Un nuevo desastre franjirrojo termina con la victoria de Osasuna en Vallecas (1-3). Los rayistas solo comparecieron durante el arreón posterior al empate y en los primeros compases del duelo. El Rayo se acerca a la zona roja antes de visitar el Bernabéu.
Esta historia es la misma cada semana. Como una especie de día de la marmota en clave rayista. No había ganado Osasuna fuera de casa en toda la temporada, pero podía estar tranquilo, le tocaba la salida más fácil del año: Vallecas. Puntuar en el feudo franjirrojo se ha convertido en una tarea mucho más sencilla de lo que ha sido nunca. Solo hace falta estar medianamente ordenado atrás, tener un poco de arrojo en el área rival y tener un planteamiento táctico medianamente coherente. Todo eso le faltó al Rayo, otra vez, en el duelo contra los navarros.
Los franjirrojos salieron con algo de brío, pero la realidad es que el equipo de Íñigo Pérez permaneció sobre el césped siete u ocho minutos de la primera mitad para, después, no volver a comparecer y volver a tirar otro partido más en esta 2025/26. Durante esos siete u ocho minutos, el conjunto vallecano tuvo un par de acercamientos al área en los que reclamó tímidamente penalti, aunque ninguno de los dos lo era. Parecía que había entrado más centrado, pero todo fue un espejismo y pronto Osasuna cogió el dominio del balón, del ritmo y del partido.
La presión alta propiciaba robos en campo rival y transiciones rápidas con un Víctor Muñoz que vale más él solo que el 90% de la plantilla confeccionada por David Cobeño y el presidente Raúl Martín Presa. Cobeño & Presa, dúo cómico. La primera y más clara ocasión de los rojillos vino precedida, precisamente, de una de esas presiones. Javi Galán se plantó solo delante de Batalla y, de puntera, obligó al meta rayista a su primera gran intervención. El argentino iba a ser el causante de que el Rayo alcanzase el descanso con vida. A la salida del córner, la nula defensa franjirroja dejó que los jugadores de Osasuna tocaran el balón hasta en tres ocasiones en las postrimerías del área pequeña para que, finalmente, Budimir anotase a placer el 0-1 a un metro de la portería franjirroja. Lejos de reaccionar, porque de eso el Rayo esta temporada sabe bastante poco, los de Alessio Lisci estuvieron muy cerca de matar el encuentro con una falta durísima de Rubén García desde la frontal que detuvo Batalla, primero, y cuyo rechace repelió el larguero.
Tras una primera parte nula, lo normal es hacer cambios. Y así lo hizo Íñigo Pérez: entraron Alemao y el nuevo fichaje Akhomach en el lugar de Óscar Valentín y un desaparecido Carlos Martín, que de momento sigue sin demostrar los méritos que ha observado el Rayo para solicitar su cesión. La situación del partido y la clasificación podía hacernos pensar que el Rayo regresaría del parón con la firme intención de buscar el gol. Pero nada de eso. De hecho, lo estuvo a punto de lograr nuevamente Víctor Múñoz (qué jugador) en una bellísima jugada en la que se deshizo de Lejeune con un caño para estrellar su remate contra el cuerpo de un Batalla que se erigió en el artífice de que el Rayo no saliese goleado mucho antes.
El primer disparo del Rayo en el encuentro llegó cuando el cronómetro alcanzaba la friolera de 58 minutos. Un bagaje muy pobre para competir en Primera División, por mucho que el nivel de la competición doméstica haya caído estrepitosamente durante las últimas campañas. Álvaro García le pegó con todo y forzó la estirada de un Sergio Herrera que puso las manoplas duras para repeler la ocasión a córner. En la siguiente jugada, el Rayo consiguió marcar de cabeza. No sabemos si por equivocación. Pathé Ciss remató de cabeza en el área pequeña la única buena acción de Isi durante todo su partido. El rendimiento del de Cieza durante esta campaña es ya mucho más que preocupante.
Sin saber cómo, el Rayo había conseguido empatar y la inercia le hizo volcar el campo hacia la portería de Sergio Herrera. Ilias Akhomach se ofrecía, descargaba el balón con clase y conducía con clase. En sus botas vive algo de esperanza y sus minutos fueron lo único potable de otro partido horrible de los franjirrojos. En sus botas, precisamente, tuvo el 2-1 cuando no consiguió remachar un pase de la muerte de Álvaro García y el esférico se le enredó entre los pies. Seguidamente, un libre directo de Lejeune fue rechazado con una buena intervención por Sergio Herrera, que, incluso, retiró la barrera para ver mejor el lanzamiento del francés. Valiente el arquero de Osasuna, sin lugar a duda. El arreón rayista duró diez minutos y después se apagó. El partido estaba en un impasse cuando los rojillos alcanzaron el área vallecana y el mejor jugador del partido, Víctor Muñoz, consiguió batir a Batalla de un zurdazo inapelable. Sin embargo, el árbitro anuló la jugada por una falta de Budimir a Lejeune que, vista desde un prisma objetivo y sin bufanda, era más un forcejeo entre ambos, que se mantenían agarrados el uno al otro, que nada castigable. Se quejaron mucho los osasunistas, que ya habían pedido minutos antes una mano en el área en el lanzamiento de una falta que estudió el VAR, aunque no hubo repetición televisiva para dirimir si era o no.
Mientras el Osasuna se había vuelto a hacer con el control y buscaba el gol más que su rival, esta vez con otra rosca de Víctor Muñoz que se fue por encima del travesaño de Batalla, el Rayo había abandonado por completo su intento de ganar el partido. Quizás la metáfora más apropiada para este hecho sea la entrada en el campo de Fran Pérez, uno de los jugadores más insulsos, insípidos e inocuos que han pasado por Vallecas en la última década. Escaso de valentía, coraje y nobleza, su falta de intensidad, de ganas y de corazón propiciaron el segundo gol de Osasuna, al no derribar a Víctor Muñoz cuando tenía todas las opciones de hacerlo en una zona tranquila. El extremo rojillo, que tiene más fútbol en sus botas que la práctica totalidad de los refuerzos franjirrojos de esta temporada, se zafó, galopó, peleó y ganó contra el Pacha Espino y disparó. Su lanzamiento se estrelló contra el pie de Jozhua Vertrouwd, cuya única participación relevante en el duelo fue esa. Lo cierto es que a veces resulta harto difícil comprender las modificaciones y las decisiones técnicas de Íñigo Pérez. Todo se podría haber evitado con una falta de esas que se denominan tácticas, pero ni para eso está el Rayo esta temporada. Pero todavía iba a quedar espacio para el segundo despropósito franjirrojo del descuento: Osasuna recogió un balón suelto en la medular y Asier Osambela batió por bajo a Batalla para poner un justo 1-3 en el marcador. Desde el 20 de abril de 2025 no vencía Osasuna a domicilio.

Lo hizo, la pasada campaña, ante uno de los peores Valladolid de la historia. Pero hoy podía estar tranquilo porque visitaba Vallecas, uno de los terrenos donde más fácil resulta puntuar en la temporada actual. Visto lo visto, la tranquilidad del Rayo en Primera dependerá de una eliminación europea que llegará en el momento en el que se cruce con un equipo ordenado en las áreas (si ahora que está compitiendo solo en una competición y estos son sus méritos, imaginemos cuando vuelva a hacerlo en dos) y de que, al final de la segunda vuelta, haya habido tres equipos que lo hayan hecho peor. Por lo pronto, seguimos inmersos en el día de la marmota franjirroja.

















