El Rayo goleó al Neman Grodno (4-0) para cerrar su pase a la fase de grupos de Conference League con una segunda mitad en la que destapó el tarro de las esencias.
Un fantasma recorre Europa: el fantasma del Rayo. Vallecas cantó. La hinchada franjirroja entonó sus dos himnos extraoficiales. Primero, la maravilla de Duro Galván, El Rayo fui yo, con cuyas frases, además, se adornó la tribuna para recibir a las escuadras en el inicio del partido. Finalmente, La vida pirata, tras sufrir, envalentonarse y solucionar la papeleta para anunciar a bombo y platillo que sí, que Vallecas estará en el bombo de la Conference League, que el Rayo volverá a pasear su identidad por el viejo continente.
Tras la victoria a domicilio en Szeged, el Rayo Vallecano volvía a Vallecas para certificar su clasificación a la fase de grupos de la Conference. Y a pesar de la importancia del duelo, Íñigo Pérez optó por modificar prácticamente todas sus líneas. El psicólogo que habita la piel del técnico pamplonés quiso dar confianza a Gerard Gumbau tras el error del centrocampista que propició la derrota en San Mamés y lo alineó entre los once que deberían garantizar la clasificación rayista. Además, la ausencia de Luiz Felipe -no inscrito- hizo que repitiese Jozhua Vertrouwd como acompañante de Lejeune en la defensa. En los laterales, el entrenador franjirrojo optó por sus dos carrileros más defensivos y posicionales, Balliu y ‘Pacha’ Espino. Sin embargo, la modificación técnica más curiosa fue la de jugar con solo un jugador de banda, Fran Pérez, que acompañó al tridente de mediocampistas formado por el citado Gumbau y los dos capitanes del barco, Trejo y Óscar Valentín. La idea era que la movilidad de Camello lo situase como una especie de líbero atacante que dejase a Nteka la zona del ariete para fijar posiciones.
Lo cierto es que lo que sobre el papel no terminaba de cuadrar sí cuajaba en el campo. El Rayo amaneció en el partido como absoluto dominador con un Sergio Camello que, bailando entre líneas, se erigía como el jugador más activo en la creación franjirroja. El nuevo 10 rayista fue lo más destacable de una primera mitad en la que destacó junto a Lejeune que estuvo imperial en las acciones defensivas y exquisito en los envíos largos. El central rayista, omnipresente en este Rayo, y al que bien podríamos apodar como Florian Légende, desplazó varios balones largos kroosianos hacia las bandas.
En una calma tensa transcurría la primera parte cuando Suchkov recogió un balón en la frontal del área y de un derechazo inapelable lo envió al larguero ante la mirada de un Batalla que, sorprendido, no podría haber hecho nada si el balón hubiese volado unos centímetros más raso. No había habido mucho peligro en las áreas, salvo un flojo disparo de Fran Pérez desviado por Belov, y Vallecas ya tenía el miedo en el cuerpo. La respuesta de la escuadra vallecana fue rápida; en la siguiente internada de Balliu por la banda, Nteka remató fuera un centro del lateral español internacional con Albania. Le siguieron otro disparo de Fran Pérez, esta vez desde el perfil diestro, una buena jugada de Nteka, que se deshizo de su marcador con un elegante sombrero, para entregar un pase definitivo que no llegó a Camello por un pie bielorruso y una contra peligrosísima del Neman Grodno que solventó un Batalla que, enarbolando la bandera de la locura, volvió a salir hasta la banda como ya hiciese en el Santiago Bernabéu para arrebatarle un balón de los pies al atacante.
Cuando faltaban apenas cinco minutos para el descanso se inauguró el circo europeo de Vallecas. Camello anotó tras un rechace de la defensa a una buena jugada del ‘Pacha’ Espino. Pero el gol no subió al marcador: el asistente había señalado offside. Gatillazo en Vallecas. El árbitro se echó la mano al pinganillo para escuchar las indicaciones que le llegaban desde la sala del VAR. O, visto el desenlace rocambolesco de la jugada, empiezo a pensar que igual era para escuchar el último tema de Teddy Swims. Cuando el colegiado francés señaló el centro del campo y concedió gol, los jugadores y Vallecas estallaron de júbilo. Sin embargo, faltaba el plot twist final, el que nadie esperaba: llegó la revisión de la revisión y, finalmente, cuando el Neman Grodno iba a poner el balón en juego de nuevo con el 1-0 en el marcador, el equipo arbitral reanuló el tanto de Sergio Camello, que había hecho el riff guitarrero dos veces para no contar ningún gol en el marcador. Insólito y otro ejemplo más de como el VAR asesinó lo que antes llamábamos fútbol. El gol era fuera de juego, pero lo que aquí se comenta va más allá del acierto o del error, se trata del proceso. No se puede permitir que un equipo arbitral conceda un gol que había invalidado para, escasos segundos después, vuelva a invalidarlo porque, ¡oh, chorprecha!, no habíamos revisado bien la jugada.
