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Tus ojos, bandido

Tus ojos, bandido

El Rayo vence ante el Samsunspor con autoridad (1-3) y encamina su pase a los cuartos de final de la Conference League. Los de Íñigo Pérez culminaron uno de los mejores partidos de la temporada en Turquía con buen juego colectivo y un Alemão estelar.

Texto por Jesús Villaverde / Infografías por Marius Fedasz

Sonaban las Azúcar Moreno en el Yeni Samsun 19 Mayıs Stadyumu en el descanso del partido en un claro guiño del conjunto turco a la reciente hermandad hispano-turca. “Tus ojos, bandido, robaron con cuentos la sangre y la vida de mi corazón…” Aquella canción con la que las artistas vallecanas representaron a España en el Festival de Eurovisión de 1990 resonaba justo el día en el que la selección del barrio visitaba al conjunto otomano. No hay duda de que, de celebrarse hoy, España y Turquía se darían mutuamente los 12 puntos, por cierto.

Sonaba Bandido y yo no podía dejar de pensar en Alemão, que estaba ofreciendo un clínic sobre fijar centrales, descargar balones y pelear hasta el último aliento sobre el césped, al que aún le restaba su gran obra maestra (¡qué golazo!) y cuyos ojos azules, además, estaban llamados a iluminar los de muchos rayistas que disfrutábamos del encuentro en disparidad de contextos.

El Rayo volvía a una eliminatoria europea dos décadas y media después, pero pareció que llevase haciendo la faena durante años. Íñigo Pérez previno la presión alta del Samsunspor y puso como titular al delantero brasileño, seguramente con la misión de fijar la línea defensiva y servir las descargas de los balones largos hacia sus compañeros. Y vaya si lo hizo. Tras una primera tentativa de Marius, con un remate de cabeza que atajó mansamente Batalla, el brasileño cerró la jugada del 0-1. Del primer gol del Rayo todo fue bueno. La colectividad imponiéndose al individualismo. Pep Chavarría robó y centró atrás, donde los balones ya no son caricias. Allí apareció el vasquito y, cuando todos pensábamos en el chut, él decidió, precisamente, acariciar la pelota con un toque delicado para que fuese Isi el que disparase a puerta. No fue precisamente a portería su disparo, pero en el centro del área emergió Alemão para recoger el envío del Krillin de Cieza y enviarlo al fondo de las mallas.

Se ponía muy de cara el partido para los franjirrojos, que, en cambio, dejaban un universo a la espalda de Ratiu en los ataques locales. Todo el peligro turco llegaba por ese flanco: el décimo anillo del infierno. Y, sin embargo, a pesar de que todo indicaba que, de llegar, sería zurda la jugada del empate, el Samsunspor consiguió la igualada con dos centros laterales consecutivos desde la banda diestra. El primero fue repelido por la defensa, pero el segundo sí consiguió bajarlo el conjunto de Samsun y, con fortuna, el esférico quedó en el centro del área muerto, como se quedaba en los episodios de Supercampeones para que Oliver chutase con toda su fuerza a la escuadra del guardameta rival. No fue Atom, pero el disparo de Marius no tiene nada que envidiarle a los del mítico delantero del anime. Un golpeo tan violento como exquisito ante el que nada pudo hacer Batalla.

Solo habían pasado cinco minutos y el electrónico volvía a la igualada. Los dos equipos seguían con su plan de presión en bloque alto y había pocos huecos. Ilias Akhomach era indetectable para los defensores del conjunto turco: regates, desmarques, inteligencia táctica… Qué pena que el jugador marroquí valga 50 millones. Alemão estaba en todos los ajos y, fruto de ello, recibió un codazo en el área turca que el colegiado no vio y el VAR no quiso ver. El penalti era de libro. Como de libro iba a ser el contragolpe vallecano que iba a suponer el 1-2. Omnipresente, Zurawski robó el balón en la zona de tres cuartos y emprendió carrera hacia el área. Nadie podía pararlo. En aquel momento solo le faltaba aparecer con el clásico corte de pelo a lo Nazario. Su despliegue físico era impresionante. No pitó el árbitro la falta clara que le hicieron al ariete. Y no lo hizo porque por allí apareció el tipo más listo de la clase. No veas si te queremos, Krillin, no veas si te queremos… Isinho abrió hacia su mejor socio con un toque fabuloso, el toque exacto que pedía la jugada, y Álvaro García volvió a agarrarse los mofletes. Su control orientado y su disparo duro y cruzado pasan ya a la historia del Rayo Vallecano como lo está haciendo su autor. No existe ni un solo partido importante en la historia reciente franjirroja en la que no aparezca el extremo utrerano.

