La memoria, las vías y el Boston Garden

La memoria, las vías y el Boston Garden

El Rayo vuelve a dejar escapar puntos en Vallecas ante un Valencia (1-1) que ni siquiera los buscó. Plomizo partido entre el conjunto che y los de Íñigo Pérez, faltos de fútbol, goles y nervio.

Durante mi época estudiantil siempre hubo una novela cuyo título me llamó poderosamente la atención. Bajaba a estudiar a la biblioteca de mi barrio y, siempre, invariablemente, lo leía sobre la estantería, como si me mirase y me hiciese ojitos a mí. Nunca he olvidado esa frase que Nick Flynn utilizó para dar nombre a su obra: Otra noche de mierda en esta puta ciudad. Alguna vez llegué, incluso, a tenerla en mis manos con la voluntad de tomarla prestada y leerla. Nunca lo hice, pero aún recuerdo la imagen que acompañaba a ese título: una toma aérea y nocturna de las vías de tren que circulan por la vera del Boston Garden donde los Celtics han alcanzado la gloria en dieciocho ocasiones. Parece complicado asociar el Boston Garden con algo negativo, pero aquella portada consiguió que cada vez que viese en años posteriores el templo leprechaun recordase la amargura que transpiraba la conjunción de aquella fotografía y la frase que titulaba la novela.

Mientras veía el plomizo Rayo-Valencia se me vino a la cabeza, años después, la portada del libro. En realidad, lo que propició que me acordase de ello fue la frase que un aficionado, unas filas más debajo de mi localidad, espetó cuando el Valencia de Corberán empató el duelo sin ni siquiera tirar a portería: “otro día más, la misma mierda”. Como si parafrasease, voluntaria o involuntariamente, los versos de la Mala Rodríguez en Por la noche. Parece difícil asociar el Estadio de Vallecas con algo negativo en los tiempos que corren, pero la conjunción del gol en contra, el grito desesperado del hincha, la memoria de los versos de la Mala María y el instante en el que volví a ver el lomo de ese libro en la estantería, años después, lo consiguió por un momento. No obstante, los datos en frío (el Rayo solo ha ganado un encuentro en Vallecas en la primera vuelta que camina hacia su final) no hacen salvo hurgar en la llaga y la incertidumbre que me lleva varias jornadas atormentando: ¿se ha vuelto el fútbol del Rayo excesivamente plano o previsible?

Lo cierto es que, otra vez más, el Rayo dejó escapar puntos en casa ante un rival que no escondió su voluntad de evitar que aconteciese todo lo que tuviese que ver con el balompié. El Valencia llegó cómodo con el punto y se marchó igual de cómodo tras marcar y recibir un gol. Dominó el Rayo el juego para volver a evidenciar la falta de gol y la nefasta gestión de plantilla que se realizó durante el verano pasado: ni uno solo de los fichajes realizados mejora, hasta el momento, al jugador que ocupaba su posición la campaña anterior.

Comenzó el Rayo mandón, haciendo valer su condición de local y con un Gumbau que manejaba a su antojo el tempo del partido y controlaba todo el juego de los suyos. Mientras el catalán era la manija del reloj que ordenaba los segundos sobre el césped en su justa medida, su compañero Unai López no pasó de ser el tornillo de la correa que, pese a tratar de mantenerse en su posición y ejercer su función, se sale todo el rato de su lugar descuadrando el funcionamiento de la maquinaria. No acertaba el vasquito con la tecla, tal vez demasiado empeñado en buscar siempre la retaguardia y el pase de confort en lugar de la progresión que sí anhelaba Gerard. Entretanto, lo único que había desequilibrado hasta la primera media hora de partido habían sido varios tiros sin peligro del propio Gumbau, de un perdido Fran Pérez y un buen chut, con extraño efecto incluido, del errático Unai López que obligó a Aguirrezabala a emplearse para repelerlo. Sin embargo, pasada esa primera hora, los de Íñigo Pérez parecieron subir una marcha ante un rival que ni estaba ni se le esperaba.

Un disparo de Gumbau, rebotado por la defensa a la salida de un córner, estuvo cerca de desequilibrar el marcador. Otro de Ratiu fue desviado por la defensa che en los aledaños del gol. Y a la tercera fue la vencida: un testarazo de Mendy culminó el precioso servicio del dandy Gerard Gumbau y se coló en la meta valencianista para desnivelar el tanteo. Nada más ocurrió hasta el descanso, salvo el clásico cliffhanger franjirrojo en forma de desentendimiento entre Mendy y Batalla que a punto estuvo de aprovechar un Javi Guerra que estrelló el cuero en el cuerpo de Pep Chavarría.

Tras la reanudación, todo pudo cambiar si Álvaro García hubiese acertado con el arco de Aguirrezabala en un disparo cruzado en exceso tras la cabalgada que había sucedido al robo del utrerano. El mismo sino hubiese cambiado si Gumbau hubiese conseguido poner la rúbrica a su gran partido con el zurdazo que sacó, abajo, el meta valencianista tras una buena combinación con Pep Chavarría. El técnico del conjunto visitante se dio cuenta de que, si todo seguía así, el Rayo podría volcar en exceso el campo hacia sus dominios e introdujo al único jugador de su plantilla que podría tener minutos en la escuadra franjirroja: Danjuma.

Casualidad o no, el Valencia pareció despertar y, sin demasiado acierto ni fútbol, porque dispone el justo el conjunto de Mestalla, comenzó a asediar algo más a los de Íñigo Pérez. Sin embargo, poco le hace falta a los rivales del Rayo para conseguir sacar rédito de sus ataques: en un nuevo error en la salida de Mendy, que ya había cometido varios errores groseros sin presión, el esférico cayó en la frontal valencianista y, tras una serie de catastróficas desdichas, terminó, de rebote, tras un lanzamiento blandito de Diego López, en las mallas defendidas por un Batalla al que resulta demasiado fácil marcarle y no por su demérito.

Tras el empate del Valencia, la reacción inicial del Rayo consistió en un par de tiros lejanos de Lejeune, alto, y Ratiu, que cruzó demasiado su intención, y después, por cansancio o por incapacidad, no consiguió acechar el área de un rival que se conformaba descaradamente con el punto y que jugaba circulando el balón sin demasiada oposición y apenas tenso. Lo intentó con todo un Andrei Ratiu que tuvo la más clara en un zapatazo lejano que se marchó a córner, pero los vallecanos no consiguieron efectuar ni un solo remate limpio a pesar de introducir Íñigo Pérez la artillería con Alemão, pura pólvora mojada, y un Sergio Camello que, en sus tres minutos en el campo como mediapunta, alcanzó a tocar, si acaso, un balón. Terminó el partido y me acordé, otra vez, del maldito título de la novela, Otra noche de mierda en esta puta ciudad, y del Boston Garden, imponente a la orilla de las vías de tren. Quizás es momento de mirarse en el espejo del pasado y regresar a la biblioteca, coger el libro de la estantería y descubrir el mensaje oculto que permanece desde hace años en sus páginas. Mientras tanto, seguiremos disfrutando de las derrotas, los empates y las victorias con los nuestros porque, al final, en esta puta ciudad, tanto en los días buenos como en las noches de mierda, la familia es lo que nos sostiene.