso, el Orihuela CF.
Texto e imagen de Jorge Morales García.