Con el gol rayista iba a finalizar la primera mitad, tras una intentona frustrada del Samsunspor en un remate desviado desde la frontal. Y tras la inyección anímica que supone siempre escuchar a las Azúcar Moreno, los dos equipos volvían del descanso con una cara similar a la que se habían marchado. El Rayo controlaba mejor el balón, los espacios y los ritmos del duelo con un Unai López sobresaliente en los esfuerzos, la entrega y la calidad que mostraba con el balón en los pies. Sin embargo, en una segunda mitad en la que había mucha más continuidad en el juego, la primera ocasión relevante fue para el Samsunspor. Carlo Holse, el jugador más destacado del conjunto turco, cabeceó un buen centro; su testarazo fue durísimo, pegado al poste y difícil de contrarrestar, pero Batalla, que ya es un poco Santo Patrón de Vallecas, lo sacó con las manos fuertes. Y también atajó el remate de Makoumbou en el rechace. La respuesta rayista fue otro disparo del vasquito Unai López que recibió una gran respuesta, muy segura, del meta Okan Kocuk.

Íñigo Pérez introdujo modificaciones. La entrada de Pedro Díaz, Óscar Valentín y Jorge de Frutos buscaba un mayor control de balón, más pausa y algo de velocidad y piernas con el atacante internacional. Se retiraron y les dejaron su lugar tres hombres vitales en los planes de partido franjirrojos: Isinho, Unai López e Ilias Akhomach. Y en la primera jugada tras las sustituciones, Alemão detuvo el tiempo. El 9 rayista se puso la del 10. La de Zinedine Zidane. Recogió de costado un balón del capitán Óscar Valentín, se giró instintivamente buscando la portería y se encontró con dos defensores turcos y, en esas milésimas de segundo, se dibujó la gloria en su cabeza. El brasileño se deshizo de ambos con una deliciosa ruleta marsellesa (¡cantaremos todos unidos y alzaremos fuerte la voz!) para guillotinar, de puntera, como los grandes pívots del futsal las esperanzas otomanas. La jugada es una delicia, para verla una y otra vez, para deleitarse, para cantarle a lo quinqui el Bandido de las Azúcar Moreno a Don Alemão Zurawski, que en la misma jugada se había puesto la elástica del 8, recibiendo de espaldas y encarando, del 10 haciendo el fútbol más hermoso y la del 9 reventando la portería y dándole una ventaja casi insalvable al conjunto franjirrojo. Qué bueno que apareciste, bandido.

Con el tercer gol rayista todo quedó visto para sentencia. El comandante Íñigo Pérez continuó su carrusel de cambios para darle pulmones al equipo con Pacha Espino, control de balón con Gumbau y descanso a las piernas de Álvaro García y Pathé Ciss. El partido terminaba con un inmejorable 1-3 y la sensación de que el Rayo lo tiene muy encarado para estar en los cuartos de la Conference y seguir adelante en la competición. Por cierto, las Azúcar Moreno terminaron en quinta posición en aquel Eurovisión de 1990 en Zagreb, pero el Rayo parece tener otra idea, la de finalizar en primera posición en Leipzig. Ojalá. De momento, triunfo inapelable en un escenario difícil gracias a uno de los mejores partidos de la temporada y simbólicos twelve points from Turkey to Vallecas.