La norma

La norma

El Rayo logra un empate valiosísimo ante el Real Madrid (0-0) en un duelo de transiciones en el que pudo pasar de todo. Los rayistas cierran una semana grande con un punto trabajado y merecido ante un rival que no gana en Vallecas hace cuatro años.

Cuando un evento insólito se repite continuamente a lo largo del tiempo se acaba convirtiendo en lo que denominamos como “la norma”. Lo que en aritmética conocemos como moda. El Real Madrid volvía a visitar Vallecas tras tres intentos infructuosos de arañar los tres puntos del domicilio vallecano. ¿Son tres repeticiones suficientes para hablar de un evento normativo? Por si acaso no, el Rayo de Íñigo Pérez quiso añadir una cuarta y eliminar las dudas. Que la moda sea puntuar contra los blancos.

Mucho se había hablado del cansancio que podría arrastrar la plantilla franjirroja tras el monstruoso partido al que se enfrentó el pasado jueves en su cita de Conference League, con la remontada histórica frente al Lech Poznan (3-2) en la segunda mitad. El Real Madrid, eterno observador del calendario y los descansos entre partidos, llegaba con dos días más de asueto que su rival tras la derrota en Liverpool. Sin embargo, nada más dar comienzo el duelo se pudo ver que, a pesar de la insalvable diferencia, ambos equipos llegaban con las fuerzas más o menos parejas. Quedaba ver cuál aguantaría mejor la pesadez de piernas.

La primera ocasión sobre el verde la puso Guler, cuando el partido aún se desperezaba, con un lejano lanzamiento raso al que respondió muy serio Augusto Batalla. Respondió el Rayo intentando controlar el balón y combinar en la medular. De una de esas triangulaciones nació la respuesta a la tentativa de Arda de los pies de Ratiu, que recogió una buena apertura de Pathé Ciss para terminar estrellando su lanzamiento, algo escorado de más, contra el cuerpo de Courtois. Ida y vuelta, en la siguiente jugada Bellingham, Guler y Brahim chulapearon en una baldosa para ofrecer una salida a Mbappé que centró con peligro para que Vinicius obligase a Batalla a una gran intervención para negarle la única ocasión clara que iba a disponer en la tarde de noviembre. Se estiraba el Real Madrid sobre la portería del arquero argentino y, segundos después, fue Raúl Asencio el que falló un cabezazo desde el punto de penalti cuando entraba totalmente solo.

Consciente del agobio que se le podía venir hacia su meta, Augusto Batalla paró el partido, oxigenó a los suyos y negó el ritmo al conjunto de Chamartín. Su cancherismo sirvió al Rayo para tranquilizarse y volver a atesorar el balón como acostumbra. Tanto fue así que la única ocasión que se iba a poder ver desde ese momento hasta el pitido final de la primera parte fue un remate alto de De Frutos en una gran transición vallecana para dinamitar la férrea línea central. Los de Íñigo Pérez se volcaron hacia el área madridista y consiguieron terminar el primer acto en campo contrario. En el aspecto defensivo, un soberbio Lejeune, con la ayuda de un implicadísimo Ratiu y un concentrado Pathé Ciss, había conseguido secar el ala oeste de la Casa Blanca e impedido a Mbappé, Guler, Vinicius y Brahim girarse una sola vez con peligro real, en uno contra uno, hacia la portería de Batalla.

El retorno fue un toma y daca. Sin Pedro Díaz, lesionado en una acción con Fede Valverde, y con un juego de roles propuesto por Íñigo Pérez en la medular, el Rayo quería adueñarse del balón. Jorge De Frutos disfrutó una ocasión clarísima en la que envió el balón al lateral de la red cuando media grada de Vallecas ya cantaba el primer tanto de los suyos. Los vikingos respondieron con un nuevo disparo lejano de Arda Guler, a la derecha de la meta, y un pase largo al milímetro de Valverde que Bellingham bajó al piso para probar la agilidad de Batalla. Ganó, de nuevo, el argentino. Como casi siempre. También salió victorioso en la única ocasión de peligro que consiguió generar Killian Mbappé, que intentó el gol desde el esquinazo del área sin éxito. A partir de ese momento, el Rayo Vallecano dominó los espacios y buscó las cosquillas al gigante a través de las transiciones rápidas. En esas acciones pudo el Rayo haber encontrado su premio si hubiese estado algo menos precipitado. Primero, Isi lanzó desde más allá de tres cuartos cuando Álvaro García corría para quedarse solo delante de Courtois. Después, el vasquito Unai López estuvo demasiado lento en otro contragolpe propiciando el robo de Bellingham cuando tenía varias opciones de pase. Anteriormente al carrusel de contragolpes fallidos, el propio Unai López había estrellado un tiro contra Militao después de pasearse el balón por la frontal del área sin encontrar rematador. Pero, sin duda, la ocasión más clara del partido para los franjirrojos la disfrutó Álvaro García que no consiguió acertar con los tres palos para finalizar un pase de la muerte de Ratiu.

El partido era un elogio a las transiciones rápidas. El Madrid buscaba las cosquillas por su banda izquierda, aunque Xabi Alonso introdujo también a Rodrygo por la diestra, mientras que el Rayo se aprovechaba de la incalculable capacidad pulmonar de Andrei Ratiu y de la nula aportación defensiva de Vini Jr. para generar superioridades por el carril derecho.

Precisamente desde el flanco derecho llegaron las ocasiones más claras del conjunto visitante pese al inconmensurable partido de Pep Chavarría. Batalla negó el éxito en una respuesta fabulosa a un cañonazo made in Fede Valverde. El arquero de Hurlingham negaba toda ocasión bajo palos y un imperial Florian Légende se lo negaba a la dupla Mbappé-Vini Jr. Qué partidazo del central francés (otro más); sin duda, uno de los mejores defensores que han vestido la elástica franjirroja en su historia. Y probablemente esta noche el dueño del mundo onírico de los atacantes francés y brasileño de Chamartín; su monstruo del Halloween tardío.

No ocurrió mucho más desde el trallazo de Valverde, salvo un córner y una falta lateral algo embarulladas a favor del Madrid, que consiguió solventar la defensa rayista con seriedad y sin apuros, una nueva transición fulgurante del Rayo en la que Courtois estrelló el despeje en Ratiu concediendo una ocasión clara que terminó por marrar Alemão cuando tenía, quizás, a Gumbau en posición franca de gol; y, por último, la jugada que siempre nos pone los pelos de punta en cada derbi. Esta vez la protagonizó Arda Guler, que no consiguió finalizar gracias a la oposición, otra vez, de la zaga rayista para enviar a saque de esquina.

Rojeaba el cielo de Vallecas cuando Batalla descosió la pelota para esperar el pitido del colegiado que anunciase que, por cuarta vez consecutiva, el Rayo Vallecano había logrado puntuar en Vallecas contra el todopoderoso Real Madrid. Para que Vallecas se marchase, una vez más, orgullosa del desempeño de los suyos, como el trigo, bien plantados. Para que no hubiese tres sin cuatro y para que la visita a Vallecas de los grandes se haya convertido, como antaño, en un hueso de pollo que se atraganta en el gaznate, una visita al dentista con permiso para llorar. El capítulo de la serie en la que el simpático Rayito termina su mutación en el Puto Rayo. La moda es puntuar en franjirrojo.