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La última y nos vamos

22/05/2026
La última y nos vamos

Casi una década después, Diego deja su lugar como speaker de Bukaneros

El pasado domingo asistimos a la emotiva despedida de Óscar Trejo como jugador del Rayo Vallecano, pero esta no fue la única despedida que se dio en el Estadio de Vallecas. Sin menos ruido mediático, con menos glamour y sin puertas del Estadio a su nombre, también fue el último encuentro en Vallecas para Diego ejerciendo de speaker de Bukaneros. Diego pasa a engrosar la lista de grandes speakers con los que hemos disfrutado en el Estadio de Vallecas. Llegó con el pabellón habiéndolo dejado sus antecesores bien alto y se marcha dejando el listón muy muy arriba.

Ocho temporadas y cientos de «vidas piratas», «a las armas» y «Presa vete ya» después y habiendo pasado una pandemia mundial, una nevada descomunal como Filomena, un descenso, un ascenso, un Centenario y una clasificación para Europa, el partido frente al Villarreal fue el ultimo en el que Diego tomó el micro antes, durante y después del pitido del colegiado. Desde fuera y con la lógica distancia del abonado/aficionado de a pie rayista, puede pensar que su papel se limita a durante 90 minutos pegar cuatro gritos e iniciar una serie de cánticos rayistas. Pero nada más lejos de la realidad. Aficionados y jugadores rivales siempre han destacado el ambiente que se genera en el Estadio de Vallecas y como la grada aprieta y muerde, algo que han reconocido siempre los futbolistas rayistas cuando les preguntan por ese extra que te da jugar en el barrio. Ese ambiente se crea desde el fondo norte (que no sur) del Estadio de Vallecas y lo genera el Grupo Bukaneros. Sí, Bu-ka-ne-ros. No pasa nada por ponerle nombre y no caer en términos ambiguos y hasta cierto punto tibios como «la hinchada», «el fondo, etc. Y dentro de Bukaneros hay un par de tipos que se pasan los 90 minutos dándole la espalda al equipo, siempre en el buen sentido. Dos tipos que se dejan la garganta cada dos semanas con el objetivo de que cada rayista empuje al equipo, independientemente del marcador o de los jugadores o entrenador que defiendan la Franja en ese preciso instante. Diego es uno de esos dos zumbados.

 


Por si eso fuera poco, se suma el juicio de redes sociales cada lunes en cuanto a lo buena o mala que ha sido la animación durante el partido. No seré yo el que, desde mi localidad de Avenida de la Albufera o Arroyo del Olivar, tenga el valor de poner en tela de juicio el nivel de animación de alguien que no para de cantar durante 90 minutos.

Y es que no es solo iniciar un cántico o levantar una grada o un estadio, es tener que encontrar siempre las palabras adecuadas para multitud de situaciones deportivas y extradeportivas. Es elegir las palabras de cariño hacia este humilde medio, es saber levantar al equipo después de una derrota cruel, es decirle a Íñigo que está haciendo historia en Vallecas y que, pase lo que pase en junio, su nombre quedará ligado para siempre al del Rayo Vallecano y su afición. Es apoyar a la sanidad y a la educación pública, es enfrentarte a un nazi y decir que en Vallecas no es bien recibido. De hecho, esto último Diego lo hizo en el Estadio de Vallecas y lo hizo en la City en el primer (y último día) de Zozulya como «rayista».

Todo eso es solo lo que ve el rayista durante 90 minutos, pero hay muchísimo más curro en el día a día que no sale a la luz, siempre por y para el Rayo Vallecano en el más amplio sentido de la palabra. Gente que vive el Rayo las 24 horas de los 7 días de la semana. Por la parte que me/nos toca, solo podemos tener palabras de agradecimiento por estar siempre ahí, disponible y dispuesto a sumarse a lo que hiciese falta en cada momento. Puedo decir que es de los pocos que ha apostado siempre por la cantera a la hora de darles visibilidad en cualquier acto o jornada rayista. Desde colaborar con nosotros en los Pichichis de cantera, hasta hacer que un equipo benjamín del Rayo tuviese su brazalete de capitán y dejase de dar cierta vergüenza al no tener uno proporcionado por el club. Sí, hace dos temporadas vivimos una situación bastante surrealista en la que capitán y cuerpo técnico de un benjamín se miraban y buscaban infructuosamente un brazalete que echarse al brazo. Dos días después de este hecho, un servidor (el vetado y olvidado por entrenadores y familias de cantera) y Diego subieron a la Ciudad Deportiva a entregar el «brazalete de Bukaneros», como lo conocían los críos. En mi presentación de Diego le definí como ese señor que veía los partidos del Rayo dado la vuelta, obligado a ojearlo el lunes en la tele, si de verdad quería degustarlo. Dos años después, los niños se siguen acordando de ese señor dado la vuelta y siguen agradecidos por ese detalle con ellos.

Ahora y después de haberse perdido una enorme cantidad de goles, de jugadas y de momentos de partido, llega el momento de colgar el micro o el megáfono y dar paso a las nuevas generaciones, como él mismo reconoce. Pero, ¿Quién no ha dicho alguna vez en su vida aquello de «la última y me voy»? Espero que, Diego disfrute de esa última antes de irse y en Leipzig, nudo en la garganta mediante, cante la mejor Vida Pirata de nuestra historia.

Aunque sea un poco indio, cierro estas líneas tomando prestado el nombre de una canción de Dani Martín para decirle que, NOS QUEDA UNA CANCIÓN, amigo.