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La mayoría de los recuerdos bonitos

La mayoría de los recuerdos bonitos

El Rayo vuelve a Vallecas para cerrar la previa de Conference League ante el Neman Grodno bielorruso. Los franjirrojos buscan refrendar el 0-1 conseguido en Hungría.

Esta noche volvemos a casa. Y no es una reunión cualquiera; estará toda la familia. Y cuando hablamos de toda es toda. Incluso ese cuñado insoportable y malintencionado al que nadie quiere en la mesa, pero siempre termina con cubierto. Sonará la música, reiremos contando las historias del verano, nos abrazaremos y nos daremos la mano para bendecir la mesa. Como en las grandes ocasiones.

En una secuencia de los últimos episodios de la excelsa serie The Bear (Christopher Storer, FX, EE. UU., 2022-?), el chef Carmy Berzatto habla con su “primo” Richie sobre su familia y la relación que tienen sus recuerdos con los restaurantes. “La mayoría de recuerdos bonitos que tenemos son en restaurantes”, asegura en un momento de la conversación, en la que valoran la idea de continuar con el negocio y darle un nuevo impulso a su restaurante mientras recuerdan a su padre y su tío, respectivamente. Algo similar me ocurre a mí cuando hablo del Rayo y de Vallecas. La mayoría de los recuerdos bonitos, de esos que sobrevuelan las conversaciones que mantenemos mi padre, mi hermano y yo, son en el Estadio de Vallecas o en torno al Rayo Vallecano.

Esta noche los tres cogeremos nuestras bufandas. Cada uno se enfundará una franjirroja, que podría ser la Umbro del centenario, la mítica Dhul de los noventa, la del Matagigantes de la 77/78 o la Puma de Alcampo. Y cogeremos el coche hacía nuestra zona habitual de aparcamiento en Palomeras. En el trayecto en coche repasaremos los posibles onces, nos preguntaremos cómo está el estadio, al que evidentemente no vamos desde mayo y nos imaginaremos algún partido chulo de la fase de grupos de Conference League. Seguramente tendremos esa sensación de nervios de los grandes partidos, aunque ninguno nos concederemos esa verbalización emocional. Cuando bajemos del coche los tres miraremos en silencio a la terraza en la que años atrás nos habría esperado mi abuelo y nos acordaremos de él. Nos lo imaginaremos bajando por las escaleras que conducen hasta el fondo sin grada del Estadio. Mientras descendamos por esa cuestita, con esos incómodos escalones que siempre se bajan con el mismo pie, iremos mirando como las tribunas del estadio se van agigantando, imponentes, llenas de memorias, de recuerdos franjirrojos; de historias, en definitiva. No lo diremos, pero en ese silencio cómplice, seguro que los tres sabemos que el abuelo está ahí entre nosotros; en esas palabras con las que atenuamos los nervios, en esa cerveza que probablemente nos tomemos en el bar Fonsi y Mari para hacer tiempo hasta que se acerque la hora, en esos gritos de aliento con los que trataremos de llevar en volandas al equipo, en ese corazón que cantará cuando nos falle la voz. Estará ahí, de la misma forma en la que el patriarca de los Berzatto está presente en cada servicio y también en la conversación que cito en el párrafo anterior. Porque el legado siempre conforma la memoria. Y viceversa.

Hoy el Rayo buscará doblegar a un Neman Grodno que, a pesar de la derrota en Szeged, ya demostró que vende cara, muy cara, su piel. El conjunto franjirrojo tratará de pasar la eliminatoria y, llegados a este momento, sinceramente, lo que menos importa es como lo conseguirá y quiénes serán los nombres propios. Lo verdaderamente importante esta noche es todo lo que permanece ajeno al césped, pero vive completamente condicionado a lo que ocurra en ese pasto. No importa quien parta de partida en el once, porque en esa alineación estaremos todos. No importa las canciones que decida poner el club en la megafonía, porque en la garganta sonarán las nuestras, en este caso El Rayo fui yo de Duro Galván. No importan las declaraciones desafortunadas de turno que haga Raúl Martín Presa en la previa (que las hará), porque la única voz que resonará será la de un barrio y una hinchada que ama unos colores y una idiosincrasia por encima de quien la mal-represente. Y no importa quienes estén animando desde su localidad, quienes lo hagan desde una inevitable distancia o los que alcen su voz para gritarle a su Rayito desde el cuarto anfiteatro porque en Vallecas, hoy, estaremos todos. Los presentes y los ausentes. Porque la ausencia solo es presencia reconcentrada. Y en ese vacío colmado de memoria la franja roja conquista un universo de memorias infinitas. Porque esta noche todos seremos, por un rato, ese niño de edad indeterminada que escribirá páginas y páginas de un diario que no termina nunca y en el que, como dice Carmy en la charla con Richie, en la mayoría de los recuerdos bonitos habita el Rayo Vallecano.