El Rayo consigue vencer a domicilio al Neman Grodno (0-1) en el regreso franjirrojo a Europa. Todo de cara para cerrar la clasificación a Conference League en Vallecas.
En una de las estrofas de Buscando en la basura, el entonces cantante de La Fuga, Rulo Gutiérrez, explicaba como se sentía tras una ruptura con los siguientes versos: “triste, como un perro en la autopista, como una tortuga con prisa, como una monja en un burdel […] absurdo, como un domingo por la tarde, como las balas por el aire, como el puto despertador…”. Ayer, mientras veía el partido del Rayo frente al Neman Grodno, se me vino a la mente la canción del grupo de Reinosa porque bien podría haber introducido la metáfora de un estadio de fútbol con las gradas vacías o de un partido a puerta cerrada para ilustrar esa misma sensación.
Descafeinado. Así fue el regreso del Rayo Vallecano a competiciones europeas. Un plantel de circunstancias en la disposición titular, un estadio vacío y en completo silencio y un rival que no invitaba demasiado al brillo hicieron de la ida en terreno húngaro algo realmente plomizo. Los de Íñigo Pérez salieron con su idea tradicional de dominar el balón y los tiempos del partido. Y, ante la poca presión del Neman Grodno bielorruso, lo consiguió. Sin embargo, la férrea disposición táctica del conjunto verdeamarillo impedía que los balones alcanzasen la zona de peligro. Solo dos disparos lejanos de Gumbau, fuera, y de Fran Pérez, repelido por el arquero local Maksim Belov. Por la parte bielorrusa, la única acción de peligro de la primera mitad fue una volea lejana que no puso en aprietos a Batalla.
La segunda mitad comenzó con el mismo guion. Dos tiros de Lejeune y Unai López desviados sin demasiados problemas por el guardameta local Maksim Belov abrieron paso a la ocasión más clara de los primeros compases de este regreso. La dispuso el reciente fichaje Joshua Vertrouwd, que falló en boca de gol. El neerlandés había sido vital en la primera mitad cuando cortó en el momento justo dos pases a la espalda que dejaban solo a Savitski.
Algo no terminaba de cuajar y el tiempo pasaba bajo la intensa lluvia que asolaba el Szent Gellert Forum de Szeged. Íñigo Pérez quiso agitar el partido desde el banquillo e introdujo a Álvaro García, Isi Palazón y Jorge De Frutos en una ventana de cambio. La circulación mejoró bastante y el Rayo se mostró aun más dominador, pero también ganó presencia en la zona de tres cuartos. Pero Íñigo seguía viendo que algo no iba como quería. La lluvia era intensa, como gijonesa, así que el navarro decidió poner en el verde a un asturiano como Pedro Díaz. Suya fue la ocasión más clara de la segunda mitad, pero su derechazo inapelable fue contestado con una soberbia mano del guardameta local. En la siguiente jugada, Álvaro García recibió el balón en la frontal del área grande, recortó con clase sobre el defensor del Neman Grodno y cruzó un balón que, con la inestimable ayuda que brindó la mano blanda del meta bielorruso, se coló en la portería e hizo subir al marcador el primer gol rayista en Europa tras casi medio siglo. Lo que Belov te quita, Belov te lo da.
El Rayo se había puesto por delante a falta de 13 minutos y la sensación era de que el partido no se podía escapar bajo ningún concepto. Pero esto es el Rayo, amigos, y si no sufrimos, no disfrutamos. Tal vez esta máxima fue la que nos llevó a dos saques de esquina en contra en los últimos segundos del encuentro y a necesitar la beata intervención de San Augusto Batalla en la última jugada del encuentro. El arquero argentino desvió un remate de cabeza que se colaba en sus mallas y evitó el empate del Neman Grodno, que hubiese generado ansiedad, nervios y estrés a la parroquia vallecana de cara a la vuelta del jueves. Lo evitó el bueno de Augusto, genio y figura, héroe vallecano en la sombra. Y así terminó el descafeinado regreso del Rayo a Europa; un partido en el que lo mejor fue volver a ver a Trejo capitaneando el equipo.