Con el desconcierto instalado en la grada y el cabreo monumental en los gestos y la bronca de Íñigo Pérez y Augusto Batalla al cuarto árbitro llegaba el descanso a Vallecas. Y quizás era lo mejor que podía ocurrir en ese momento. Un buchito de agua, un pis, el bocata quien se lo hubiese llevado y unos minutos de relajación antes de los últimos cuarenta y cinco minutos de eliminatoria. En el descanso, Íñigo Pérez introdujo a Unai López en el puesto de un Gumbau que no terminaba de encajar en la circulación que buscaba el técnico. Tras la reanudación, los vallecanos buscaron desequilibrar el balón con varios disparos lejanos de un ‘Pacha’ Espino muy activo y un par de faltas lejanas de Florian Lejeune. La ocasión más clara, en cambio, la tuvo Fran Pérez en sus botas, pero la vaselina del extremo fue cabeceada a córner por Sadovnichiy sobre la línea de gol.
No terminaba de encontrarse el Rayo pese a dominar el balón y controlar el tempo del partido. Íñigo desarmó el plan inicial y puso sobre el césped a sus dos mejores hombres de banda, Álvaro García y Jorge De Frutos, que dieron descanso al propio Fran Pérez y a un Nteka que gana enteros en el juego asociativo que propone el conjunto franjirrojo en cada partido. Y con los cambios, el míster pamplonica acertó y ganó el duelo. Pocas acciones después de su entrada, De Frutos recogió un balón magistral del francés Florian Légende a la retaguardia bielorrusa y, tras pelear con el marcador, consiguió asistir con suavidad a Álvaro García. El utrerano, solo en la frontal, cruzó raso y con clase ante Belov para continuar su escalada en la tabla de goleadores históricos del conjunto rayista. Y para cerrar una eliminatoria que quedó más abrochada en la siguiente jugada. El propio Álvaro García centró un balón raso y potente que, tras salir rechazado por la defensa verde-amarilla, fue remachado por Camello en boca de gol. Esta vez sí, el delantero rayista pudo celebrar el tanto y anotar su primer gol en competiciones europeas con la elástica franjirroja.
El 2-0 ya era una distancia insalvable para el conjunto visitante. No obstante, el Neman Grodno, ejemplar durante toda la eliminatoria tanto en su comportamiento deportivo como en su rendimiento futbolístico, todavía iba a asustar a la parroquia vallecana cuando Pushnyakov punteó un fabuloso centro a la espalda de su compañero Evdokimov y su balón estuvo a centímetros de colarse en la meta de un Batalla batido por completo. El encuentro circulaba ya por los cauces de lo calmo. El Rayo dominaba el balón y lo movía de lado a lado mientras el Neman Grodno trataba de cerrar huecos y presionar el fallo para buscar alguna salida para maquillar el resultado. Sin embargo, el vasquito Unai López cogió la batuta y la orquesta se convirtió en una sinfónica. El balón que filtró entre varias líneas para asistir a De Frutos es de museo. Como la vaselina del falso 9 franjirrojo, que volvió a asistir a su idilio reciente con el tanteo con un golazo casi de ficción.
Vallecas respiraba tranquila e incluso aplaudía tímidamente a algunos de los jugadores del conjunto bielorruso cuando se retiraban sustituidos. Los aplausos más sonoros fueron para el delantero Pushnyakov, de largo el mejor futbolista de la escuadra verde-amarilla en ambos partidos. En la orilla local se aclamó y se vitoreó, como no podía ser de otra manera, a Óscar Trejo cuando fue sustituido. En la noche en la que de Villa hasta el Puente sí hubo capitán. Y qué honor que un tipo como Chocota cargue en su espalda, con ese 8 que es el símbolo del infinito, la herencia de Prudencia Priego. Trejo, capitán, cantaba la hinchada franjirroja a su ídolo dentro y fuera del campo.
Así las cosas, cuando ya parecía que ambos equipos firmaban una tregua y se deseaban suerte, apareció de nuevo el tándem formado por Unai López y Álvaro García. El vasquito volvió a filtrar otro balón que, si bien no tan mágico, era igual de exquisito que el anterior y el extremo sevillano regateó en carrera al arquero Belov para batirle por tercera vez en dos partidos y abrir paso a la vida pirata más esperada de las últimas dos décadas y media en una noche que todos recordaremos y anotaremos en los diarios de nuestra memoria. Ahora sí, el Rayo es equipo de Conference League y los ladrillos rojos que nos vieron brindar pensando en las derrotas de ayer ahora nos ven hacerlo con la sonrisa de la victoria en el rostro. Porque, le duela a quien le duela e intente quebrarlo quien intente quebrarlo, otra noche más el Rayo fuimos nosotros: los jugadores sobre el césped y los hinchas desde la grada.


















