El Rayo cae en Mendizorrotza ante el Alavés (2-0) y se despide de la Copa del Rey en un partido plomizo en el que terminó con 10 y en el que apenas generó peligro, ni antes ni después de la injusta expulsión de Isi.
Dicen que de las derrotas siempre hay que sacar algo positivo, así que vamos a ello: por fin terminamos la Copa, esa competición pensada y diseñada por y para el engorde de los grandes estómagos. ¿La lástima? Que no haya sucedido antes para que la carga de partidos sea menor y así poder afrontar con garantías la competición liguera y los objetivos de permanencia en la máxima categoría.
La eliminatoria entre Alavés y Rayo iba a dirimir qué equipo caería eliminado en cuartos de final o semifinales. Parecía que el público de Mendizorrotza era consciente de ello y la grada presentaba una entrada bastante pobre, como es entendible dadas las circunstancias y el escaso atractivo del partido. La primera parte comenzó con Calebe simulando un penalti y amonestado por el árbitro. Poco más trascendía de lo visto sobre el césped: un par de disparos lejano de Toni Martínez que detuvo Cárdenas y una buena combinación del Rayo que terminó en los pies de Gumbau, que envió el esférico fuera. La ocasión más clara del primer envite llegó gracias a un buen pase de Álvaro García que Fran Pérez, solo, en posición clara de gol, marró de forma débil.
Con escaso interés llegó el encuentro a la segunda mitad. Tras la reanudación, el Alavés encontró el premio sin casi ni intentarlo. Como la chica que, en la película de los 80, pasa al lado del malote que acaba de ganar en el martillo y se lleva el oso de peluche a casa. Una pérdida incomprensible en la salida de balón propició la contra en tres cuartos. Un disparo, un rebote; dos disparos, dos rechaces y Toni Martínez, cómodo, bajo palos, sin apenas oposición de la defensa rayista, batió a Dani Cárdenas. Se acabó el partido y la Copa para el Rayo, que se juega todas sus bazas a terminar con la portería a cero y conseguir, a duras penas, hacer terminar algún balón en la red. Lo intentó Álvaro García con un lanzamiento cruzado muy flojo que no inquietó al guardameta babazorro. De las botas del utrerano salió la ocasión más clara de la segunda mitad, pero su centro lateral fue remachado por Jorge De Frutos rozando el palo, aunque la jugada iba a ser anulada por fuera de juego del atacante.
El Rayo tenía el balón, pero no profundizaba. La historia de cada semana durante esta temporada. Dominio inocuo sin peligro ni amenaza para el rival. No es casualidad que el Rayo esté a la cola en la clasificación de los goleadores de la Liga. Como a la cola del arbitraje debería estar el español también. Lo volvió a demostrar con la expulsión de Isi; absurda, inexistente, de mal árbitro y, si me apuras, de no haber visto fútbol en la vida. No es excusa, pero es gravísimo. A partir de ese evento, el partido ya solo pudo agonizar. El Rayo no había generado apenas ocasiones en un duelo de 11 contra 11 así que mucho menos las iba a generar con un efectivo menos. Solo lo pudo buscar a la salida de un córner en el que Lejeune enganchó una volea que se fue a la tribuna alavesa. Desde ese momento y con Óscar Valentín recuperándose de una herida sangrante en la nariz, solo existió el Alavés sobre el césped. Antes no había existido ningún equipo.
Una sucesión de ocasiones vitorianas en las que Guridi intentó el segundo con remate flojo a las manos de Cárdenas y hubo otro par de intentos de los delanteros alaveses culminó con el definitivo 2-0. Una falta de entendimiento entre un flojo Pep Chavarría y Dani Cárdenas provocó la salida en falso del guardameta que, de cabeza, dejó el balón franco a Carlos Vicente para que, con acierto y desde más allá de tres cuartos de campo, certificase el pase del Alavés a la siguiente ronda de Copa. Por fin, y demasiado tarde, el Rayo termina su andadura en una competición claramente prescindible. Los de Íñigo Pérez podrán centrar todos sus esfuerzos en alcanzar cuanto antes una complicada permanencia y en llegar lo más lejos posible en la Conference League. Y por fin terminó, también, otro partido insulso, aburrido y plomizo, un duelo entre dos plantillas muy cortas y con mucha menos mordiente que en temporadas anteriores; dos planteles a los que les cuesta picar piedra llegar al gol. Por fin llegó el pitido final y la despedida de la competición. Por fin, por suerte, porque al contrario de lo que nos intentan vender desde la Federación y las teles, la Copa no mola; la Copa sobra.
















