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La bellezza del quartiere

La bellezza del quartiere

El Rayo vence al RC Strasbourg (1-0) con una gran segunda mitad en la que arrolló y pudo ampliar su ventaja. Gran partido franjirrojo ante el favorito y con un ambientazo.

Da vértigo decirlo, por si se esfuma entre los dedos, pero el Rayo está a 90 minutos más añadido de jugar una final europea. Menos tiempo del que duran el biopic de Michael Jackson, la segunda parte de El diablo viste de Prada, el segundo capítulo de Strangers y casi cualquiera de las películas que ofrece la cartelera española para este puente de mayo. Una película. Como la que está viviendo Vallecas, que presentó el mejor de los ambientes desde la previa hasta la retirada de los jugadores, pasando por la entrada al césped de los protagonistas, con el maravilloso tifo a grada completa. La bellezza del quartiere.

Son tan bellos los inicios de los partidos europeos que se eriza la piel. Cuando era niño pensaba que el himno de la Champions League era precioso; hasta que he conocido el de la Conference. Y más ahora que lo he escuchado debajo del precioso mural con el que se recibió a los jugadores. Todo era bello y, por consiguiente, todo era miedo de que se escapase como arena entre las manos. Quizás por eso el conjunto franjirrojo salió algo más timorato que de costumbre. Al final, las escaleras cuestan un poco más conforme vamos escalando peldaños. El RC Strasbourg irrumpió en el césped algo más dominador: controlaba el tiempo del partido y combinaba muy bien con circulaciones rápidas en la medular. Sin embargo, pese al control que ejercía sobre el partido, no había ocasiones de gol para ninguno de los equipos. Lo más destacable de la primera parte fue el coraje del capitán Óscar Valentín, que disputó todo el partido con el pómulo aparentemente roto tras un golpe con Julio Enciso en los primeros compases. Además, como es habitual, un payaso había entrado en el circo: a falta de fútbol y tras apenas rascar balón, sometido por la soberbia pareja de centrales que hacen Pathé Ciss y Florian Lejeune, Emanuel Emegha decidió basar su aportación al partido en encararse continuamente con la grada y los futbolistas rivales. Para el recuerdo queda el topetazo con el que Ciss le marcó territorio y lo mandó contra la valla para enseñarle quién manda en el Valle.

Tras una primera parte de inocuo dominio alterno, el Rayo tocó a rebato tras la reanudación. Los rayistas volcaron todo su juego hacia la portería de Penders y, poco a poco, comenzaron a amenazar los dominios franceses. Y en ese arrebato local emergió Alemão para firmar uno de los testarazos más bellos de la competición. Casi cayendo hacia atrás, corrigiendo la postura para impactar con el balón y enviarlo de parábola lejos del alcance del arquero belga Mike Penders. Como si el remate fuese una vaselina con la testa. Golazo, locura en Vallecas, donde casi 12000 almas empujaron el balón a la red.

Otro cabezazo estuvo a punto de doblar la ventaja rayista. Florian Légende, que no solo estaba maniatando a Emegha y demostrando su jerarquía, haciendo incluso méritos, por qué no, para engrosar la lista de les Bleus este verano, se elevó tras otro córner botado por el vasquito Unai López para cabecear a la escuadra el esférico. Y se colaba. Se colaba y Vallecas abría los brazos para abrazar al vecino, al padre, al hermano, a la hija, a la abuela o al compañero de asiento desconocido hasta hacia una hora. Pero esta vez apareció una fabulosa mano cambiada de Penders para despertar a la hinchada franjirroja de un sueño demasiado dulce.

El puto Rayo había hecho aparición y ya no iba a dejar de controlar el tempo del duelo, el juego por las bandas y toda la circulación de balón en la medular. Una vez que se planta sobre el campo y se quita la máscara resulta muy complicado de parar. Ilias, indetectable para Chilwell, se movía a su antojo, pisaba el balón, lo cambiaba de pierna y, en un disparo cruzado, estuvo cerca de batir a Penders. También lo intentó, de nuevo, Florian Lejeune, que gozó de dos ocasiones muy claras. La primera, un disparo lejano made in París, se marchó desviada a la izquierda de la estirada de Penders. En la segunda, la más clara, su remate salió muy centrado cuando el central estaba solo ante el guardavallas belga. Entre ocasión y ocasión, el árbitro lituano Donatas Rumsas perdonó la segunda amarilla a El Mourabet, que se la ganó por una zancadilla para derribar a Akhomach, y la roja a Diego Moreira, que derribó por detrás a De Frutos cuando encaraba la meta francesa. Por si fuera poco, también obvió un clarísimo penalti de Penders sobre el futbolista internacional español. La acción del guardameta del Strasbourg es más una acción de mala fe que un lance del fútbol. Y es penalti y roja. El arquero decidió buscar al ariete cuando tenía todo el espacio para poder salir y su pisotón en el talón del 19 franjirrojo, visiblemente intencionado, pudo incluso lesionarlo. Pero, tanto en el fútbol español como en el europeo, parece que venda poco un Rayo potente y que opte a grandes logros. Seguiremos molestando a propios y ajenos, aunque duela y moleste. Contra todo y contra todos. Con valentía, coraje y nobleza. Con cojones como puños.

Antes de concluir el duelo, Vallecas rozó el éxtasis en una contra magníficamente dirigida por Sergio Camello y que no alcanzó a culminar Pedro Díaz cuando ya nos relamíamos con el segundo gol para finiquitar el marcador, aunque no la eliminatoria. Terminó el partido con ocho ocasiones de gol para los franjirrojos y ningún tiro entre palos del RC Strasbourg. Tras el pitido final, la hinchada, en comunión, entonó el Puto Rayo con el alma y cantó La vida pirata con el resto de voz que le quedó. Sí, podéis decirlo, contárselo a vuestro vecino, amigo, a la persona que os llevó por primera vez al fútbol y que probablemente ya no esté. Podéis decirlo y gritarlo, alto y claro, a viva voz: el Rayo ha ganado un partido europeo de semifinales y está a uno solo de alcanzar la final. Mucho menos tiempo del que necesita Christopher Nolan para contar cualquiera de sus historias. Sí, da vértigo, pero ¿qué es el miedo para una working class que se prepara para asaltar la Petit France y plantar en Alsacia la bandera de la calavera? No hay miedo cuando se lucha para que nunca se acabe el sueño del Puto Rayo. Porque hasta Dante ascendió desde el Infierno hasta el Paraíso. Y si el Rayo anhela con todos los vigores su Beatriz, Vallecas desea con todo su aliento que su bellezza del quartiere sea imperecedera.